13 abr 2026

¿Ha dejado la escuela de ser un pilar de la democracia?

 Publcado originalmente en El País, 3/3/26

En los albores de la Edad Contemporánea, la escolarización de masas fue concebida como la palanca que traería al pueblo conocimiento y razón, librándolo del prejuicio y el oscurantismo que se atribuían a la ignorancia y la religión. Paternalismo obvio, pero tenía sentido frente al horizonte parroquial y el dominio eclesiástico. La condición de la democracia era la demopedia (Proudhon), la educación del pueblo. La escuela sería un santuario republicano (Ferry, Buisson) y los maestros sus húsares negros, sus sacerdotes (Peguy, Pagnol, Llopis). En distintas formas, el lazo necesario entre democracia y educación está también en Mann y Dewey, Azaña y Domingo, cabe decir por doquier. Entre nosotros, está implícito en la ley de 1931 y ya explícito en las de 1980 y 1985; sobre todo, se ha tornado central en la hagiografía del magisterio republicano y en la tradición afrancesada del profesorado de secundaria. Educación y participación política se antojan inseparables, bien sea por potenciar las capacidades del pueblo, para moderar sus demandas o, simplemente, porque se conciben ambas como parte de un mismo impulso histórico.

Pero tal relación está lejos de resultar evidente o inequívoca. La mayoría de los regímenes autoritarios y totalitarios han apostado también por la escolarización: piénsese en Cuba castrista, cuya educación y sanidad fueron por mucho tiempo la gran fuente de legitimación, al menos en el exterior; o en la Unión Soviética y, en menor medida, la China comunista. Los totalitarismos de derecha, por su parte fueron más variopintos: el nazismo y el primer franquismo se empeñaron en purgar o demoler el sistema educativo heredado, pero el fascismo italiano y el tardofranquismo permitieron o alentaron su expansión. En realidad, los únicos que nunca han fallado en la apuesta por la educación han sido y son los nacionalismos, pues construir una nación requiere sin falta reconstruir la cabeza de los nacionales, sea para bien o para mal, lo mismo que en revoluciones y contrarrevoluciones. Entre éstas las democráticas que, en sintonía o no con la formación nacional y desde el momento en que asumieron una vocación universal (no en sentido planetario sino territorial: hacia todos… los propietarios, los hombres (varones), los hombres y mujeres (y suma y sigue), apostaron siempre por su educación como futuros ciudadanos.

Las últimas noticias, sin embargo, no son buenas. Es obvio que la democracia no pasa por su mejor momento, como advierten repetidas derrotas ante variados populismos y autoritarismos anti-sistema y certifican, en cascada, los inventarios y diagnósticos más solventes: La Libertad en el Mundo (Freedom House), Estado Global de la Democracia (IIDEA), Matriz de la Democracia (U. de Wurzburg), el Índice de Democracia (The Economist) o el Informe sobre la Democracia (V-Dem), incluidos los más próximos, como el Latinobarómetro o el Barómetro del CIS. Aunque correlación no sea causación, da que pensar el mero hecho de que casi un cuarto de siglo de estancamiento y dos lustros de deterioro de la democracia en el mundo hayan venido a solaparse con la mayor expansión global de la educación en toda la historia, de los noventa a hoy. 

Hoy, la fractura económica, social y cultural, y electoral, que polariza nuestras sociedades viene a coincidir, al menos en el norte, con la fractura educativa, en particular con la divisoria entre tener o no estudios universitarios. El sector con educación superior se muestra más partidario de la democracia, lo que puede hacer pensar, de modo algo simplista, que más educación hace a cualquiera más demócrata; pero también, lo que encaja mejor y a la vez con la dualización y la expansión, que la fractura educativa es parte de la fractura social, ambas crecientes, y que la polarización política expresa simplemente la polarización social y educacional. En todo caso, el efecto filodemocrático de la educación no parece muy duradero, y la desafección salta sobre todo al poco de la terminación de estudios, o mejor decir en la transición al empleo y a la vida adulta, con más fuerza entre los varones. ICCS, el panel sobre educación cívica de la IEA, indica que ésta también viene decayendo, como provisión y como resultado, en este siglo, mientras los informes PISA señalan un declive del sentimiento de pertenencia a la escuela entre los adolescentes.

