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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

9 ene. 2005

¡BALONES DENTRO!

Ésta es una revista para profesores, no para alumnos, ni para padres, ni para las administraciones públicas, ni para la ciudadanía en general. Pues, bien: el día 7 se hizo público el Informe PISA 2003, un revolcón para la secundaria, y el 8 escribía ya al diario de mayor tirada un profesor de secundaria culpando a familias, leyes y políticas educativas, acordándose de sí mismo sólo para lamentar haber perdido autoridad, y el hijo de una profesora culpaba a los que no quieren estudiar. La consigna es clara: ¡Balones fuera! No creo que yerre si digo que será la tónica en el resto de la prensa y, sin duda, en muchos centros a la hora del café. Pero ésta revista es para profesores, quedamos. Los demás habrán de aguantar, cada uno, su vela, y tendrán sus propios foros para ello.
Las escuelas no son máquinas, ni fábricas, en que el producto está inscrito en el sistema, sino instituciones en las que profesionales con mucha autonomía —los profesores—, trabajan con y sobre elementos bastante plásticos, —los alumnos— en un proceso muy flexible y algo incierto —el aprendizaje—. Consecuencia: los resultados dependen poco del sistema y mucho de los agentes, como en todas las instituciones, y la responsabilidad de aquél es precisamente dotar de recursos, pero también de autonomía y de responsabilidad a éstos. Pero aprender es un derecho/obligación universal, mientras que enseñar es un trabajo voluntario y retribuido. El mal resultado medio de los alumnos españoles es sólo eso, una media. Tras ella hay grandes diferencias de resultados que obedecen a no menores diferencias de procesos de los alumnos y en los centros. Hemos decidido vencer las primeras, pero todavía no somos capaces de afrontar las segundas.
La pregunta es: ¿has hecho tu parte? La Constitución de 1812 imponía este cierre al juramento de cualquier cargo: “Si así lo hiciereis, Dios os lo premie, y si no, os lo demande.” Dejando a Dios de lado, la idea es buena.
(Publicado en Escuela)