23 ene. 2014

Humanidades, por supuesto; antigüedades, las justas

Leo en  El País: "400 intelectuales piden más humanidades en la educación" y me desconcierta este enésimo manifiesto "humanista". De primeras supongo que se trata del llamamiento casi anual de Rodríguez Adrados, la SEEC, los profesores de Latín y Griego y los aspirantes a tales... pero no: me encuentro con una docena de primeros firmantes a algunos de los cuales leo y respeto mucho, y me imagino que encontraría muchos más entre los cuatrocientos anunciados. Y me desconcierta porque el manifiesto, aunque yo mismo esté de acuerdo en buena parte de lo que dice, y aunque sea bastante más matizado que los de la mencionada saga, incurre, no obstante, en algunas de las banalidades conservadoras de siempre y no va más allá de la habitual postura defensiva.
Para empezar por lo mas fácil, me desconcierta la habitual letanía por la que "el predominio de la lógica de mercado capitalista" aparece ya en la raíz de todos los males. Me desconcierta porque, que yo sepa, fue justamente con el mercado como pudieron difundirse las humanidades, en particular con el mercado (mercado, además, capitalista, como comprobó en sus carnes Gutenberg, que no pudo con su deuda) del libro (el primer producto en serie de la historia); la escuela, por más que duela, fue detrás y no siempre para bien. Me suena más bien que detrás de es letanía esté lo de siempre: ¿humanidades elegidas o impuestas? Volveré sobre esto.
Me descoloca un poco, también, cierto etnocentrismo, macro y micro. El etnocentirmso macro reside en la proclamación de la superioridad de la cultura occidental, así como en la identificación de las humanidades con la herencia judeocristiana y grecolatina. No seré yo quien discuta el valor de este legado (parte esencial de cuyo resultado son, por cierto, el liberalismo y el mercado), pero creo que hoy, en un mundo global, cualquier herencia cultural debe ser recibida a beneficio de inventario, así como que el conocimiento de lo humano no empieza ni acaba en Occidente. Este legado debe ser desmenuzado, pues no todo él tiene el mismo valor, y hay mucho que aprender de otras culturas, incluso en terrenos que el manifiesto atribuye en exclusiva a la occidental, como la autonomía, la dignidad o la espiritualidad de la persona. El etnocentrismo micro es el que cabía esperar, me temo, y más en los tiempos que corren, del Institut d'Estudis Catalan y la Facultat de Teologia de Catalunya (esa "de" ¿querrá decir "en" o querrá decir "sobre"? -TdC podría ser una asignatura con futuro): hay que promover el conocimiento, dicen los firmantes, de los clásicos "de la cultura catalana" y de la "literatura universal" -en medio nada y, menos que nada, por supuesto, la innombrable.
Suscribo la idea de buscar un equilibrio entre las disciplinas técnicas y las humanidades en los currícula escolares y universitarios, pero me sorprende francamente que se defienda la presencia de las humanidades en las carreras técnicas (idea que suscribo) pero no la de la ciencia y la técnica en las carreras humanísticas (idea que echo en falta). Se ve que quien lo ha escrito tiene en la cabeza el estereotipo del ingeniero cuadriculado, pero no parece tener ni siquiera una idea aproximada de la extendida ignorancia de la ciencia y la técnica que ha permitido entre el profesorado de materias humanísticas y entre el magisterio, hoy en la base del divorcio entre una escuela y un profesorado todavía mayoritariamente apegados a la era de Gutenberg (cuando no a la anterior, la de la lectio, o a su degradación, la del libro reducido a libro de texto) y una sociedad y un alumnado que ya viven, para todo lo demás, en la era de la internet.
Pero el gran chasco es que la única concreción a la que llega el manifiesto sea que "hay que impulsar el aprendizaje de las lenguas modernas y las lenguas clásicas (griego y latín), las cuales se han de mantener como materias optativas pero no residuales." ¿Modernas y clásicas... por igual? ¿Latin y griego también por igual? ¿Qué quiere decir "optativas pero no residuales"?: ¿que haya que elegir en todo caso una u otra?; ¿que sean obligatorias dentro de algunas especialidades -en tal caso, cuáles?; ¿que se dote de profesores a todos los centros aunque no sean elegidas por los alumnos?
Lo que la ciudadanía necesita es una formación integral, y eso implica retomar y fortalecer el espíritu del humanismo, no la letra. Loa humanistas se rebelaron contra el dominio de la educación por la iglesia y le opusieron el saber práctico (la ciencia y la tecnología de entonces) y pagano (la antigüedad clásica). Si se volvieron hacia el pasado clásico grecorromano fue simplemente porque era muchísimo más rico que la ortodoxia católica, la cual representaba una regresión del saber, la decadencia del pensamiento. Pero ese no es ya el caso hoy: la regresión sería pretender ver hoy los problemas de la humanidad en la horma del pensamiento clásico, y todo ello para dar trabajo a unos miles de filósofos y filólogos, como entonces lo era pretender ver todo a través del prisma de la teología cristiana para dar trabajo a los sacerdotes.
No se me malinterprete. Ya sé que la filosofía no se ha detenido ahí, pero esta también debe aceptar que lo humano no se limita a su jurisdicción, sino que se la desbordado extendiéndose a las ciencias sociales y empieza a hacerlo a las ciencias naturales (biología, ecología, neurociencias...). Tampoco discuto que el estudio de las lenguas clásicas seguirá teniendo su sitio, en todo caso para la conservación del legado de la Antigüedad y auxiliar y limitadamente para el ejercicio especializado de algunas disciplinas. Pero eso es todo. El mundo que hay que entender y comprender es el de hoy.