Las instituciones educativas cuentan con tres grandes palancas para sostener la democracia: el discurso, la experiencia y los resultados. El discurso es la más obvia, pero tiene aristas. Está fuera de duda que nuestras instituciones escolares predican la democracia, aunque quizá con distinto nivel de entusiasmo y eficacia. Pero no hay que descartar que lo que en potencia es sin duda pertinente, en acto pueda termina resultando cansino, más si se vive como un discurso formulario o no siempre acorde con la práctica. Las generaciones jóvenes construyen su identidad en buena medida a la contra, sobre todo si perciben inconsistencias en las que las preceden. Las instituciones, como lo es la escuela, tienen un gran poder sobre los institucionalizados, pero también generan su rechazo hacia sí y hacia lo que representan. En lugar de lamentarnos por los jóvenes que se derechizan, que no son lo bastante feministas, etc., haríamos bien en preguntarnos por nuestro papel en ello.

Las experiencia escolar resulta pertinente aquí en dos aspectos. El primero es en qué medida prefigura o no una experiencia adulta democrática –o, en un sentido más amplio, sujeta a la ley, liberal, democrática y social, los cuatro aspectos que definen un Estado de derecho, liberal, democrático y social. Por supuesto, ad usum delphini, adaptados a la escuela: normas claras y cumplidas por todos (empezando por centros y profesores), espacios de libertad individual, experiencias de decisión colectiva y apoyo a los alumnos en desventaja. La escuela lo asume, cómo no, pero es más que dudoso que lo cumpla.

El segundo es la convivencia como ciudadanos iguales, al margen y por encima de las grandes divisorias sociales: clase, género y etnia/ciudadanía. No es posible que cada escuela sea una muestra estadística de toda la sociedad, pero sí que contenga un poco de todo, que en ningún caso sea un gueto ni una burbuja. El único logro claro es la coeducación de ambos sexos, la segregación étnica está oficialmente descartada, la escolarización es un derecho universal (no sólo ciudadano) y la mezcla de clases sociales es muy limitada. Mas no cabe ignorar las interacciones: la segregación étnica, que nunca se fue, entra por la puerta trasera por el solapamiento de la etnia con la clase y el territorio informal, lo mismo que la extranjería; la segregación de clase se apoya en la distribución territorial, la triple red escolar y el muy dispar capital cultural y académico familiar; la coeducación, imprevisto y paradójico pero obvio, apuntala una homogamia que, a su vez, reforzará la segregación y reproducción de clase. En un país que ha abolido el servicio militar y social, ha desertado del templo y permite la segregación escolar, no va a quedar otra experiencia en común que el fútbol… que no es mucho.

Por resultados, en fin, me refiero aquí a los efectos posicionales, a la distribución de las oportunidades de continuación de estudios y/o de acceso al empleo. Cuanto más dispar sea, y más claro el aumento de la disparidad, menos verosímil resultará la comunidad de intereses que debe sustentar la democracia. La ideología [pseudo]meritocrática cada vez más potente según la cual la educación ofrece a todos la oportunidad de alcanzar su sueño y su pasión, encontrar su talento, desplegar su potencial, etc. (añádase cuanta cháchara se quiera), reconforta a quienes cayeron en la familia adecuada al nacer, pero insulta a quienes no tuvieron esa suerte (y lo mismo si fuera una lotería genética que si es abrumadoramente social). La brecha rampante en oportunidades vitales, recursos económicos y condiciones de vida se asocia cada vez más estrechamente a divisorias escolares como la no titulación obligatoria, el abandono prematuro, los disparidad de títulos superiores, la escolarización privada o la ampliación de estudios en el extranjero. Si esta brecha fuese limitada y con un suelo adecuado para los menos afortunados, estos probablemente aceptarían su suerte, incluso con demasiada generosidad, como en la posguerra occidental o tras la transición española; si ese suelo desciende y se llena de agujeros mientras los afortunados vuelan sin límite ni escrúpulo, el tejido social y el sentimiento de comunidad, simplemente, se rasgan. Que los más y mejor educados sean más liberales, demócratas, etc. no implica que sea ése el efecto neto total del sistema educativo.

