Mostrando entradas con la etiqueta ChatGPT. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ChatGPT. Mostrar todas las entradas

20 jul 2024

IA en la educación: una misión inaplazable y compartida

 

Me gusta esa máxima, trágica entonces pero siempre oportuna, que Antonio Machado puso en boca de Juan de Mairena: “Es más difícil estar a la altura de las circunstancias que au dessus de la mêlée”. Hace cinco años andábamos divagando sobre qué papel dar a la tecnología en la educación. Mal comienzo, porque en la escuela todo –y digo todo– lo que no es carne y hueso sin más es tecnología, desde el lenguaje, pasando por el libro, hasta la organización espacio temporal. A partir de 2020, cuando apenas empezábamos a levantar cabeza de la COVID-19, se pasó a hablar sin parar de la educación híbrida, que habría venido para quedarse. Nuevo error, pues, tras la traumática y frustrante enseñanza remota de emergencia (lo de siempre pero a distancia y mal, por mucho mérito que tuviera), lo que vino fue una fuerte reacción, en el sentido físico, psíquico y político del término, de vuelta a lo conocido. A finales de 2022 sonaban todas las alarmas porque ChatGPT se pavoneaba redactando trabajos escolares solventes e indetectables y superando más y más tests académicos. Y 2023 trajo el pánico ante los móviles inteligentes, alimentado por nebulosas teorías sobre su papel provocador de ansiedad, trastornos alimentarios, violencia sexual y hasta suicidios adolescentes, episodios inquietantes como el de Almendralejo, mensajes confusos como el de la UNESCO en su informe GEM 2023 y dinámicas populistas como la que iría del ruido de un grupo de madres en WhatsApp a la prohibición de los móviles en la escuela “para responder a la alarma social”, incluso a la pretensión de algunas familias de forzar a otras a prohibirlos a sus hijos fuera de ella.

Pero la mêlée, por más que nos inquiete, no debe ocultarnos las circunstancias, que son históricas, incluso hiperhistóricas. Es un lugar común que la historia comienza con la escritura: lo anterior es prehistoria, cuando no solo no se escribía historia sino que tampoco se dejaban otros registros informativos para la posteridad. Nótese que la línea de tiempo de la escuela es similar a la de la historia, pues surge con la escritura, como instrumento de reproducción del nuevo oficio de escriba, aunque pronto atraerá hasta cierto punto a las elites y, a la larga, con el impulso de la imprenta, institucionalizará progresivamente a las masas. Al analizar la sociedad informacional, Luciano Floridi plantea que hay un salto cualitativo en la tecnología de la información, que no solo aumenta en cantidad, soportes y medios, sino que salta de registrar y comunicar la información producida por los humanos a crear ella misma nueva información, a menudo particularmente performativa, es decir, capaz de modificar la realidad más allá de registrarla, una nueva fase que denomina hiperhistoria. El concepto da mucho de sí, pero ciñámonos a la escuela.

Hasta ayer, la tecnología de la información, y en particular la escolar, se limitaba a eso: registrar, almacenar y transmitir. Nunca dejó de mejorar (de los ideogramas al alfabeto, del papiro al papel, de las tablillas al libro…) ni de reducir su coste (con la imprenta y la cartilla, las escuelas normales, el aula-huevera…) para llegar a un público más amplio, aunque con los inconvenientes de una educación simultánea, transmisiva, de talla única, bancaria, etc., cada vez más constrictivos desde la escritura que no responde (lamentaba Sócrates), pasando por el programa y el libro de texto (en los que entra lo que entra, como entra y si el profesor no decide que eso no entra) hasta llegar al cine, la radio y la televisión que,, continuos y secuenciales, solo admitían espectadores (y se estrellaron contra el otro dueño de la atención, el docente).

