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11 feb 2016

Una lección de sociología –y de política


Extractos de mi artículo en RASE 9,1. Ver texto completo.
El 2 de julio de 1964, dos días antes de la fiesta nacional norteamericana, entraba en vigor la Ley 88-352, 78 Stat. 241, de Derechos Civiles (Civil Rights Act of 1964), prohibiendo toda forma de discriminación basada en la raza, el color de la piel, la religión, el sexo o el origen nacional. Incluía el mandato de investigar la segregación racial en las escuela públicas, un trabajo que el Departamento de Educación iba a encargar directamente a comienzos de 1995. He ahí el origen del llamado Informe Coleman, más propiamente Equality of Educational Opportunity Survey (Coleman, 1966).
James S. Coleman
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Como suele suceder con estos informes, casi nadie los lee pero todo el mundo habla de ellos, y lo que se extendió sobre éste fue que lo importante era la familia, no la escuela. “¿Imaginas lo que ha encontrado Coleman? Las escuelas no cuentan nada, lo que cuenta es la familia.” Así aseguraba Godfrei Hodgson (1975:22) que se lo resumió Seymur M. Lipset a Daniel P. Moynihan [...]
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En un primer momento, las conclusiones del informe no agradaron a quienes esperaban una legitimación de las políticas educativas de la Gran Sociedad, el ambicioso programa de lucha contra la igualdad y la discriminación lanzado por la presidencia demócrata de Johnson. Si los recursos escolares no eran tan relevantes como se esperaba, ¿para qué seguir gastando en programas de educación compensatoria o interfiriendo desde el gobierno federal en las políticas locales?
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Un decenio más tarde, su análisis se tornó más escéptico. En 1973 fue invitado por el Urban Institute de Washington a contribuir a un libro conmemorativo de su segundo centenario y decidió analizar las tendencias en la integración racial en las escuelas. Tras estudiar datos la de Comisión de Derechos Civiles sobre dos decenas de distritos escolares, llegó a la conclusión de que el traslado de alumnos negros a escuelas situadas fuera de sus barrios, para convertirlas en interraciales, estaba provocando, intensificando o acelerando la huida de familias blancas a zonas racialmente más homogéneas, es decir, sin negros.
Ruby Bridges escoltada, Mississippi, 1960
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Antes de este informe, la calidad escolar se identificaba con la cantidad de recursos empleados. Una escuela con más profesores, o con profesores de credenciales más avanzadas, se consideraba mejor que otra con menos, lo mismo que con otros indicadores de cualquier otro servicio: ratios más bajas por aula, más camas hospitalarias por habitante, etc. El propósito del informe era precisamente detectar el desequilibrio en los recursos y justificar su reequilibrio. Pero, al añadir los tests de aptitud y rendimiento [...], Coleman dio el salto de los factores al producto, del input al output: ya no se trataba, o no sólo, de ver cuántos medios tenían las escuelas, sino de qué eran capaces de conseguir con ellos.
No obstante, Coleman se mantuvo aferrado a la perspectiva de analizar la escuela, como los economistas hacen con la empresa, a partir de un modelo de función de producción: x factores producen y producto. Al hacerlo se mantenía, con todas sus limitaciones, la perspectiva de la caja negra: se veía qué entraba (recursos) y qué salía (resultados) de la escuela, pero no qué sucedía dentro de ella. 
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Por ultimo, cabe decir que el informe redefinió, y con efectos sustanciales, la igualdad de oportunidades. El concepto de tal que manejaba la Ley de Derechos Civiles y que latía tras el encargo de la investigación era que las oportunidades eran los recursos: si los niños negros van a las mismas escuelas, tienen iguales profesores y son beneficiarios del mismo gasto… entonces hay igualdad de oportunidades. Pero lo que Coleman vino a decir fue que, a pesar de todo eso, no las tenían, que si sus resultados eran tan desiguales con recursos iguales era que iguales recursos no representaban iguales oportunidades. En definitiva, desplazó la atención de la igualdad de oportunidades escolares a la igualdad de resultados, también escolares.
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El caso es que los truenos de Zeus cayeron sobre Coleman. Zeus era, en el año 73 y el Olimpo sociológico, Alfred McClung Lee, de quien ahora sólo unos pocos ancianos se acuerdan y a la mayoría de la profesión no le suena de nada, ni siquiera allí. Era entonces el presidente (1976-77) de la American Sociological Association y decidió nada menos que pedir aparatosamente la condena y expulsión de James Coleman. No consiguió ni una ni otra [...]. 
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12 ene 2015