2 abr 2026

Bajar ratios no es sólo inútil, es el camino equivocado

Publicado en El País, 16/3/26

En una de sus últimas comparecencias como portavoz gubernamental, Pilar Alegría, la ministra más desapercibida en el desempeño la cartera, anunció el gran legado de lo que llamó la legislatura del profesorado: la reducción de las ratios, que la nueva ministra Tolón ha vuelto ahora a presentar y laudar como “una demanda muy querida y esperada por el profesorado”. De nada sirve que toneladas de estudios sobre la reivindicación favorita hayan concluido, una y otra vez, que su efecto está entre ninguno y muy poco, por debajo de numerosas otras medidas, muy por debajo de otras del mismo coste y con un coste muy superior que otras de parecida escasa eficacia. Da igual, porque los docentes se entusiasman, los sindicatos se emocionan y la oposición, que hoy gobierna dos tercios de las CCAA, será la que sufra el desgaste, o sea que adelante. La ministra Tolón aporta sus propias teorías. Primero, sobre la escuela: “el hecho de que el profesorado esté mejor [...] repercute muy favorablemente en el alumnado y las familias”; debe de ser algo entre cuidar a los cuidadores, que suena muy bien, y llevar regalos a Trump, a ver si se calma. Después, sobre la sociedad, pues la educación es el “pilar clave para lograr la igualdad real" (¿en serio?, ¿habrá leído alguna cifra del último medio siglo, marcado por el clivaje educativo, es decir, por el abismo económico, social y cultural que abre el título universitario?).

Pero volvamos al aula, asumiendo que, simplemente, tener una buena educación es algo bueno en sí mismo. ¿Por qué se entusiasman tantos docentes (las y los, ya saben) con las ratios? Porque resulta fácil fabular sobre cómo mejoraría el día a día con un par de alumnos menos, en particular cierto par, pero, sobre todo, porque resulta difícil concebir algo fuera del modelo 1x1x1: un profesor, con un grupo, en un aula, el modelo de toda la vida, del siglo XIX y antes a hoy, de la aldea a la metrópolis, de primaria a la universidad, de Madrid a Tokio, ése en el que el docente aprendió y ahora enseña… Pero el ilusionado maestro y la imaginativa profesora se engañan, pues a cualquier efecto no va a cambiar prácticamente nada, salvo porque recursos que podrían haber sido mucho más útiles si se hubieran empleado de manera más inteligente se irán por ese coladero, sin pena ni gloria. En cambio, tenemos ya opciones para atacar lo que es el principal problema: la reducción del aprendizaje a la enseñanza, la escasez de interacción en el proceso de aprender y la falta de atención a la diversidad.