La novedad es ahora el carácter activo e interactivo de la tecnología digital a disposición del sistema educativo, desde las administraciones públicas hasta el trabajo personal, pasando por centros y aulas, así como por profesores y alumnos. Toda aplicación puede realizar alguna tarea (buscar, leer, calcular, guardar, compartir…), mas con el desarrollo de la inteligencia artificial (en el sentido más amplio y laxo del término), estas no solo se multiplican, sino que dejan paso a los agentes (algoritmos o dispositivos que, más allá de asumir tareas, asumen objetivos y determinan las tareas para alcanzarlos). En el ámbito educativo cabe señalar, en particular, cuatro líneas de desarrollo:

La transformación digital de toda la gestión, que tiene y tendrá lugar en tensión con la distribución de tareas (debe descargar al docente, no abrumarlo) y con los posibles errores y sesgos en los procesos de decisión.

La capacidad de manejar más y más datos, en particular los longitudinales de cada alumno (demografía, expedientes, credenciales…) y los datos masivos (big data) en que surgen patrones antes imperceptibles, todo ello en tensión con la seguridad, la privacidad, etc.

El rastro digital del aprendizaje, de gran valor para el profesor para diversificar y tutorizar al alumno, siempre y cuando le sea fácilmente accesible e interpretable, lo que depende de una adecuada selección de la información pertinente y una buena visualización (el panel del grupo debe ser tan amigable para el docente como el panel de instrumentos y el GPS para el conductor).

En fin, la emergencia de la IA generativa (IAG), en particular conversacional (ChatGPT y semejantes), que puede mantener una interacción constante y solvente con el alumno, acabando de una vez por todas con el carácter unilateral (broadcast: uno habla a muchos, que poco pueden hacer aparte de escuchar) de la actividad escolar.

Esto último es esencial. En la escuela, un docente dispone de poco tiempo individual para los alumnos, y salvo que logre mejor ratio y acepte peor horario que Maria von Trapp, poco más puede ofrecer. Pero el artilugio digital formado por la trinidad dispositivo + software + conectividad, la gama creciente de aplicaciones especializadas por áreas y disciplinas y, muy en especial, la IAG conversacional, sí pueden. Sin límite de tiempo, gratis o a precios asequibles y oportunamente adaptados al medio escolar (un entorno seguro, un ajuste fino y un modelo pedagógico), pueden aportar el diálogo y la interacción que Sócrates vio perderse hace ya veinticinco siglos con la escritura. Seguro que no tan buenos, pero sí para todos, en cualquier momento y de nivel y contenido más que aceptables. No necesitamos a los profesores para hacer lo que ya puede hacer una aplicación, sino para diseñar y poner en marcha entornos, actividades e itinerarios de aprendizaje idóneos con todos los medios a su alcance, incluyendo la IAG.

Una entidad privilegiada como la Academia Khan ya ha podido crear Khanmigo, tras más de un año de trabajo para adaptar GPT-4 a las enseñanzas de nivel primario, secundario y de primer ciclo universitario. Grandes actores tecnológicos, como OpenAI (con Microsoft detrás) o Google (con Gemini por delante) se mueven en esa dirección (se abren ya paso en las universidades) y multitud de empresas y organizaciones de menor entidad lo hacen en áreas y prestaciones más especializadas.

Hay trabajo para todos. Los grandes modelos de lenguaje, como los GPT, han sido preentrenados en la lengua y la cultura anglosajonas y no para la educación, por lo que las administraciones educativas, desde las comunidades autónomas competentes, pasando por el Estado armonizador, hasta las agencias de cooperación internacional (no en vano hablamos la más extendida primera lengua), tienen la tarea de asegurar el reentrenamiento y el ajuste fino necesarios en la lengua, la cultura y la función. Los centros educativos deben diseñar y aplicar proyectos que coordinen actuaciones y aseguren economías y sinergias de escala, pues la transformación digital y la curva de aprendizaje asociada no son como el librillo o el libro de texto, ajenos a todo lo que les rodea. Los profesores, en fin, deben indagar y pronunciarse sobre los recursos, aplicaciones y prácticas adecuados para sus proyectos, asignaturas, áreas y centros, pues las soluciones no van a caer elaboradas y uniformes como el maná.

