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8 may 2014

De la alergia escolar (española) a las TIC

     Atención a este sencillo contraste de datos, originarios todos de la Agenda Digital Europea. En el año 2013 (ver gráfico 1, debajo), España es el país europeos en que más empleados (asalariados, autónomos y ayudas familiares sumados) están realizando un curso en línea, en lo que sea. Por delante de todos y con un porcentaje casi doble (13.1) que la media de la Unión Europea (6.7). Suena bien, ¿verdad?
1. Empleados que realizan un curso en línea, cualquier tema, 2013, UE

     Si pasamos a los desempleados (gráfico 2, debajo), que aquí no son precisamente un pequeño colectivo, ni la posición ni la ventaja son ya tan espectaculares, pero siguen siendo muy buenas. España ocupa el segundo lugar, por detrás sólo de Holanda, y su porcentaje (8.6) sigue estando sensiblemente por encima del de la UE (6.4). Que nos sobrepase aquí Holanda puede tener que ver con su elevado nivel de infraestructura y cultural y también con una política activa de mercado de trabajo (más orientada a recualificar y recolocar que a mantener las rentas), pero esto es sólo una especulación y no es el tema principal.
2. Desempleados que realizan un curso en línea, cualquier tema, 2013, UE
      Cuando llegamos a los estudiantes (gráfico 3, debajo), sin embargo, la posición y el porcentaje se desploman. Nada terrible en sí mismo, pues España pasa al octavo lugar porque el porcentaje de sus estudiantes que hacen cursos en línea (12.2) es apenas un poquito menos que en el conjunto de la Unión (13.7).
3. Estudiantes que realizan un curso en línea, cualquier tema, 2013, UE
     La cuestión aquí es la relación entre unos porcentajes y otros, que en mi opinión indica la falta de respuesta de las instituciones educativas a las necesidades de la población y del mercado de trabajo y su escaso aprovechamiento de las oportunidades que ofrece la tecnología. Quizá la mejor indicación sea la escasa proporción de empleados que afirman haber adquirido sus competencias en el uso de las TIC, sean las que sean, en la institución escolar (gráfico 4, debajo). Sólo en Italia y Rumania, entre una treintena de países europeos, se aprende menos que en España.

4. Ocupados que aprendieron TIC en la escuela, 2013, UE



11 abr 2014

¡Campeoooonees... en abandono escolar!

    Hoy ha publicado Eurostat una nota de prensa con resultados actualizados sobre abandono escolar prematuro en los países europeos, con datos de 2013. España sigue, lamentablemente, en cabeza con un 23.5%, a pesar de un sensible pero leve descenso desde el 24.9% de 2012. Le siguen Malta, con el 20.9&, y Portugal, con el 19.2%.
    Ocho años antes, en 2005, el podio era el mismo, pero el orden era bien distinto: Portugal 38.8%, Malta 33.0% y España 30.8%. Las cifras cantan: mientras esos dos países han reducido espectacularmente su abandono el nuestro apenas lo hace a la velocidad de las placas tectónicas.
Dejo para otro día, si acaso, discutir lo que han hecho estos otros campeones (del abandono, pero también de su reducción). En el caso español parece claro que este lento -exasperantemente lento- descenso lo es porque sus causas son simplemente exógenas: el pinchazo del empleo fácil para jóvenes no cualificados producido por el derrumbe de la construcción y la mala racha del turismo. En el interior del sistema, de momento, no ha cambiado nada.
     Pero lo importante no es qué provoca esta tan discreta reducción, sino qué no hacemos para producir, o qué hacemos para no conseguir, una reducción más sustancial, y eso es no reformar adecuadamente nuestro ineficaz, ineficiente e injusto sistema escolar. No hemos avanzado en asegurar a todos el éxito en Primaria y la ESO y tampoco lo hemos hecho en ofrecer a todos alguna vía de continuidad en el sistema con independencia de haber alcanzado o no ese éxito. También en sabido que estamos a la cola, y con mucho, en retención del alumnado (lo contrario del abandono), que depende de las notas, mientras que estamos por debajo de la media, pero por muy poco, en niveles de aprendizaje (sea que se midan las competencias, como en las pruebas PISA, o los conocimientos, como en las pruebas TIMMS y PIRLS), lo que puede resumirse diciendo que exigimos demasiado pero enseñamos demasiado poco (perdón: quizá enseñamos mucho pero ellos aprenden poco, ¡ay!).
    Esa era la contradicción de la LOGSE: una ordenación (exigir el graduado escolar para cualquier tipo de formación profesional) pensada como si todo el mundo fuera a alcanzar el éxito, o un proceso de selección tan desenfadado como si tuviésemos opciones de continuidad para todos. Y la LOMCE lo va a arreglar por la puerta de atrás, por la vía baja, aceptando el fracaso en el tronco común y despachando a un tercio de los alumnos por el evacuatorio de una formación profesional venida a menos, vulgo básica. Así se reducirá el abandono, pero a costa de conformarse con mucho menos.
   Y hay algo, diría yo, todavía más triste. El objetivo de Europa 2020 es reducir el abandono al 10%, pero cada país lo adapta a sus circunstancias: su punto de partida, su disposición y su confianza en sí mismo. Portugal y Malta, por ejemplo, lo han asumido tal cual: 10%. Catorce países, la mitad de la UE28, se han fijado objetivos más ambiciosos, siendo el récord el 4.5% que se propone Polonia (ese país que, en la UE, se equipara a España en población y otros aspectos, pero que con una economía mucho más débil persigue una educación mucho más fuerte). Sólo cinco países se plantean objetivos menos ambiciosos que el 10%: Bulgaria (11%), Rumania (11.3%). Latvia (antes Letonia, 13.4%), España (15%) e Italia (16%). Sólo Italia nos salva... excepto porque su abandono real está ya en el 17.6%, de modo que ya están en condiciones de aspirar a más, mientras que nosotros, si no revisamos nuestras políticas y nuestras instituciones al alza, tendremos revisar nuestros objetivos a la baja.