El plan inmediato es reducir la clase de 25 a 22 alumnos en infantil y primaria y de 30 a 25 en la ESO. Aunque para hacer tal cosa habrá que construir nuevas aulas y/o mover alumnos de centro o asignarlos al que no han solicitado sus familias, y cada etapa tiene sus peculiaridades, olvidemos todo eso y  fijémonos en la primaria, como si todos los alumnos del país estuviesen escolarizados en un mismo centro, lo que haría posible cualquier redistribución. Nuestro maestro de primaria, que venía dedicando la mitad de su tiempo al grupo (lección frontal, cánticos locales, alguna broma o lo que fuera) y la otra mitad a atención individual, tendrá ahora el mismo tiempo para diversificar, pero cada alumno tocará, en media, a un 13,6 % más para ser diversificado. Si en lugar de eso hubiera tirado el muro que separa su aula de la contigua y decidido colaborar con su colega, dedicando el mismo tiempo al colectivo y el resto a diversificar, éste, el dividendo (el tiempo no colectivo del profesor), se habría multiplicado por 3 y el divisor por 2, por lo que el cociente lo habría hecho por 1,5, o sea, un 50 % más de tiempo. Además, habrían unido dos cerebros, cuatro ojos y oídos, dos sensibilidades, dos itinerarios formativos, dos trayectorias expertas, etc., generando con ello un equipo más capaz de entrada y más resiliente ante imprevistos, errores, tensiones, bajas.... (por eso la policía trabaja en parejas, a pesar de que ahí, por la naturaleza del servicio, los costes sí que se doblan). Si consideramos, además, que el coste anual bruto de un maestro ronda los 40.000 € y el de eliminar (no sólo derribar) un muro puede estar cerca de los 7.000, de modo que el primero multiplica casi por seis al segundo, resulta que por el coste anual de un maestro se puede generalizar, y para siempre, la codocencia a todos los grupos del centro de primaria público más típico, con sus dos líneas o grupos por seis cursos. Perfecto, pues, si el objetivo era la diversificación; no, claro está, si se trataba de engordar la plantilla y cosechar agradecimientos.

Lo peor de bajar las ratios no es que sea absolutamente inútil (sólo casi), ni que haga daño (no lo haría), sino todo aquello a lo que se renuncia con ello. Por supuesto que hay y habrá necesidad, aquí o allá, de reducir una ratio o, para ser más preciso, un grupo (grupo clase, de acogida, de atención especial, de apoyo… o lo que se tercie). Pero, como fórmula universal, es un punto muerto, al menos en el orden de magnitudes en que nos movemos y más. No fue así cuando clases y aulas masivas se redujeron hasta llegar a números y espacios manejables por un profesor (a lo que la teoría organizativa llama el span de control, o el ámbito de supervisión: de cuánta gente puede ocuparse un capataz, o en este caso un docente), pero eso se superó hace ya mucho; tampoco sería inútil con números mucho más bajos, si grupos de seis u ocho alumnos se redujeran a dos, tres o cuatro (sería, en realidad, la ratio preceptor/alumno), pero quiero pensar que nadie en su sano juicio sueña con ese horizonte escolar, pues la sociedad tiene también otras necesidades. Y sí, claro que el problema es más agudo con las políticas de diversidad e inclusión, pero esa nueva complejidad no empieza con ellas, sino que lo hizo ya con la comprehensividad (la EGB primero y la ESO después) y no se arregla con números. Bajar las ratios, en suma, es más de lo mismo y de la misma manera, con una productividad decreciente, tendente a cero. Luego vendrán las explicaciones: ¡oh, bueno, es que los profesores no cambiaron la forma de enseñar, pero cuando lo hagan… Cuando lo hagan, o seguramente tampoco así lo hagan, ya estarán más hartos que antes, no quedarán recursos, etc.

La cuestión es que estamos en un cambio de época. Bajar las ratios como solución tout court es como si, ante la llegada de la imprenta, la iglesia hubiera aumentado el número de amanuenses. Lo que se hizo, primero las iglesias y luego los estados, entre los siglos XVII y XIX, fue mucho más inteligente: poner en pie un modelo nuevo apoyado en la tecnología emergente: currículum común, libro de texto, maestro normalista, enseñanza simultánea, escuela graduada… El modelo anterior ya no funciona porque los alumnos no son clónicos, y el goteo constante de retraso, repetición, fracaso y abandono, consustancial a los sistemas del XIX y el XX, no es algo que sigamos considerando como el modo natural de funcionamiento de la carrera y la pirámide escolares. Nadie espera que funcione, en realidad, cuando la transformación digital invade nuestro entorno y nuestras vidas. En contrapartida, esta oleada tecnológica trae una oportunidad de restituir, bajo otras formas, toda la capacidad de personalización, interactividad y diálogo que, como precio por la extensión y la universalización de la enseñanza, se fue perdiendo, poco a poco, en el paso de la conversación a la escritura y de ésta a la imprenta. El colmo habría sido que, como creían y quisieron Edison y otros, hubiésemos terminado aprendiendo del cine, la radio y la televisión, es decir, con medios de pura difusión, inflexibles, unilaterales y lineales. Por fortuna, o más bien porque ya era demasiado, no sucedió así.

