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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

20 sept. 2015

Los dichosos cacharritos y la OCDE

El reciente informe de la OCDE Students, Computers and Learning: Making the Connection, ha levantado una curiosa polvareda mediatica. Si leemos las informaciones, y más aún los titulares, la prensa viene a decir que los ordenadores en la escuela, o no tienen ningún efecto, o son incluso perjudiciales para el aprendizaje. No he podido evitar la tentación de coleccionarlos, y a continuación van, aunque recomiendo seriamente al lector que se sale el listado y pase a lo que sigue.

No es eso lo que plantea la OCDE, sino afirmaciones mucho más matizadas. Entre ellas, por supuesto, que los ordenadores por sí mismos, y menos aún en un país con un sistema educativo razonablemente dotado y organizado, no solucionan los problemas ni producen milagros (otra cosa es donde no hay nada, o las escuelas son lamentables). Quien tenga interés puede seguir los detalles: tener ordenadores es mejor que no tenerlos, tener más no es necesariamente mejor que tener menos, algunos países con excelentes resultados PISA no son de los que más usan el ordenador en el aula, etc., etc. Las informaciones suelen quedarse con el detalle de que Singapur, Corea o Finlandia los usan poco en la escuela, sugiriendo implícitamente que, a menos ordenadores, mejores resultados. Lo que olvidan señalar es precisamente lo que hay que subrayar: que esos países tienen los más elevados índices de conectividad y equipamiento informático personal y, sus adolescentes, un alto nivel de alfabetización digital.
Y esto nos lleva a la segunda cuestión, que es la más importante: lo que la OCDE dice en este informe, y lo que viene diciendo desde hace ya tiempo, es que los resultados escolares asocian poco o lo hacen negativamente con el uso de ordenadores en el aula pero positivamente con su uso en el hogar, y poco o negativamente con el tiempo de uso pero positivamente con la variedad de ese uso, como en su día expliqué en esta entrada: ¿Una generación escolar echada a perder por la informática? Nada nuevo bajo el sol.
Mirando hacia atrás en las hemorotecas, por cierto, he encontrado también los siguientes titulares y entradillas:)


De la revista Diálogos. Atenas, c. 500 aC.
La escritura pervierte el aprendizaje
El formador de formadores Sócrates, en declaraciones al reportero Fedro, pone de manifiesto el fracaso de la escritura, que provoca un derrumbe en el nivel de los alumnos, por lo que recomienda mantenerla lejos de la ensñanza. Con ella, dice “das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque, cuando vean que puedes aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes.” Hermes, el Mensajero.


Del periódico El Mercader. Venecia, c1481
Cuantos mas libros, peores hábitos de estudio
“La abundancia de libros hace a los hombres menos estudiosos”, afirma el conocido humanista Hieronimo Squarciafico. Sabe bien de lo que habla, pues trabajó largo tiempo en Aldine, la imprenta-editorial que introdujo la cursiva (itálica) y del libro de bolsillo (en octavilla). Lo mismo dicen, al otro lado del Mediterráneo, muchos educadores de las madrasas, que creen que el uso de más de un libro socava la eficacia del adoctrinamiento.


De la emisora La Voz. Kalahari, mediados sXX
Cunde el déficit de atención a la sombra del baobab
Según fuentes bien informadas, la casta de los narradores de historias (griots, cuentacuentos y otros) quiere alertar a las tribus de lo disruptivo que resulta que los jóvenes lean libros o escuchen la radio. “Vino uno con un libro que llamaba Antología”, declara indignado Kung, “queriendo cambiar de leer y comentar una historia cada día, en vez de repetir y memorizar todos los días las de nuestros antepasados.”