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12 oct 2016

La larga y compleja marcha DEL BIC AL BIT: El acceso a los recursos digitales en la educación

 

El índice de mi (nuestro) próximo libro, con Susana Vázquez Cupeiro, que publicarán Fundación Telefónica/Ariel y estará en la calle en noviembre


0 INTRODUCCIÓN
           
PRIMERA PARTE
EL DIFÍCIL TRÁNSITO ENTRE DOS ÉPOCAS
POR MARIANO FERNÁNDEZ ENGUITA

1 UN NUEVO ENTORNO, NO UNA CAJA DE HERRAMIENTAS      
2 NI ALUMNOS NATIVOS, NI PROFESORES INMIGRANTES         
3 LA BRECHA PRIMARIA, EN EL ACCESO, SE CIERRA         
4 LA BRECHA SECUNDARIA, EN EL USO, PERSISTE
5 LA BRECHA TERCIARIA, ESCUELA-ENTORNO, SE AHONDA        
6 Y EL FORMADOR QUE FORME AL FORMADOR...
7 RUMBO O DERIVA ENTRE UN MAR DE RECURSOS       
8 SIN PROYECTO NO PUEDE HABER TRAYECTO
9 LOS ACTORES SECUNDARIOS SE POSICIONAN

SEGUNDA PARTE
VISIONES DESDE LA PROFESIÓN
POR SUSANA VÁZQUEZ CUPEIRO

10 LOS DIVERSOS DISCURSOS DE LOS DOCENTES
11 LA VISIÓN PREVENTIVA DOMINANTE
12 ENTRANDO POR LA PUERTA PEQUEÑA

REFERENCIAS

ANEXOS

ANEXO 1: FRECUENCIAS
ANEXO 2: CUESTIONARIO
ANEXO 3: FICHA TÉCNICA Y PONDERACIÓN
ANEXO 4: GRUPOS DE DISCUSIÓN
ANEXO 5: ENTREVISTAS


14 feb 2016

¿Docente y encabritado con las TIC o el inglés? ¡Mala señal!