Pero la tecnología, en particular la inteligencia artificial, aunque no sea tal inteligencia, ofrece hoy mucho más. No es éste lugar para detalles, pero sí para recordar que, en el nivel más básico, multitud de aplicaciones apoyan, ludifican o conducen la lectura, la escritura, el cálculo, etc. en sus aspectos formales. En todo el recorrido escolar, ciertas combinaciones de hardware y software salvan o mitigan en buena medida numerosas desventajas funcionales. En niveles más avanzados y para edades superiores, los grandes modelos de lenguaje (LLMs) son también grandes conversadores ilustrados por un amplísimo corpus de conocimiento, tan buenos o mejores que cualquier profesor en circunstancias previsibles y a velocidad de crucero, más flexibles y adaptativos en muchos aspectos y siempre disponibles (aunque, en última instancia, no se los pueda dejar solos, pero esto lo dejo hoy de lado). Nadie se asuste: no hay nada que pueda sustituir al profesor y me atrevo a decir que, a día de hoy, nadie lo pretende, ni siquiera entre los más tecnoentusiastas. Pero el educador de carne y hueso que necesitamos ya no es el maestro que sabe un poquito de todo y no más, ni el docente de secundaria que tanto sabe de su asignatura y tan  poco de educar, sino un organizador de contextos, actividades, experiencias, recorridos y agendas de aprendizaje en distintos ámbitos, etapas, etc. No el que ponía voz y algo de vida al libro de texto, sino alguien capaz de diseñar el aprendizaje con todos los medios al alcance, en particular los nuevos medios digitales. Pero esto será menos una tarea individual, de un docente-orquesta, y más la de equipos colaborativos de profesores (de codocencia en grupos más amplios, de proyecto, de etapa, de centro…) reforzados a su vez con nuevas competencias de todos y de nuevos especialistas (en tecnología educativa, en inteligencia artificial, en cumplimiento normativo y gestión de riesgos…), sea desarrollados entre los profesores o venidos de fuera. Salvando las distancias,un equipo quirúrgico se forma con no menos de media docena de profesionales diversos en especialidad y en nivel, no con seis clones y menores ratios.

 

9 mar 2026

El erre-que-erre (redundancia y reiteración) de CREA

Y con esto termino...

Aprovechando el fácil recuso a la IA, Claude y NotebookLM ayudan a tener una idea de cómo en el caso CREA se presenta otro fenómeno propio de las sectas, ideológicas y de todo tipo: el recurso constante a mantras que se aplican a todo y se repiten de manera incansable. Como expliqué en mi respuesta a Aubert (aquí o aquí), salvar a la entonces ASE (hoy CI13 de la FES) de ese runrún creciente fue uno de los motivos para lo que no había querido hacer en los dos decenios anteriores: presentar mi candidatura a presidir algo. Lo que sigue es un ejercicio encomendado a Claude.ai y NotebookLM.

Este ejercicio consistió en lo siguiente: primero, pedir a Claude.ai que descargase de Scholar los primeros 25 documentos de sendas búsquedas con los nombres de los dos autores y con las características de que se tratara de artículos, papers o similares (no libros, ni tribunas, p.e.), en español y descargables; segundo, cargarlos en NotebookLM y proceder. La primera pregunta a NbLM la formulé yo; la segunda es una de las tres que me sugirió el propio NbLM (las otras dos eran sobre 'inteligencia cultural' y 'tecnolgía y educación', como a veces en los paneles, una para cada autor). Una tercera parte, sólo sobre redundancia léxicas, es de Claude. Claude hizo su parte el 8/3; Notebook, el 9/3. Esto complementa el artículo y post anteriores sobre métricas... y ya.

