14 dic. 2014

Lo del teclado sólo es el principio

    El anuncio de que las escuelas finlandesas sustituirán el aprendizaje obligado de la caligrafía cursiva por el del uso del teclado qwerty ha provocado un llamativo debate en los medios y en el gremio. Llamativo, digo, antes que interesante, porque más que ir al fondo del asunto revela la superficialidad de algunos tópicos en torno a la escritura.

    Lo primero que llama la atención son los abundantes equívocos y equivocaciones. Algunos han creído entender que Finlandia abandonaba sin más escritura manual, en vez de una forma de caligrafía. No ha faltado quien confunde la escritura cursiva (o enlazada, cualquiera que sea su pendiente) con la itálica (o inclinada hacia delante, sea enlazada o discreta). Casi nadie parece recordar que ya se han abandonado sin pena ni gloria otras formas de escritura. Yo recuerdo todavía un maestro que no permitía el uso de de la pluma estilográfica, o de fuente, sólo la plumilla o plumín, esa que se insertaba en el extremo del portaplumas y se debía cargar con cuidado en el tintero. Antes ya había tenido lugar otra penosa sustitución, la del tintero incrustado en el pupitre, inamovible y dado a salpicar, por el frasco tintero de cristal, portátil y de cierre hermético; después colearía el asunto en la resistencia del tiralíneas (recto o de compás) a dejar paso al rapidógrafo (o su epónimo rotring); y supongo que, en su día, no faltarían defensores de la pluma de ganso frente al mango de madera y el plumín de acero. Cabe recordar también que, antes de la cursiva, ya se dejó de enseñar la escritura gótica. Yo me libré de esta, salvo algún ejercicio anecdótico; en cambio, aprendí con mi madre caligrafía, otra forma de escritura que ha pasado a la historia.

    Resulta penoso oír o leer a tanto experto desgranando lo que se va a perder o a deteriorar con el paso de la cursiva al teclado: el esfuerzo y la complejidad, la capacidad lectora, el pesamiento profundo, la lateralidad, la personalidad, claves sensoriomotoras, la diferenciación de monemas y palabras, la comprensión, la codificación en la memoria, la motricidad fina, la expresión de los sentimientos (véanse algunas perlas: 1, 2, 3, 4..., aunque también ha habido contrapuntos: 1, 2...). La generalidad de las llamadas de alarma entran dentro lo que podríamos llamar la falacia funcionalista, es decir, la idea de que si algo cumple o ha cumplido una función nada puede ni podrá sustituirlo en ella.
   La cuestión es otra. La escritura manual no se introdujo en la escuela por ninguno de los loables efectos que ahora se le atribuyen sino, sencillamente, porque el texto se estaba convirtiendo en la interfaz masiva en el nuevo contexto formado por la ciudad, el estado moderno, la ley, la fábrica, la reforma o la imprenta, es decir, en el territorio, la economía, la política y hasta la religión. Pero  el entorno vuelve a cambiar y ahora es digital, lo que implica teclados y pantallas, de momento, y esto es lo que todos deben aprender y lo que la escuela debe enseñar. La escritura manual se mantendrá, pero que lo haga en mayor o menor medida la caligrafía es secundario y dependerá de con qué otros aprendizajes tenga que competir por los recursos escasos. La escasez de tiempo permite anticipar que la escritura manual deberá ceder ante el teclado y la pantalla, como ahora anuncia Finlandia y como venía sucediendo hace tiempo en numerosas escuelas norteamericanas (EEUU no es precisamente un faro en materia escolar, pero sí tecnológica, cultural y económica). La limitada competencia digital de buena parte del profesorado, por el contrario, permite anticipar que habrá una fuerte resistencia, pero esa es otra historia.
    Es sólo cuestión de tiempo. Entrará el teclado, como están entrando el ratón y la pantalla táctil, y como lo hará eventualmente cualquier otro interfaz que pueda desarrollarse y cuyo manejo no sea puramente intuitivo. Entrarán los medios audiovisuales, la mezcla (mashup) y la remezcla (remix) desplazando en parte al texto, como ya están entrando los videojuegos el software educativo, desplazando al libro de texto. Quién sabe si la próxima ley no restituirá cono, o sea, el Conocimiento del Medio, pero esta vez natural, social... y digital; o si a las ciencias naturales y sociales se añadirán las computacionales.