Publicado originalmente en DYLE (Dirección y Liderazgo Educativo) nº 22, julio de 2024

 

15 jul 2023

Can we trust ChatGPT or Bard... ever... or never ever? Two makeups for nothing



Yesterday, I accidentally stumbled on a partial reference to a book entitled Should You Believe Wikipedia? The topic seems somewhat dated, but I felt interested precisely because so I am on the trustfulness of Generative Artificial Intelligence, particularly Conversational AI, which today means mainly ChatGPT and Bard. I could have looked for some reviews through Google Scholar, or maybe look at the publishing house web, but I thought that asking for an abstract to ChatGPT could be easier, so I did. I prompted for an abstract of the book, specifying the whole title and subtitle, and I got it in seconds. It looked too conventional, the typical back cover text, so I prompted for abstracts by chapter, and I got them, nine short abstracts for nine chapters; then I felt curious about one of them, prompted for it, and so I get a longer abstract. There I stopped and, on the whole, the abstract didn't look mesmerizing but yes good enough to get the book. Wonderful, I thought, because this could be from now on the best and easiest way to decide about getting particular books about which I just had some scant reference. Then I bought it but didn't even open it, as I was busy with other tasks (in fact, this was a typical online distraction). It should wait on the ever-growing queue of books to read –or maybe not.

Some hours later, I had an idea: why if ask the same questions to Bard, and check the differences, if any? In fact, I had begun to use Bard the day before, when it was released in the European Union, but just for a short while. So I did, using the very same prompts, on the very same book: first, for the general abstract, which through a fast, diagonal reading did look neither better nor worse, just maybe a little shorter; then, by chapter, which I also got at high speed; now I just needed the enlarged abstract for the individual chapter, whose number or title I didn't remember, so I moved to the ChatGPT to check it: number seven.

But, know what? There was no chapter seven in the index of the book (the abstracts by chapter) provided by Bard: just six chapters, while ChatGPT had abstracted nine. Much worse, even: it wasn't simply an incomplete or partially wrong result, as far as the titles of the chapters had no resemblance at all. My first intuition was that one of these GAIs had missed the point, or the book, and ChatGPT was, of course, my usual suspect. Fortunately, I had the book and could verify, and guess what: neither nine nor six chapters and not a simple individual coincidence in their titles. Both GhatGPT and Bard had made up (hallucinated, if you like) the abstract of the book, as well as the number, the titles, and the abstracts of every chapter. 

At the same time, I saw that the book was first published in 2022, which I had not noticed before. So ChatGPT, trained on data until 2021, could not know about it, but the notable fact is that notwithstanding its usual and boring reminder about this limitation, once and again, when asked for anything that it can detect as possibly more recent, a simple book title with no date is no deterrent (presumably it just had more than enough feed on the trustfulness of Wikipedia, which had been an obsession for years and for so many). It is harder to explain the makeup by Bard, even more, if you note that the book is perfectly registered in Google Books as well as in Google Scholar and, of course, plenty of libraries, bookshops, and other catalogs.

7 jul 2023

Inteligencia aumentada para el alumno, el profesor y la institución

Texto escrito para la monografía sobre El momento de la Inteligencia Artificial del Informe Económico y Financiero 33 de ESADE. Informe y monografía se pueden descargar en PDF aquí y su presentación y coloquio en video aquí.

La inteligencia artificial, que ya se venía infiltrando, inadvertida, por diversos resquicios, asoma con estruendo a la educación. No habrá otro tema del que se hable tanto en la temporada, y con razón. La aparición, prometedora y amenazante a la vez, de ChatGPT, ha desatado todas las alarmas, pero también, huelga decirlo, las aspiraciones, que crecen: una variedad de expectativas de realismo desigual. El engendro es tan nuevo –al menos para el público–, ambivalente y espectacular que resulta difícilmente clasificable, pues ya al nombrarlo lo envolvemos en valoraciones implícitas pero cargadas de significado, performativas, que no hacen justicia ni en un sentido ni en otro a su complejidad ni a su multidimensionalidad. Cuando hablamos de inteligencia artificial, por ejemplo, el adjetivo es indiscutible, pero el sustantivo es arbitrario, propagandístico (de siempre, no ahora) y, en muchos sentidos (pero no en todos), inadecuado: desde luego, no es nada equiparable a la inteligencia humana, no es IA general, fuerte o simbólica, y mucho menos la superinteligencia capaz de destruir, someter o salvar a la humanidad; pero si nos vamos al otro extremo para tildarlo de loro estocástico o de mero predictor hormonado de texto, nos quedaremos muy cortos.