Invertir más, gastar mejor y lograr un sistema más justo

Crisis, austeridad y recortes; fracaso escolar, abandono prematuro y desempleo juvenil; aumento de la desigualdad, retroceso de la movilidad, revalorización del capital humano: todo esto trae de nuevo a colación, con más fuerza que nunca, la problemática de la financiación de la educación. ¿Qué educación debe ser gratuita y qué otra de pago? ¿Cuánto, en qué y cómo gastar? En estos días he publicado dos textos, de distinto alcance, sobre el tema. Uno, muy breve, una pequeña columna en La Vanguardia (¿A dónde debe ir el dinero?) que reproduzco aquí entera; otro, mucho más amplio, un artículo en la revista Avances en Supervisión Educativa (Del derecho incompleto a la educación: gratuidad escolar, costes indirectos y política educativa) del que reproduzco aquí el resumen, pero puede leerse en íntegro en el enlace anterior.

¿A dónde debe ir el dinero?

Un sistema escolar que satisface a pocos, un gasto púbico siempre menor que 5% del PIB, recortes producto de la austeridad europea y la insensibilidad de las derechas... a las puertas de la sociedad del conocimiento y a la cola de Europa 2020. Obvio: hay que gastar/invertir más. Lo ya nada obvio es en qué ni cómo, pero vayan unas recomendaciones generales:
  1. En la educación de todos antes que en de una (incluso amplia) minoría. Por tanto, en hacer efectiva la igualdad 3-18. Desde los 3, porque es imprescindible y ya es universal. Hasta los 18 porque asumimos el objetivo del 85-90% con título post-obligatorio, que implica dar opción a todos.
  2. En los costes indirectos de 3-18: libros y material escolar, comedores, transporte, custodia, apoyo académico y un módicum de extraescolares. Es de justicia educativa y supone poca redistribución.
  3. En el refuerzo a quienes llegan con el lastre de una desventaja social: oferta obligatoria en Infantil-I, compensación y apoyos en toda la obligatoria, becas y ayudas recuperables y por mérito en la superior.
Y dos errores fatales a evitar:

  1. Gastar en más de lo mismo, que es lo que las organizaciones piden: más docentes, ratios más bajas, menos horas... El modelo está obsoleto y hay poco que ganar reforzándolo.
  2. Gastar más donde se oiga más ruido. El fragor viene de sindicatos docentes y de estudiantes universitarios, que tienen más músculo y más voz y marcan la agenda de otros sectores (alumnos, padres) y actores (partidos, intelectuales, medios), pero las suyas no son las necesidades más perentorias, ni las reivindicaciones más justas ni las inversiones socialmente más rentables.
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Del derecho incompleto a la educación: gratuidad escolar, costes indirectos y política educativa

Resumen
Se examinan los costes indirectos de la educación asociados a la escolarización gratuita y financiados como gasto familiar, particularmente para las etapas obligatoria y de oferta obligatoria. Se discuten más detalladamente las implicaciones para los libros de texto, los comedores y las actividades de apoyo. Se examinan las consecuencias de este gasto familiar para la gratuidad y sus efectos en términos de la igualdad o desigualdad educativa y social. Por último, se analizan implicaciones de todo ello con los intereses colectivos en juego y para la política educativa.
 
Palabras clave: 
Justicia escolar, gratuidad, equidad educativa, libros de texto, comedores, actividades de apoyo, eficacia escolar, eficiencia escolar
A half-way right: free education, indirect costs, and educational policy

Abstract
This paper examines those indirect costs of education associated to state funded schooling that come to be privately financed by families, specially those linked to mandatory or mandated provision schooling. Discussion is more detailed about textbooks, school meals and academic support activities. Then we study the consequences of this private spending for gratuity and its effects related to educational and social equality or inequality. Finally, we analyze the implications related to sectional interests at stake and educational policies
Key words: 
Educational justice, gratuity, educational equity, textbooks, school meals, academic support, school effectiveness, school efficiency

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