Flecha vs. Enguita

50 fuentes

Pregunta: Por favor, compara dos grupos de fuentes, las que comienzan con "Flecha" y las que comienzan con "Enguita". No me interesa resumirlas en sí, sino el grado de redundancia y reiteración, o de novedad y variedad, de su contenido a través de los 25 ficheros de cada grupo.

Respuesta: Al analizar los dos grupos de fuentes propuestos, se observa una diferencia notable en su estructura interna y en la forma en que gestionan la información: mientras que el grupo "Flecha" presenta un alto grado de redundancia y reiteración programática, el grupo "Enguita" destaca por su novedad y variedad temática.

Grupo Flecha: Redundancia y cohesión programática

Este conjunto de documentos se caracteriza por una fuerte unidad conceptual y teórica, funcionando como un programa de investigación colectiva (principalmente a través del centro CREA y el proyecto INCLUD-ED).

  • Reiteración de pilares fundamentales: La gran mayoría de los ficheros repiten de forma casi idéntica los fundamentos del Aprendizaje Dialógico, las Comunidades de Aprendizaje (CdA) y las Actuaciones Educativas de Éxito (AEE). Los siete principios del aprendizaje dialógico (diálogo igualitario, inteligencia cultural, transformación, etc.) aparecen enumerados y definidos de forma recurrente en múltiples fuentes.
  • Redundancia metodológica: Se reitera constantemente la importancia de basar la educación en "evidencias científicas" de impacto social para superar las teorías "reproduccionistas" (como las de Coleman o Jencks) que se consideran obsoletas.
  • Variedad limitada al ámbito de aplicación: La novedad no reside en el planteamiento teórico, que es sumamente estable, sino en el sujeto de aplicación (educación de adultos, pueblo gitano, minorías étnicas, violencia de género o evaluación de la investigación en la UE).

Grupo Enguita: Novedad y variedad temática

En contraste, este grupo de fuentes ofrece una amplia diversidad de objetos de estudio, abordando la educación desde múltiples ángulos sociológicos sin repetir una única fórmula de intervención.

  • Variedad de objetos de estudio: Cada fichero suele explorar una dimensión distinta de la realidad escolar: desde la codocencia y el aislamiento docente, la relación difícil con la tecnología (TIC), el sentimiento de pertenencia vinculado a las lenguas regionales, hasta la gestión de los pactos educativos en España.
  • Novedad en los enfoques: A diferencia de la reiteración de principios del grupo anterior, aquí se transita por temas tan diversos como los costes indirectos de la educación, el análisis del fracaso y abandono escolar como procesos de "desenganche", la comparación entre redes públicas y privadas, o incluso la feminización de la profesión docente y sus efectos imprevistos.
  • Consistencia de perspectiva, no de contenido: Aunque existe una base sociológica común (la transición de la sociedad industrial a la de la información o la crítica a la burocratización), cada documento aporta datos y análisis específicos de investigaciones diferentes (datos de PISA, proyectos como ORGYPROF o estudios cualitativos de trayectorias).

Síntesis comparativa

El grupo Flecha es redundante por diseño, ya que busca consolidar y difundir un modelo de intervención específico (AEE) que requiere la repetición constante de sus bases para validar su carácter científico. Por el contrario, el grupo Enguita es variado por naturaleza, pues se presenta como una serie de indagaciones sociológicas que buscan explorar la complejidad y las contradicciones de los diversos elementos que componen el sistema educativo.

¿Desea que elabore un informe detallado sobre cómo se aplica la noción de "inteligencia cultural" específicamente en el grupo de fuentes de Flecha?

Pregunta: ¿Qué críticas específicas hace el grupo Flecha a Enguita?

El grupo Flecha lanza críticas severas y directas contra Mariano Fernández Enguita, centrándose principalmente en su análisis sociológico del pueblo gitano y en su adscripción a teorías que consideran "reproduccionistas" y carentes de rigor científico.