Técnicamente es un modelo fundacional, más en concreto un modelo grande de lenguaje que, basado en cantidades ingentes de texto, algoritmos de aprendizaje automático muy sofisticados y una gran potencia de procesamiento, genera texto nuevo como si supiera de qué trata, aunque sin saberlo, y unido a un chatbot, o robot conversacional, que por su velocidad y flexibilidad ofrece al usuario una sensación notablemente similar a la de estar conversando con otro ser humano o, al menos, inteligente (incluso sintiente, como se le antojó al programador-cura Blake Lemoine). El modelo de lenguaje devuelve una respuesta no siempre veraz, ni óptima, pero habitualmente correcta y siempre verosímil; consistente en sí misma, gramaticalmente articulada, en tono cortés y en la que imprecisiones, carencias, invenciones e incluso falsificaciones (“alucinaciones”) vienen envueltas en un lenguaje alambicado y algo soporífero; puesto que el procesamiento de la información es puramente estadístico (qué palabra sigue con mayor frecuencia a otra, etc.), su respuesta difícilmente será muy original o brillante, pero, dada la cantidad y variedad de la información manejada, la tiene para todo. El robot se presenta en una interfaz minimalista, similar a la de cualquier programa de mensajería, en la que el texto de respuesta al usuario aparece a una velocidad extraordinaria como escritura (nadie manuscribe ni teclea así) pero no tanto, aunque también, como lectura o enunciación, todo lo cual confluye, por más que sepamos que no es así, en provocar la sensación de que estamos conversando con alguien o algo parecido a nosotros mismos, si bien a través de una pantalla; huelga añadir que no hay dificultad alguna en convertir el proceso en un diálogo de viva voz, al menos no del lado del chatbot (hay ya complementos, o plugins).

Ratios de ensueño: un maestro por discípulo y un ayudante por docente

¿Cómo encaja esto con el aprendizaje, la enseñanza y la escuela como organización y sistema? Para el aprendiz, o el alumno, es un potencial tutor, o al menos interlocutor, siempre disponible, infatigable, amistoso, interactivo, adaptativo, discreto y que no juzga, de competencia lingüística sobresaliente, bagaje cultural amplísimo y nivel más que aceptable; y, por cierto, muy barato por usuario, pague quien pague. La personalización podrá ganar mucho si se acopla a algún tipo de analítica del

aprendizaje (sobre el rastro de datos individual, datos organizacionales o masivos, o ambos), y la fiabilidad puede mejorar con más entrenamiento y/o un ajuste fino con recursos propiamente educativos (ya no sería ChatGPT, sino otro robot basado en el GPT u otro transformador). No va a ser el Aristóteles electrónico prometido una y otra vez por la informática, pero sí un tutor siempre al alcance; inferior a un docente en cuestiones cruciales que requieren inteligencia general, intuición, empatía, etc., pero equiparable o mejor en casi todo lo que sea procesar información preexistente de forma convencional, lo que constituye buena parte de la rutina docente. (Es fácil imaginar cuán distinta habría sido la desescolarización en respuesta a la pandemia si el Gran Charlatán hubiera estado al alcance del alumnado.)

Para el docente, el profesor, es un posible asistente en el que delegar tareas normalizadas pero consumidoras de mucho tiempo, como adaptar contenidos, preparar presentaciones, calcular calificaciones, informar a las familias, recordar plazos y términos; mejor aún, es un potencial agente al que encomendar objetivos, de modo que se ocupe él mismo de determinar, articular y realizar, por sí o con otras aplicaciones (como las de ofimática o las comunes en la web), las tareas para alcanzarlos, lo que supondría poder traspasarle una gran cantidad del trabajo más normalizado y rutinario, pero con eficacia y eficiencia muy superiores, y con ello sustituir al educador en unas tareas, aumentar su inteligencia y capacidad en otras y dejarle tiempo para otras más –pero tranquilícese este, pues, salvo el hiperventilado Sugata Mitra, nadie ha sugerido siquiera tal reemplazo. Huelga añadir que la IA también ofrece un salto adelante en rutinas de administración y organización, como la asignación de recursos o el mantenimiento de expedientes, en las que las instituciones escolares, como organizaciones complicadas y complejas que son, ya han podido experimentar las primeras ventajas de la digitalización a través de aplicaciones y plataformas.