    Resultan ya alarmantes la frecuencia y la furia con la que demasiados docentes vienen haciendo del uso de las TIC en la escuela o de la enseñanza bilingüe (con el inglés) su bestia negra. La línea más arcaizante emplea argumentos tradicionalistas: internet distrae, la lectura en papel es más profunda que en pantalla, los aparatos nunca funcionan, el inglés es la lengua del imperio, etc. La línea pretendidamente neutra, la del sí, pero no, dice sí a la tecnología y a la lengua extranjera (que inevitablemente es el inglés), pero no de esta manera: tiene que haber muchos más medios –como para todo–, hay que preguntar antes o más a los profesores –como siempre–, etc.  Por último, la línea pretendidamente progresista, igualitaria, democrática, inclusiva y todo lo que haga falta se parapeta, como es de rigor, en el aumento de las desigualdades que siempre nos amenaza y, a la menor oportunidad, en la pretendida constatación de la catástrofe anunciada, es decir, en los supuestos efectos negativos sobre el nivel de aprendizaje (lo que hacen siempre los conservadores de cualquier signo ante cada reforma que no es del suyo).
    No cabe negar que estos problemas existen: no todos los hogares tienen el mismo equipamiento ni la misma conectividad, ni todas las familias cuentan con adultos que puedan ayudar en otra lengua u organizar unas vacaciones en territorio anglo. Más grave que eso, pocos profesores tienen la maestría tecnológica suficiente y menos tienen el nivel de inglés adecuado. Por consiguiente, existe un riesgo claro de que, al forzar el uso de esos dos vehículos, el viaje (el resto de la experiencia del viaje, en realidad) resulte más limitado. Dicho en plata, que un uso torpe de la informática o un bajo nivel de inglés hagan descender el nivel del otro conocimiento al que han de servir de vehículo. Por añadidura, algunas aventuras estrafalarias, como aquella ocurrencia de Font de Mora que puso a los profesores de la Comunidad Valenciana a impartir Educación para la Ciudadanía en inglés (sin duda porque pensó que era la forma de neutralizarla).
    Y, por supuesto, ya sabemos que todo lo que sea introducir algo nuevo puede, rebus sic stantibus, generar desigualdad: familias que creen que el inglés no está al alcance de sus hijos, hogares que no tienen la mejor conexión, etc. Pero hay más factores: la verdadera desigualdad ante el inglés es la que provoca que acceso al mismo dependa exclusivamente de los medios familiares porque la escuela no ofrece nada, o solo perder el tiempo; la auténtica desigualdad ante el entorno digital es la que abandona a los alumnos a sus medios familiares mientras se desaprovecha el equipamiento que ya tienen los centros o que podrían fácilmente obtener, un lugar común en todos los informes.
    Para esto existen tres soluciones (combinables). Una es no tocar nada, lo que, dados nuestro sensible retraso digital y nuestra penuria idiomática, y la nada envidiable situación del sistema educativo (y no me refiero a los recortes de los últimos años, que también, sino a decenios de elevadas tasas de repetición, fracaso, abandono y mediocridad), parece poco razonable.
    Otra es hacerlo a lo grande: legiones de profesores de inglés (de Filología o de la EOI, ¡no hay que conformarse con menos!) y todo el personal técnico que haga falta, además de disminuir las ratios y subir los salarios; una respuesta golosa que sólo requiere ignorar que la escuela no es el ombligo del mundo ni puede ser su única preocupación y que, en todo caso, no está al alcance.
    La tercera es buscar nuevas respuestas a los nuevos problemas: usos tecnológicos que no requieran profesores freakies, educadores anglohablantes que no tengan que ser antes funcionarios, tecnologías que facilitan el aprendizaje de los idiomas, entornos en los que los pares actúan como mentores técnicos, redes y acuerdos de colaboración con empresas y asociaciones del entorno, etc. Ya sé que esto es inconcreto, pero es que tiene que serlo. Las administraciones pueden poner un coordinador o un técnico de apoyo en TIC en cada centro, pero no a cada profesor, ni enviarlo de sabático para que aprenda a usar y a enseñar con las TIC y que, a la vuelta de dos o tres años, estemos de nuevo en las mismas; pueden dar prioridad en las nuevas contrataciones o en las oposiciones a profesores bilingües, pero no convertir en tales a todos los que hay ni poner a cada uno un sosias angloparlante; pueden suscribir acuerdos marco con otros países, con las grandes tecnológicas, etc., pero no imponer que en toda aula haya un lecturer ni que todo alumno utilice Duolingo. Son los centros y los profesores los que, con los medios ya a su disposición y los recursos potenciales disponibles en la comunidad y gracias a la innovación tecnológica, deben buscar las maneras de llegar lo más lejos posible con todos y cada uno de sus alumnos.
    Hay que reenfocar, despegarse de los árboles para ver el bosque. La escuela nació, creció y se universalizó porque había que llevar al conjunto de la población a un entorno nuevo al que no podían llevarla la familia ni la pequeña comunidad, al entorno de la modernidad: la ciudad, la industria, el mercado, la imprenta, la ley, la nación... Hoy vivimos una nueva transición, mucho más rápida y que no nos va a esperar, hacia un nuevo entorno digital y global, pues esas son las dos grandes dimensiones que lo definen. Así como la modernidad económica, política y cultural requirió un nuevo interfaz, la lectoescritura en la lengua vernácula, así lo hace el nuevo entorno digital y global, que exige la alfabetización digital y el manejo del inglés como nueva lingua franca.

