27 dic 2021

Aprendizaje y Desarrollo Profesional para la Transformación Educativa Digital

Se acabó el tiempo de la innovación como iniciativa del profesor en su aula; se acabó la idea de la digitalización como adopción de herramientas de mejora; se acabó la visión dual, binaria, aunque se diga híbrida, de lo presencial y virtual, analógico y digital. Estamos en el umbral de una transformación educativa impulsada por, asentada sobre y  alineada con la gran transformación informacional. Algo de contados precedentes: hace muchos decamilenios que el habla posibilitó a nuestra especie, y solo a ella, la educación; hace algunos milenios, la escritura exigió en las grandes civilizaciones crear un puñado de escuelas; hace ya casi seis siglos, la imprenta generó la tecnología para la escolarización generalizada, aunque con un modelo forzado, de lenta y difícil expansión y rendimiento decreciente. Hoy vivimos ya en plena revolución digital, si bien apenas en el umbral de una nueva época. Vivimos un cambio de época, como suelen enfatizar expertos y políticos, pero hacia una época de cambio, en un sentido hasta hoy desconocido: cambio a velocidad exponencial, de alcance global y con una profundidad sin límites visibles que dejará muy atrás el panta rei helenístico, el progreso propio de la modernización y hasta el marxiano desvanecimiento en el aire de todo lo que parecía sólido.

Si miramos a nuestro alrededor, y a los ya casi dos años de pandemia, y evitamos que los árboles nos impidan ver el bosque, el diagnóstico es claro para la escuela. Aprendamos de los árboles de innovación y los brotes de transformación, reconozcamos los esfuerzos personales y grupales innovadores y celebremos los avances de la digitalización, pero que nada nos haga perder de vista el diagnóstico general: la brecha digital entre escuela y sociedad, la profunda brecha que se agranda entre un aparato escolar anclado en un modelo creado por los monjes hace ya medio milenio y asumido por los estados-nación en los dos últimos siglos (el del aula-huevera, el horario en parrilla, el procesamiento de los alumnos por lotes, el solipsismo docente, la enseñanza transmisiva…), más la creciente desigualdad entre centros y entre docentes (y por tanto, entre alumnos: una tercera brecha que hunde todavía más a los más vulnerables en las dos primeras, de acceso y de uso).

A pesar de no pocas iniciativas de distinto alcance e impacto que marcaron y marcan el camino a seguir, a día de hoy el balance general de este siglo digital es todavía el de la mera digitalización: solo una tecnología castrada para no disturbar, o incluso para reforzar, los viejos métodos ha logrado abrirse paso (las PDI, los PPT, el PDF…).  La enseñanza remota de emergencia (nada de híbrida) en el confinamiento fue otra lección: excepciones aparte, solo supimos sacar de las aulas una versión empobrecida y rígida de algunas rutinas escolares, mucho menos que lo que la tecnología permite aunque más que lo que se había hecho hasta entonces. Es de todo punto inaceptable que la escuela, en la que aprendizaje y enseñanza son en gran medida información y comunicación (sin olvidar por ello el cuidado), obligada a trabajar por y con el futuro en mente y para un alumnado ya plenamente inmerso en el ecosistema digital, siga fuerte y mayoritariamente anclada en la era Gutenberg (el libro), incluso en su versión descafeinada (el libro de texto como eje vertebral), si acaso interesada en una innovación de corto alcance, cuando la mayoría de las organizaciones privadas (empresas y asociaciones) y buena parte de las públicas (administraciones) están plenamente inmersas en la transformación digital o, por lo menos, lo intentan.

Pero la necesidad perentoria del cambio no lo hace más fácil. Diseñarlo, llevarlo a la práctica y desarrollarlo con éxito requiere el trabajo de muchos actores en no pocos frentes. Uno de ellos, por supuesto, es el del aprendizaje y el desarrollo profesionales, y a ese es al que apunta la iniciativa conjunta de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) al lanzar el título propio Máster Avanzado en Innovación y Transformación Educativa, que para 2022 arranca la preinscripción en enero, la matrícula en febrero y las clases en marzo, todo ello en línea. El máster, o magíster, se dirige a un elenco amplio: innovadores más allá del aula, líderes en la práctica profesional, directivos de equipo en centros y redes y autoridades en cualquier nivel. Esta colaboración da continuidad a la trayectoria innovadora de la ILE, se inscribe en el programa regional de transformación digital de la educación dela OEI y amplía el proyecto transformador de la Facultad de Educación de la UCM.

El programa de la parte lectiva (con un cuadro docente de excepción) recoge la amplitud de la tarea con cuatro grandes módulos dedicados a la delimitación de los fundamentos, la transformación digital, la transformación educativa y el liderazgo innovador. Se descomponen en catorce BEA (bloques de enseñanza - aprendizaje) y tres BAI (bloques de aprendizaje independiente). Cada BEA se inicia con una clase o lección y se acompaña con una tutoría, ambas síncronas, pero el grueso del tiempo se dedica al trabajo independiente y en equipo. Los BAI integran itinerarios de aprendizaje basados en una selección de recursos externos de especial calidad. Cada BEA o BAI requiere del alumno trabajo individual colaborativo (en pequeño equipo), la entrega de un resultado y la participación en un proceso doble ciego de revisión por pares, y la evaluación se realiza por módulos. 

La parte práctica se compone, como lo requiere cualquier máster, de prácticas profesionales y un trabajo final. La particularidad de este título es que las prácticas deberán ser en establecimientos escolares, instituciones o empresas de la educación inequívocamente punteros en la innovación y la transformación educativa, seleccionados y acordados con la dirección del título, así como que podrán ser total o parcialmente en línea, distribuirse en el tiempo ser integrados en un proyecto único.

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