La inteligencia artificial generativa no se reduce al texto (en cualquier lengua, aunque con calidad desigual), como tampoco lo hace la escuela. La IAG también puede producir software (de momento en una docena de lenguajes), sonido (voz, música...), imagen, sea estática (instantáneas, dibujos, figuras, rotulación) o dinámica (vídeo, animación) … En general se desarrollará tan multimedia, transmedia e hipermedia como el software y los dispositivos e infraestructuras digitales. Pero no cabe duda de que el lenguaje, exclusivamente humano, y el texto, distintivamente escolar, seguirán siendo, al menos por un tiempo, su fuerte y su ariete ante la educación (imagen y sonido, sin embargo, desataron ya antes la alarma en el mundo cultural, pero por la propiedad intelectual). No obstante, Google tiene casi a punto modelos de IAG multimodal, que combinan como entrada y salida texto, audio e imagen (hasta ayer tratados por separado), y en ello están también Microsoft, DeepMind y, sin duda, OpenAI, lo que implica que no tardará la IA hipermedia. Añádase a esto el desarrollo previsible de herramientas más ajustadas a la institución y la función, en lo que ya trabajan macroactores como los editores Pearson y Wiley, Khan Academy, Chegg (apoyo escolar), Knewton y Carnegie Learning (enseñanza en línea y tutorización inteligente), Duolingo (idiomas) y otras.

Una carga de profundidad contra la lógica y la estructura del aula

Es fácil comprender que la combinación de una gran capacidad de procesamiento de lenguaje natural (incluido el contenido escolar), una gran potencialidad multi-, trans- e hipermedia que apenas empieza y una interactividad y adaptatividad por alumno (para cada alumno), cualitativamente inferior en forma y fondo a las que aporta el docente en algunos aspectos (entre ellos los irrenunciables), pero igual o superior en otros muchos (entre ellos los más frecuentes); a la vez que interfaces ante los cuales hoy ya, en edad escolar, se está muy cómodo, hace saltar por los aires la ya periclitada necesidad y la arcaica justificación del aula-huevera, la parrilla horaria, el aprendizaje simultáneo y la enseñanza frontal, la correspondencia 1x1 entre profesores, grupos, aulas y materias…, en definitiva, la arquitectura organizativa (y física) de la escuela tradicional, cuyo paradigma es el aula convencional.

Las relaciones sociales de la educación no pueden subsistir por más tiempo, si bien las nuevas encuentran toda suerte de obstáculos y resistencias para nacer y madurar. Es el turno de la hiperaula, del horario flexible, de los hipermedia, del artilugio o la trinidad digitales (dispositivo personal, software y conectividad), de la co- y la ciborgdocencia, del aprendizaje discéntrico. Vivimos la necesidad y la oportunidad de una gran transformación: no ya mimetizar en el entorno digital lo que llevamos trescientos años haciendo en el físico, como sucedió con la mal llamada educación híbrida en la pandemia (y como, no se olvide, siempre cabe reincidir, escalando malas u obsoletas prácticas con un instrumental más potente), sino un cambio más profundo, más rápido y mucho más positivo para el aprendizaje que el que la imprenta provocó desembocando en la escuela actual, lo que he llamado la quinta ola; un cambio, además, imprescindible para abordar problemas como la ineficiencia, el desapego o el rechazo escolares, heredados de una escuela vigesímica y hasta decimonónica, desfondada, que poco puede ya contra ellos.