Las críticas específicas se pueden agrupar en los siguientes puntos:

  • Acusaciones de "anti-gitanismo" y racismo: El grupo Flecha califica las conclusiones de Enguita sobre la comunidad gitana como "profundamente anti-gitanas". Critican específicamente sus afirmaciones de que la identidad gitana es incompatible con las rutinas impersonales o los horarios de la organización burocrática, calificándolas de "ocurrencias" y "prejuicios" que no se basan en evidencias científicas.
  • Justificación de la exclusión y el fracaso: Según Flecha, las teorías de Enguita sirven para legitimar mecanismos de exclusión. Critican que Enguita sugiera que para un niño gitano es un "drama" someterse a la autoridad de una profesora, argumentando que este tipo de afirmaciones se utilizan para justificar adaptaciones curriculares a la baja o la segregación, en lugar de promover el éxito académico.
  • Crítica al "reproduccionismo" totalizante: Flecha sitúa a Enguita dentro de una corriente de la sociología de la educación en España que califica de "reproduccionista". Le critican por tener una "pretensión totalizante" que se limita a explicar cómo la escuela reproduce la desigualdad social, "desprestigiando" o "silenciando" las actuaciones educativas que sí están demostrando éxito en la transformación de esas realidades.
  • Falta de rigor científico y ético: El grupo Flecha sostiene que las investigaciones de Enguita sobre minorías étnicas se basan en estereotipos y pensamientos personales en lugar de seguir los estándares de la comunidad científica internacional. Afirman que estas posturas "confunden" a los profesionales y perpetúan la desigualdad de colectivos vulnerables.
  • Uso de "ocurrencias" frente a "evidencias": Se le critica por sustituir las Actuaciones Educativas de Éxito (AEE) por "ocurrencias pseudocientíficas". Flecha sugiere que algunos académicos (entre los que incluye implícitamente a Enguita al citar sus obras) utilizan etiquetas innovadoras para proponer prácticas que realmente conducen al fracaso de los niños más pobres.

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El propio Claude ofrece un análisis de la redundancia léxica en los mismos textos, algo más simple, árido y aburrido, que también reproduzco.

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ANÁLISIS COMPARATIVO DE REDUNDANCIA LÉXICA

Mariano Fernández Enguita · Ramón Flecha

Informe ejecutivo · Corpus: 25 artículos por autor · Marzo 2026



1. Objeto del estudio

Este informe compara la redundancia léxica en los escritos académicos de Mariano Fernández Enguita y Ramón Flecha a partir de un corpus de 25 artículos cada uno, seleccionados en Google Scholar por orden de citas (criterios: texto en español, ≥ 10 páginas, descargable desde el propio Scholar). Se calculan siete métricas intra-textuales —que miden la repetición dentro de cada texto— y cuatro inter-textuales —que miden el solapamiento léxico entre textos del mismo autor—. El análisis utiliza muestreo estratificado (una ventana de 2 500 tokens por artículo) para eliminar el sesgo por longitud.

Resultado global: los textos de Flecha presentan mayor redundancia léxica que los de Enguita en las siete métricas intra-textuales (p ≤ 0,002 en todas; tamaños del efecto entre r = 0,43 y r = 0,57) y en las cuatro inter-textuales. La diferencia es consistente, estadísticamente sólida y de magnitud mediana a grande.



2. Variables analizadas

Métrica

Qué mide

Interpretación

Dirección

TTR

Tipos / tokens (vocabulario relativo)

Mayor = más diversidad

riqueza

MTLD

Longitud media de segmentos con TTR ≥ 0,72

Mayor = más diversidad; robusto al tamaño

riqueza

Hápax

Proporción de palabras que aparecen 1 sola vez

Mayor = vocabulario más rico

riqueza

Entropía H

Distribución uniforme del vocabulario (Shannon)

Mayor = menos concentrado

riqueza

Redundancia R

1 − H / H_máx; concentración léxica

Mayor = más redundante

riqueza

Compresibilidad

Tamaño gzip / original

Menor = más compresible = más redundante

riqueza

Rep. bigramas

Tasa de pares de palabras repetidos

Mayor = más repetición

riqueza



3. Resultados

Tabla 1. Comparación de medias normalizadas (muestreo estratificado)

