16 oct. 2012

La máquina de nacionalizar


La escuela ha sido siempre una máquina de nacionalizar, es decir, de producir nacionales, de generar identidades (colectivas) nacionales. Los primeros sistemas escolares de masas propiamente dichos surgieron en Europa con la Reforma protestante, cuya otra cara era la revuelta de los príncipes contra el Imperio, con la reivindicación de un poder propio y de las lenguas vernáculas. La Revolución francesa y las sucesivas repúblicas jamás dudaron sobre el papel nacionalizador de la escuela. Los Estados Unidos vieron en ella el instrumento motor del melting pot, es decir, de la americanizacion de los inmigrantes. No hablemos ya de lo que fue en el socialismo en un sólo país o para el régimen de patria o muerte. Todos los estados que en el mundo han sido se han servido de ese modo de la escuela: la diferencia ha estado sólo en el grado, la forma y, sobre todo, la tolerancia o no de la disidencia. Y en España también ha sido y es así, bajo todos los regímenes: lo hizo con mucha intensidad el franquismo, lo hacen con no menos los gobiernos total o parcialmente nacionalistas (y alguno regionalista), le gustaría hacerlo al gobierno del PP y lo han hecho con mucha menor intensidad los gobiernos de izquierda en el Estado, libres de nacionalistas confesos. En ese aspecto, Mas no es mejor que Rajoy y Rigau, piense lo que piense, es peor que Wert. Y quienes creen que su sistema escolar no hace tal cosa es que, simplemente, no han entendido nada.
Lo malo es que, en los orígenes de los estados nacionales, esto sirvió sobre todo para superar las barreras locales, que eran un obstáculo al desarrollo y a la libertad y fuente de incontables desigualdades. Hoy, en un mundo global, sirve exactamente para lo contrario. Hoy lo que necesitamos es que la escuela haga a escala planetaria lo que tan bien hizo en su momento a escala estatal-nacional: crear una conciencia de comunidad que facilite la globalización política en un mundo en el que, a la espera de ésta, reina desbocada la economía, es decir, el mercado. Se necesita que la escuela mire más allá de las fronteras nacionales, no más acá; hacia comunidades más amplias e inclusivas, no más reducidas y excluyentes, y en última instancia hacia la comunidad humana. Y que acepte que los ciudadanos no están ni tienen por qué estar hechos de una sola pieza, ni ganarían nada con ello. Que tienen identidades y lealtades múltiples, superpuestas y compatibles que sólo por la fuerza (la violencia física o o la imposición ideológica) pueden llegar a ser únicas, contrapuestas e incompatibles.