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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

16 may. 2014

En el reino de la gran bola

     Tomo el título, desdramatizado,  del clásico de Ante Ciliga, comunista croata-yugoslavo que pasó diez años en la Unión Soviética y resumió en él su memoria de los mismos: En el país de la gran mentira. No es que vaya a escribir una necrológica del autor (murió en 1992) ni una reseña de su obra (aparecida en Francia en 1938), que recomiendo, sino que no puedo evitar que el título me venga obsesivamente a la cabeza cuando leo, en PISA in Focus 22, que me llega hoy, la consabida estadística según la cual España está entre los países en que se dan más horas de clase, esa que periódicos, claustros, sindicatos y aficionados repiten sin descanso. Ya lo ven aquí abajo: el cuarto país por el total de horas en la educación obligatoria.
     La primera trampa está en considerar o no el número de años. De los países que se recogen en el gráfico dos suman once años de primaria y secundaria, seis suman diez, diecinueve suman nueve y seis suman ocho. Resulta elemental, pues, que el total de horas español sólo es comparable sin matices con seis de ellos: los que, como nosotros, totalizan diez años. Los de once años también aventajan a España en horas (Australia e Irlanda), y, de los otros cinco de diez, uno aventaja a España en horas (Países Bajos), dos se sitúan inmediatamente detrás (Luxemburgo e Islandia) y otros dos algo más lejos pero por encima de la media de la OCDE (Dinamarca y Noruega). O sea, que se ha hecho mucho ruido por muy pocas nueces.
     Pero si acudimos a la fuente original de los datos, la Tabla D1.1 del indicador D1 de Education at a Glance (menos expresiva y vistosa pero más exacta y explícita que el gráfico), podemos ver el cómputo de horas anuales en que se basa el gráfico. Nuestro país aparece, entre los treinta y dos de la OCDE de los que se recogen datos, en el puesto noveno o décimo (dependiendo de si se considera el horario nominal o real de la Bélgica francófona) en educación primaria, con 875 horas anuales, y el tercero o el cuarto (lo mismo, esta vez por Francia)  en la secundaria obligatoria, con 1050 horas.
     Ahora bien: ¿de dónde sale ese cómputo? Las 875 horas de primaria proceden de multiplicar 175 días de clase por 5 horas diarias. ¿Cinco horas? Más despacio: cinco horas incluido el recreo, oficialmente de media hora, lo que significa que las 875 horas anuales se quedan en 787,5.
En cuanto las 1050 horas de la ESO, pues lo mismo, sólo que multiplicando por seis, con lo que al descontar los recreos se quedan en 962,5. Hay algunas honrosas excepciones, pues el horario oficial es de 30 horas y unos pocos centros lo aplican a rajatabla, pero la inmensa mayoría opta por esa invento española que es la hora de 55 minutos, lo que en conjunto significa 30 minutos menos al día, o sea, el ya citado total reducido.
     Sumadas primaria y secundaria obligatoria darían ahora un total de 8.575 horas en diez años, lo que colocaría a España en el noveno o décimo lugar, sólo con más horas que Noruega y Dinamarca entre los seis países con diez años de enseñanza obligatoria y por detrás incluso de alguno con nueve. Menos bolas.