19 jun. 2014

De sindicatos: obreros y docentes

     ¿Por qué el profesorado no se sindica?, se preguntaba hace un cuarto de siglo Antonio Guerrero, a cuya memoria rendimos homenaje hace unos días, en Educación y Sociedad 7. La pregunta venía provocada porque el profesorado se sindicaba aquí visiblemente menos que en otros países europeos, pero también podía responderse diciendo que sí se sindica o, más exactamente, que lo hace más que otros colectivos de trabajadores asalariados.
Sin entrar en los números, la cuestión es que la presencia comparativamente alta del profesorado, un colectivo de cuello blanco, profesional o semiprofesional y en su mayoría funcionarial,  en unos sindicatos comparativamente débiles. nacidos y crecidos como organización de la clase obrera, puede considerarse un plus para los profesores o un minus para los sindicatos. Es decir, como un resultado de la proletarización o la concienciación de los primeros o como el indicador de un cambio en la base social y en el papel de los sindicatos, menos obreros cada vez y más poblados por las clases medias funcionales o la nueva pequeña burguesía.
    Mi opinión es que se trata más bien de lo segundo, en concreto de que, al paso que la clase obrera se ha visto fragmentada, desestructurada, desmovilizada y desorientada por el capitalismo neoliberal, el funcionariado y el semi-funcionariado, en particular la parte del mismo a los servicios públicos desarrollados por el estado del bienestar (pero no sólo: también la policía local, etc.), han encontrado en el movimiento inercial de los sindicatos y en el discurso retórico de la izquierda (con lo cual no quiero decir ni que el legado de los sindicatos sean sólo inercia ni que el discurso de la izquierda sea sólo retórica, pero sí que también los contienen) espléndidos instrumentos para eficaces estrategias corporativas.
    Es ya un hecho insoslayable que el sindicalismo en general baja mientras que la sindicalización de las capas medias, los grupos profesionales y  los funcionarios sube, una combinación que a mí, al menos, no me produce especial alegría.
Sindicalismo obrero y docente
    Un indicador de esta evolución puede encontrarse en los n-gramas de Google Books. El primero presenta la evolución del número de ítems por año (el porcentaje de lo publicado en el año) que encuentra Google Books obedeciendo a las órdenes de búsqueda de las expresiones “sindicatos obreros” y “sindicatos de trabajadores”, que pueden designar al conjunto del sindicalismo pero también, y aun siendo plenamente pertinentes hoy, representar más bien al sindicalismo tradicional, y “sindicatos docentes”, “sindicatos de maestros” y “sindicatos de profesores”, que se refieren específicamente a este o estos colectivos. Puede verse que la atención relativa a los sindicatos obreros o de trabajadores aumenta hasta mediados de los setenta para luego disminuir claramente (obreros) o estabilizarse (de trabajadores) en la segunda mitad.
Sindicalismo docente
    En cambio, ganan presencia las denominaciones asociadas a nuestro colectivo: sindicatos docentes, de maestros o de profesores. El ascenso de estos puede parecer poca cosa a esa escala, quedando la referencia a la profesión muy por debajo de la referencia a la clase, pero no se debe olvidar que estamos hablando de la atención dedicada a un reducido grupo profesional frente a la suscitada por el conjunto de los trabajadores. El gráfico siguiente contiene una parte de esos mismos datos y los presenta a otra escala, que permite apreciar con claridad su fuerte pendiente positiva, es decir, su crecimiento.  
Workers and teachers unions
    El fenómeno no es exclusivamente español. El tercer gráfico muestra la evolución para los equivalentes en lengua inglesa, afortunadamente menos numerosos: workers y teachers unions (se suman las publicaciones en inglés americano y en inglés británico, grosso modo parecidas pero con diferencias, sobre todo en la secuencia, que no viene al caso detallar aquí). El resultado es similar: una evolución paralela de la atención a ambas expresiones hasta alcanzar el máximo a mediados de los setenta, punto de inflexión en el que comienza a caer a largo plazo el protagonismo del conjunto de los trabajadores u obreros y empieza a aumentar el de los profesores.

    Digamos, pues, que el profesorado tiene, sí, un peso cada vez mayor en el sindicalismo, pero que parece más debido a la evolución de este que a la de aquél, es decir, a que el sindicalismo se ha adaptado al profesorado y no al revés.