Una IA que no solo escribe, habla o dibuja (outputs) sino que también es capaz de procesar en tiempo real información no estructurada del aprendizaje (inputs: lectura, dicción, escritura, cálculo, así como la forma y el ritmo de estudio, la evaluación, etc.) y de traducirla en decisiones, opciones o sugerencias para el alumno o para el profesor, una vez que podamos contar con que es fiable y que sea capaz de presentar un panel de control preciso pero intuitivo para el profesor (como lo es el tablero de control de un automóvil, que permite a una persona dirigir su desplazamiento a velocidad sobrehumana), dará lugar a una notable inteligencia aumentada de estos que les permitirá pilotar el nuevo aprendizaje, lo que es mucho más que pastorear un rebaño sin que se pierda o arrastrar un convoy con dirección y velocidad únicos, o que hacer de oveja negra o verso suelto, de outlier. La transformación digital representa, además, la oportunidad de señalar a la profesión docente una misión como no la había tenido ni sentido desde anteriores transformaciones, es decir, desde la alfabetización universal por la escuela primaria y la promesa (por lo demás incumplida) de igualdad de oportunidades sociales con la generalización de la secundaria. Eso sí, una misión que requiere dedicación y compromiso, como corresponde a una profesión –no simplemente cubrir los protocolos, como se espera de una burocracia.

Anticiparse a los riesgos, pero sin paralizarse ante ellos

Naturalmente, no todo son buenas noticias (ya se sabe que, si son buenas, no son noticias). La primera reacción del mundo educativo no fue de bienvenida a un colaborador sino de alarma ante un impostor, en particular ante la amenaza de una aplicación capaz de producir como churros los típicos trabajos y ensayos académicos y de superar pruebas y exámenes desde la escuela primaria, pasando por la candidatura a los centros de élite, hasta la obtención de la licencia profesional: el plagio automatizado, al alcance de todos y, de momento y tal vez para siempre, indetectable. Por otra parte, todas las debilidades y amenazas de la IAG para la sociedad en general lo son también para las instituciones educativas en particular, si acaso agravadas por la menor edad y la mayor vulnerabilidad del alumnado, así como por ir contra sus fundamentos, en concreto contra la presunción de veracidad de los contenidos académicos y contra la visión y la retórica igualitarias de la institución. Aquí entran los problemas de privacidad, vigilancia y protección de datos, sesgos discriminatorios en los procesos de decisión, desinformación y falsificaciones, burbujas ideológicas, etc. A ello se añade el problema siempre presente de la desigualdad digital, la mal llamada brecha: efectivamente, cuanto más abierta y potente sea una tecnología de la información y el aprendizaje, mayor será la posible disparidad entre los individuos, las familias, las comunidades, los docentes o las escuelas.

Pero esos riesgos son combatibles, no eludibles. Los usos perjudiciales de la IA se filtrarán por todos los conductos y resquicios sociales y llegarán a todos, menores incluidos; la desigualdad digital ya está ahí, empezando por hogares que no tienen apenas acceso ni capital informacional, ni escolar, frente

a otras que sí, hasta el punto de que podrían prescindir de la institución si solo fuera para eso (la IA a bajo precio, al menos, derrumbará el muro entre quienes pueden adquirir todo el apoyo periescolar que deseen y quienes ninguno). La primera andanada disruptiva será, sin embargo, para la educación en la sombra, quizá con un inesperado efecto igualitario; la segunda será para la formación continua y el desarrollo profesional en el trabajo, con el posible efecto de que las familias perciban la necesidad de una transformación educativa, pedagógica, antes que el profesorado. La actitud de la institución y la profesión debe ser ante todo, y precisamente por eso, proactiva, no meramente reactiva. Ha de acompañar a la infancia y la adolescencia en un mundo, también el suyo, cada vez más impregnado de IA; y ha de asegurar la literacia digital suficiente a todos y, en particular, a quienes más difícil tendrían alcanzarla por sus solos medios.

24 ene 2023

ChatGPT: si el objeto es la lengua, la singularidad ya está aqui

 No he podido resistirlo. Me han invitado a un pequeño coloquio sobre las implicaciones de la Inteligencia Artificial (sin pensarlo ya lo he escrito como lo dejo, con mayúsculas iniciales, honor que la ortografía reservaba para entidades como el Estado, la Iglesia, etc. –todo un lapsus), y lo ha hecho un grupo de investigación dedicado a multilingüismo, multiliteracidad y educación lingüística, un evento que será en inglés y con mayoría de profesores de inglés. He aceptado, pues el tema me interesa, y mucho; también porque llevo un tiempo dándole vueltas y porque me queda un mes para pensar lo que diré.