20 sept 2015

Los dichosos cacharritos y la OCDE

El reciente informe de la OCDE Students, Computers and Learning: Making the Connection, ha levantado una curiosa polvareda mediatica. Si leemos las informaciones, y más aún los titulares, la prensa viene a decir que los ordenadores en la escuela, o no tienen ningún efecto, o son incluso perjudiciales para el aprendizaje. No he podido evitar la tentación de coleccionarlos, y a continuación van, aunque recomiendo seriamente al lector que se sale el listado y pase a lo que sigue.

No es eso lo que plantea la OCDE, sino afirmaciones mucho más matizadas. Entre ellas, por supuesto, que los ordenadores por sí mismos, y menos aún en un país con un sistema educativo razonablemente dotado y organizado, no solucionan los problemas ni producen milagros (otra cosa es donde no hay nada, o las escuelas son lamentables). Quien tenga interés puede seguir los detalles: tener ordenadores es mejor que no tenerlos, tener más no es necesariamente mejor que tener menos, algunos países con excelentes resultados PISA no son de los que más usan el ordenador en el aula, etc., etc. Las informaciones suelen quedarse con el detalle de que Singapur, Corea o Finlandia los usan poco en la escuela, sugiriendo implícitamente que, a menos ordenadores, mejores resultados. Lo que olvidan señalar es precisamente lo que hay que subrayar: que esos países tienen los más elevados índices de conectividad y equipamiento informático personal y, sus adolescentes, un alto nivel de alfabetización digital.
Y esto nos lleva a la segunda cuestión, que es la más importante: lo que la OCDE dice en este informe, y lo que viene diciendo desde hace ya tiempo, es que los resultados escolares asocian poco o lo hacen negativamente con el uso de ordenadores en el aula pero positivamente con su uso en el hogar, y poco o negativamente con el tiempo de uso pero positivamente con la variedad de ese uso, como en su día expliqué en esta entrada: ¿Una generación escolar echada a perder por la informática? Nada nuevo bajo el sol.
Mirando hacia atrás en las hemorotecas, por cierto, he encontrado también los siguientes titulares y entradillas:)


De la revista Diálogos. Atenas, c. 500 aC.
La escritura pervierte el aprendizaje
El formador de formadores Sócrates, en declaraciones al reportero Fedro, pone de manifiesto el fracaso de la escritura, que provoca un derrumbe en el nivel de los alumnos, por lo que recomienda mantenerla lejos de la ensñanza. Con ella, dice “das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque, cuando vean que puedes aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes.” Hermes, el Mensajero.


Del periódico El Mercader. Venecia, c1481
Cuantos mas libros, peores hábitos de estudio
“La abundancia de libros hace a los hombres menos estudiosos”, afirma el conocido humanista Hieronimo Squarciafico. Sabe bien de lo que habla, pues trabajó largo tiempo en Aldine, la imprenta-editorial que introdujo la cursiva (itálica) y del libro de bolsillo (en octavilla). Lo mismo dicen, al otro lado del Mediterráneo, muchos educadores de las madrasas, que creen que el uso de más de un libro socava la eficacia del adoctrinamiento.


De la emisora La Voz. Kalahari, mediados sXX
Cunde el déficit de atención a la sombra del baobab
Según fuentes bien informadas, la casta de los narradores de historias (griots, cuentacuentos y otros) quiere alertar a las tribus de lo disruptivo que resulta que los jóvenes lean libros o escuchen la radio. “Vino uno con un libro que llamaba Antología”, declara indignado Kung, “queriendo cambiar de leer y comentar una historia cada día, en vez de repetir y memorizar todos los días las de nuestros antepasados.”


14 dic 2014

Lo del teclado sólo es el principio

    El anuncio de que las escuelas finlandesas sustituirán el aprendizaje obligado de la caligrafía cursiva por el del uso del teclado qwerty ha provocado un llamativo debate en los medios y en el gremio. Llamativo, digo, antes que interesante, porque más que ir al fondo del asunto revela la superficialidad de algunos tópicos en torno a la escritura.

