21 jul. 2010

El país más limpio

Quien viaje a Japón se llevará enseguida una primera y agradable sorpresa: la limpieza de las calles (y de los parques, las paredes, los servicios...). Pondrá entonces especial cuidado en deshacerse de cualquier residuo sólo en el recipiente adecuado, momento en que llega la segunda sorpresa: ¡no hay apenas papeleras ni contenedores!  Un español -al menos yo- llega a vivir como un problema la prolongada y reiterada búsqueda de lugares donde disponer de papeles, botellas, etc.
En España, sin embargo, hay papeleras por doquier, pero eso no impide que las calles estén llenas de papeles, colillas, chicles, botellas, deyecciones caninas, etc., que millones de personas -millones no, pero millones sí- esparcen con gracia sin par según caminan, conducen o esperan sin la menor vacilación. Después de todo, ¿no es la calle para eso? Incluso he llegado a oir que mejor así, pues con ello se crean empleos para barrenderos y demás que, de otro modo, desaparecerían (lo que es tanto como decir que la gente que los desempeña no vale para otra cosa).
Sin duda la pulcritud japonesa se apoya en muchas patas, pero quiero llamar la atención sobre una: el hecho de que, desde su más tierna a infancia, los alumnos aprenden en la escuela (es decir, en la primera y fundamental institución fuera de la familia y el espacio más visitado fuera del hogar) a ocuparse de la limpieza. Todos los días, normalmente después del almuerzo (que suele realizarse en el aula y dura, junto con un rato sucesivo de descanso, unos 70 minutos), o bien al final de la clase, limpian las aulas, lo que quiere decir que quiten el polvo hasta del último rincón, dejan los pupitres colocados e impolutos, friegan los suelos, etc., etc. Para los educadores japoneses no se trata simplemente, ni mucho menos, de una cuestión práctica, sino de una manera más de responsabilizar a los alumnos por la escuela y de formar sus hábitos carácter. A la vista está, en la escuela y fuera de ella, que da resultado.
Debo añadir, sin embargo, que mi primera sorpresa a este respecto no me la llevé donde más la esperaba, en Japón, sino donde menos podía hacerlo, en los Estaods Unidos. En contra de la imagen tópica de los EEUU como el reino del grafitti, me sorprendió hace ya un cuarto de siglo que muebles y paredes en aulas, pasillos, servicios y otras dependencias estuvieran en las universidades norteamericanas infinitamente más límpios, cuidados y respetados que en las españolas. En Japón porque la han heredado (o así lo creen), y en los Estados Unidos porque la han creado (o así lo sienten), la propiedad pública, el patrimonio de la comunidad, son sin duda mucho más respetados que entre nosotros, donde exigimos todo al común pero le damos muy poco.
(Las fotografias aquí incluidas son de Peggy Steffens. Yo lo vi, pero no tuve ocasión de fotografiarlo.)

6 comentarios:

  1. ¡A mi niña no la pone usted a limpiar! Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Anónimo10:11

    La cuestión está en las distintas concepciones de lo público y lo privado, lo individual y lo comunitario. Los españoles tenemos un exagerado concepto individualista de "LO MÏO". Por eso en España coexisten elevados índices de limpieza en los hogares y de buena higiene personal con la suciedad y la dejadez en las calles. Por las mañanas es frecuente ver a gente que limpia su rincón de la acera sin recoger la porquería, echándola a un lado que ya no es "suyo". De ahí que alumnos y profesores suelan habitar el ámbito escolar con este mismo criterio esquizoide."¡Que limpien las señoras de la limpieza, que para eso las pagan!"

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  4. ¿No será que, en el fondo, se trata de crear puestos de trabajo? Ahora sin ironía: ¿Alguien ha calculado lo que nos gastamos en mantenimiento, reparaciones y limpieza de los centros escolares? ¿Y lo que nos cuesta la limpieza de las calles, grafitis, mobiliario urbano roto...? Yo diría que todo esto provoca un enorme gasto y al mismo tiempo justifica un montón de puestos de trabajo. Pero no importa: "¡Que lo pague el gobierno!"

    10:24 AM

    ResponderEliminar
  5. Anónimo19:47

    No se trata de que nuestros hijos se transformen en personal de la limpieza de su colegio. Se trata de que se les enseñe el respeto.
    El problema es que rechazamos cualquier idea que nos venga de un país que se encuentre en el ojo del huracán del escenario económico.
    Actualmente toda la plana política y empresarial intentan responsabilizar Europa de la crisis denunciando el nivel salarial de los trabajadores incitando a la competitividad con países en donde más que trabajadores son esclavos.

    ResponderEliminar
  6. aurora19:48

    No se trata de que nuestros hijos se transformen en personal de la limpieza de su colegio. Se trata de que se les enseñe el respeto.
    El problema es que rechazamos cualquier idea que nos venga de un país que se encuentre en el ojo del huracán del escenario económico.
    Actualmente toda la plana política y empresarial intentan responsabilizar Europa de la crisis denunciando el nivel salarial de los trabajadores incitando a la competitividad con países en donde más que trabajadores son esclavos.

    ResponderEliminar