Lo que no he podido resistir es la tentación de dirigir ya algunas preguntas relacionadas con ello a la propia IA, en concreto a ChatGPT, siempre tan dispuesta. ChatGPT dista (todavía) mucho, en no pocos aspectos (en otros la supera), de la inteligencia humana, pero lo que ya se le da muy bien, haciendo honor a su nombre (chat, charla/r) es expresarse en charlatán fluido. En toda enseñanza hay de esto mucho más de lo que debería, pero en el aprendizaje de una lengua resulta más tolerable, porque lo que se trata de aprender es la lengua misma, antes que lo que expresa. En el peor de los casos, la IA puede ofrecer ya excelentes niveles de morfología y sintaxis (similares a los de un nativo y probablemente superiores a los de quien enseña en una segunda lengua), niveles razonables de sentido, racionalidad y veracidad, y una interactividad verbal potencialmente inagotable.

Pero no digo más. Copio y pego, sin modificar un solo carácter, mi charla con ChatGPT. Se repite un poco (quizá no tiene en cuenta que está hablando con un mismo interlocutor), es muy prudente en las respuestas (por no decir timorato) y muestra, además de una gran corrección política, un exquisito cuidado en que sus declaraciones no molesten ni preocupen a nadie (en eso, parece el gabinete de comunicación de cualquier ministro). Creo que le he pillado una única, pequeña, falta de ortografía (¿o debería decir de sintaxis?), pero la dejo como acertijo.

Please tell me about yourself

I am ChatGPT, a large language model developed by OpenAI. I am trained on a vast amount of text data and can understand and respond to a wide range of natural language inputs. I can assist with tasks such as answering questions, generating text, and providing information on various topics.

Will you be useful for education?

I can be useful for education in a variety of ways. For example, I can assist students with their homework by answering questions, providing explanations, and helping with research. I can also be used to generate practice problems and quizzes, which can help students to better understand and retain the material. Additionally, I can be used to create interactive educational content, such as simulations and tutorials. Overall, I can help to make education more efficient and effective by providing students with quick and accurate information and resources.

Will you be particularly useful for teaching or learning ESL?

I can be particularly useful for teaching or learning English as a Second Language (ESL) as I can help students to improve their reading, writing, listening and speaking skills by providing them with a variety of resources and exercises.

One way is that I can assist in providing practice and feedback for grammar and vocabulary, which are essential building blocks of the language. Additionally, I can provide feedback on pronunciation and intonation, which are important aspects of speaking.

Furthermore, I can assist in providing reading comprehension exercises, and respond to students' questions about the text. I can also generate writing prompts and essays, which can help students to improve their writing skills.

In addition, I can be used to create interactive exercises and dialogues which can help students to improve their listening and speaking skills.

Overall, my ability to understand and respond to natural language inputs, as well as generate text, makes me well-suited to assist with ESL instruction and learning.

Will that be a menace for ESL teachers' employment?

The use of technology, including language models like myself, in education can bring many benefits, such as providing students with personalized and interactive learning experiences. However, it's important to note that my capabilities are a tool to assist, not replace, human teachers.

ESL teachers play an important role in providing guidance, feedback, and cultural context, which are essential for language learning. They also develop lesson plans, assess students' progress, and provide emotional support. I cannot replace the human interaction, empathy, and personalization that a teacher can provide.

In fact, the use of technology in education can also help ESL teachers to be more efficient and effective in their teaching. For example, teachers can use me to create and grade quizzes, provide feedback on writing assignments, and generate extra practice materials for their students.

In conclusion, I can help to enhance the teaching and learning of ESL, but I cannot replace the value that human teachers bring to the classroom.

Would an ESL learner be able to learn with just ChatGPT?

An ESL learner would likely find it challenging to learn a new language with just ChatGPT. While I can provide students with practice and feedback on grammar, vocabulary, reading, writing and listening, learning a new language is a complex process that involves more than just mastering these skills.

Effective language learning also requires interaction with native speakers, exposure to authentic materials, and cultural context. Moreover, learning a language requires practice and repetition, which is best achieved through immersion and interaction with native speakers.

Additionally, language learning also requires emotional support and motivation. A human teacher can provide guidance, feedback, and emotional support, which are essential for language learning. They can also help learners to set goals, track progress, and stay motivated.