Métrica

Media
Enguita

Media
Flecha

Dif.

p-valor

r

Más
redundante

TTR

0.4606

0.4192

0.0414

0.0022 **

0.434

Flecha

MTLD

231.8

163.2

68.7

0.0004 ***

0.501

Flecha

Hápax

0.6998

0.6708

0.0290

0.0007 ***

0.482

Flecha

Entropía H

9.169

8.944

0.2259

0.0009 ***

0.471

Flecha

Redundancia R

0.0977

0.1083

0.0106

0.0004 ***

0.505

Flecha

Compresibilidad

0.3645

0.3369

0.0276

0.0001 ***

0.567

Flecha

Rep. bigramas

0.1717

0.2128

0.0411

0.0010 **

0.464

Flecha

Muestreo estratificado: 1 ventana de 2 500 tokens por artículo. Mann-Whitney U (dos colas). r = |z| / √N (0.1 pequeño · 0.3 mediano · 0.5 grande). p-valor: * < 0,05 · ** < 0,01 · *** < 0,001.



Gráfico 1. Riqueza léxica comparada: Enguita vs. Flecha

Mayor valor = mayor riqueza léxica en todas las métricas.



Tabla 2. Métricas sobre el corpus completo de cada autor (sin muestreo)

Métrica

Enguita

Flecha

Tokens totales

148.727

140.747

Tipos únicos (vocabulario)

21.013

16.731

TTR del corpus

0.1413

0.1189

Hápax del corpus

0.5193

0.4996

Redundancia R del corpus

0.2064

0.2138

Cobertura top-50 palabras

26.1%

27.8%

Cobertura top-100 palabras

32.4%

34.8%

Cobertura top-200 palabras

40.8%

43.6%

Similitud Jaccard (media entre pares)

0.1644

0.1699

Solapamiento léxico entre artículos

0.7764

0.7998

Cobertura: % de tokens del corpus cubiertos por las N palabras más frecuentes. Jaccard: proporción de vocabulario compartido entre pares de artículos. Solapamiento: % del vocabulario de cada artículo que aparece en al menos otro del mismo autor.



Gráfico 2. Crecimiento del vocabulario acumulado (media de 30 permutaciones)



Un vocabulario que crece más rápido al añadir textos indica menor inter-textual. Enguita mantiene una curva sistemáticamente más elevada a lo largo de toda la obra.



Síntesis: comparación de riqueza léxica

En las 7 métricas intra-textuales y en las 4 inter-textuales, Enguita muestra consistentemente mayor riqueza léxica. Los valores estadísticos apuntan a diferencias de magnitud mediana-grande (r entre 0,43 y 0,57). La compresibilidad registra el efecto más pronunciado (r = 0,57), indicando que los textos de Flecha tienen una estructura de patrones más repetitiva. El vocabulario nuclear de Flecha (personas, aprendizaje, comunidad, sociedad) es más estrecho y más reutilizado que el de Enguita (educación, escuela, trabajo, alumnos, enseñanza, sociedad).

Métrica

Enguita

Flecha

Mayor riqueza

TTR

0,4606

0,4192

Enguita ***

MTLD

231,8

163,2

Enguita ***

Hápax

0,6998

0,6708

Enguita ***

Entropía H

9,169

8,944

Enguita ***

Redund. R (↓)

0,0977

0,1083

Enguita ***

Compresib. (↓)

0,3645

0,3369

Enguita ***

Rep. bigramas (↓)

0,1717

0,2128

Enguita ***

─────

─── inter-textual ───



TTR corpus

0,141

0,119

Enguita

Redund. R corpus (↓)

0,206

0,214

Enguita

Jaccard (↓)

0,164

0,170

Enguita

(↓) = métrica de redundancia; menor valor indica mayor riqueza. * p < 0,05 ** p < 0,01 *** p < 0,001.


Anexo: listas de textos y otras tablas