    Lo primero que llama la atención son los abundantes equívocos y equivocaciones. Algunos han creído entender que Finlandia abandonaba sin más escritura manual, en vez de una forma de caligrafía. No ha faltado quien confunde la escritura cursiva (o enlazada, cualquiera que sea su pendiente) con la itálica (o inclinada hacia delante, sea enlazada o discreta). Casi nadie parece recordar que ya se han abandonado sin pena ni gloria otras formas de escritura. Yo recuerdo todavía un maestro que no permitía el uso de de la pluma estilográfica, o de fuente, sólo la plumilla o plumín, esa que se insertaba en el extremo del portaplumas y se debía cargar con cuidado en el tintero. Antes ya había tenido lugar otra penosa sustitución, la del tintero incrustado en el pupitre, inamovible y dado a salpicar, por el frasco tintero de cristal, portátil y de cierre hermético; después colearía el asunto en la resistencia del tiralíneas (recto o de compás) a dejar paso al rapidógrafo (o su epónimo rotring); y supongo que, en su día, no faltarían defensores de la pluma de ganso frente al mango de madera y el plumín de acero. Cabe recordar también que, antes de la cursiva, ya se dejó de enseñar la escritura gótica. Yo me libré de esta, salvo algún ejercicio anecdótico; en cambio, aprendí con mi madre caligrafía, otra forma de escritura que ha pasado a la historia.

    Resulta penoso oír o leer a tanto experto desgranando lo que se va a perder o a deteriorar con el paso de la cursiva al teclado: el esfuerzo y la complejidad, la capacidad lectora, el pesamiento profundo, la lateralidad, la personalidad, claves sensoriomotoras, la diferenciación de monemas y palabras, la comprensión, la codificación en la memoria, la motricidad fina, la expresión de los sentimientos (véanse algunas perlas: 1, 2, 3, 4..., aunque también ha habido contrapuntos: 1, 2...). La generalidad de las llamadas de alarma entran dentro lo que podríamos llamar la falacia funcionalista, es decir, la idea de que si algo cumple o ha cumplido una función nada puede ni podrá sustituirlo en ella.
   La cuestión es otra. La escritura manual no se introdujo en la escuela por ninguno de los loables efectos que ahora se le atribuyen sino, sencillamente, porque el texto se estaba convirtiendo en la interfaz masiva en el nuevo contexto formado por la ciudad, el estado moderno, la ley, la fábrica, la reforma o la imprenta, es decir, en el territorio, la economía, la política y hasta la religión. Pero  el entorno vuelve a cambiar y ahora es digital, lo que implica teclados y pantallas, de momento, y esto es lo que todos deben aprender y lo que la escuela debe enseñar. La escritura manual se mantendrá, pero que lo haga en mayor o menor medida la caligrafía es secundario y dependerá de con qué otros aprendizajes tenga que competir por los recursos escasos. La escasez de tiempo permite anticipar que la escritura manual deberá ceder ante el teclado y la pantalla, como ahora anuncia Finlandia y como venía sucediendo hace tiempo en numerosas escuelas norteamericanas (EEUU no es precisamente un faro en materia escolar, pero sí tecnológica, cultural y económica). La limitada competencia digital de buena parte del profesorado, por el contrario, permite anticipar que habrá una fuerte resistencia, pero esa es otra historia.
    Es sólo cuestión de tiempo. Entrará el teclado, como están entrando el ratón y la pantalla táctil, y como lo hará eventualmente cualquier otro interfaz que pueda desarrollarse y cuyo manejo no sea puramente intuitivo. Entrarán los medios audiovisuales, la mezcla (mashup) y la remezcla (remix) desplazando en parte al texto, como ya están entrando los videojuegos el software educativo, desplazando al libro de texto. Quién sabe si la próxima ley no restituirá cono, o sea, el Conocimiento del Medio, pero esta vez natural, social... y digital; o si a las ciencias naturales y sociales se añadirán las computacionales.