Furthermore, a human teacher can assess students' progress and adapt the curriculum to their specific needs and learning styles.

In conclusion, while I can be a useful tool to assist with language learning, it would be challenging for an ESL learner to learn a new language exclusively with just ChatGPT. A human teacher is needed to provide the emotional support, cultural context, and personalization that are essential for effective language learning.

But would it be enough, let us say, for 'international English', i.e. to learn the kind of English language that is usually spoken in academic international meetings?

It is possible that an ESL learner could use ChatGPT to improve their knowledge of the kind of English that is spoken in academic international meetings, often referred to as "international English". However, it would likely not be enough on its own.

International English is a standardized form of the language that is often used in academic, scientific and professional contexts. It can be characterized by a formal register, specific vocabulary and grammar structures. While I can provide students with practice and feedback on grammar, vocabulary, and writing, learning International English also requires exposure to authentic materials, such as academic papers, professional reports, and scientific journals, as well as interaction with native speakers who use this variety of English.

Additionally, it requires practice and repetition, which is best achieved through immersion and interaction with native speakers, as well as feedback from a human teacher.

Furthermore, a human teacher can assess students' progress and adapt the curriculum to their specific needs and learning styles, and also provide guidance, feedback, and emotional support, which are essential for language learning.

In conclusion, while I can be a useful tool to assist with learning international English, it is not enough on its own. An ESL learner would benefit from a combination of using my resources and services, as well as having access to authentic materials, interaction with native speakers and guidance from a human teacher.

Can you correct my spelling, or mi gramar, if I ask you it to do, this question for instance?

Yes, I can correct your spelling and grammar if you ask me to. For example, in your current question, you wrote "mi gramar" instead of "my grammar" and "Can you correct my spelling, or mi gramar, if I ask you it to do, this question for instance?" instead of "Can you correct my spelling, or my grammar, if I ask you to do it, in this question for instance?".

Keep in mind that my ability to correct grammar and spelling is not always perfect and I may make mistakes as well. It's always a good idea to consult multiple sources for grammar and spelling checks, and to consult with a human teacher or tutor for additional feedback and support.

Teachers are worried about the possibility that students use ChatGPT, or any other AI form, for plagiarism as never before. Are we right?

It's true that technology has made it easier for students to access information, including text, and that this may increase the potential for plagiarism. ChatGPT, and other AI forms, can generate text that is similar to that found in existing sources, which could make it easier for students to plagiarize.

However, it's important to note that plagiarism is not a new problem and that it can be addressed through education and the use of plagiarism detection tools. Teachers can educate their students about the importance of academic integrity and the proper way to use and cite sources. They can also use plagiarism detection tools to check students' work for similarities to existing text.

Additionally, AI-generated text can also be used as a tool for plagiarism detection, as it can help to identify passages of text that are too similar to existing sources.

It's also important to note that, as a AI model, my main function is to assist users in generating text, and not to plagiarize. However, my users should always be aware of the importance of academic integrity and proper citation, and use my assistance accordingly.

In conclusion, while technology may make it easier for students to access information and potentially plagiarize, it can also be used as a tool to detect plagiarism and promote academic integrity.

Have you detected any plagiarism in my questions? Are they very common questions addressed to you?

As an AI language model, I do not have the capability to detect plagiarism. My main function is to understand and respond to natural language inputs based on the text data that I was trained on.

As for your questions, they are not very common and are specific. However, questions about the use of AI in education, the potential impact on employment and the potential for plagiarism are topics that have been raised before and are relevant.

It's important to remember that plagiarism is not only limited to text-based works, but also includes visual, audio and other types of works, so it's important to be aware of the academic integrity guidelines and proper citation methods in any type of work, whether it's a text, a video, a podcast or any other format.

If you have any doubts about academic integrity and plagiarism, it's always a good idea to consult with your teacher or a tutor for guidance and support.

When you read a question, let us say a long question, by someone who is using English as a second language, can you detect his or her first language?

That model is currently overloaded with other requests.


Esto último, después de una meditación breve pero menos de lo habitual. O sea, que se cansó de mí. Hasta otra.