Mi foto

Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

1 dic. 2011

La merecida ruina de la U. Complutense: 2. Sabáticos

Para quien no esté familiarizado con la universidad, debo comenzar por explicar que el (año) sabático consiste, teóricamente, en que, de cada siete años, un profesor universitario tiene la posibilidad de dedicar uno en exclusiva a la investigación, viéndose liberado de tareas docentes y administrativas durante el mismo. El fundamento de esto es que, aunque la investigación deba ser una actividad permanente, combinada por tanto mes a mes, semana a semana o día a día con las otras, por su naturaleza requiere -o, al menos, puede beneficiarse enormemente de ello- la posibilidad de periodos de concentración exclusiva en ella. Una carrera universitaria está o debe estar trufada de tales periodos: no otra cosa son los años dedicados a la elaboración de una tesis doctoral (el modelo, aunque no siempre posible o accesible, es el disfrute de una beca que permita dedicarse a la tesis a tiempo completo, o casi, por varios años; los periodos de verano son vistos por muchos investigadores como los paréntesis en que, libres de docencia y de gestión, podrán dedicarse plenamente a la investigación -a veces incluso a costa de las vacaciones y/o de la familia-. Un año sabático puede servir para concentrarse en un experimento, redactar un libro sobre el que se llevaba tiempo trabajando, integrarse temporalmente en un equipo investigador de otro centro, etc. En mi opinión es fundamental, siempre y cuando exista la garantía, sea la que sea, de que el beneficiario lo dedica efectivamente a investigar.
¿Qué hace la Complutense? Sus Estatutos especifican que "el Rector, sin perjuicio de lo dispuesto por la normativa autonómica o estatal, podrá conceder, cada seis años continuados de servicios docentes en activo con dedicación completa, permisos sabáticos especiales de un año de duración para realizar trabajos de investigación o docencia en otras Universidades o instituciones españolas o extranjeras." Esto es, efectivamente, lo que se espera que sea un sabático, aunque la norma sólo dice que "podrá conceder", lo que implica que también podrá no hacerlo, y no especifica qué pasará con la docencia y otras tareas que deje el profesor que obtenga el permiso.
Lo que ha hecho la UCM ha sido no regular esta figura (el sabático cada siete años y para investigar) y regular, en cambio, otras dos que no estaban en los Estatutos: por ejercicio de un cargo y por antigüedad. Para empezar, cualquier permiso sabático ha de ser a cargo del Departamento (lo que significa que la docencia de quien se va de permiso debe ser asumida por los demás profesores) excepto los sabáticos a los que automáticamente se da derecho a quienes desempeñan un cargo unipersonal de gobierno de la propia universidad o de sus facultades y escuelas. En otras palabras, las autoridades dotan económicamente sus propios sabáticos, con recursos adicionales, pero a los demás les dicen simplemente que se busquen la vida por sí mismos y entre ellos.
A continuación se abre la posibilidad de que se conceda el sabático a todo profesor numerario (funcionario docente) con 25 años de docencia a sus espaldas, al menos 15 de ellos en la UCM. Y ya está: ni una palabra sobre otros requisitos, ni sobre méritos, ni sobre qué hacer durante el sabático... Para empezar, se penaliza la movilidad del profesorado, lo que no es ninguna novedad: si se diera el caso de que la UCM consiguiera atraer, pongamos por caso, a un profesor de alto nivel con 25 años de docencia en otras universidades debería advertirle de que aceptar la propuesta implica renunciar a un sabático seguro por los próximos 15 años, o sea, por siempre. Dejando esto de lado (la movilidad ya se redujo casi a cero hace mucho, al menos para los profesores que no están empezando), lo que significa es que lo único que la UCM pide al solicitante de un sabático es que haya calentado el asiento durante 25 años y que convenza a sus compañeros: hoy por mí, mañana por tí.
Cuando  el profesor es y ha sido siempre un investigador, su sabático servirá para lo que está previsto, para que dé un salto en esa investigación, no importa cómo: sumergiéndose en un año de lecturas, ampliando un experimento, haciendo trabajo de campo en la selva, encerrándose a escribir, trasladándose a un centro en el que aprender otras teorías o técnicas... Cuando el profesor no ha investigado nunca, o lo ha hecho muy poco, y de esos hay unos cuantos, el sabático lo será no en su específico significado universitario sino en su genérico sentido de origen religioso. Será un año de vacaciones, o dedicado a asuntos propios. Alguien que no ha investigado en 25 años no lo va a hacer a esa edad ni en esas condiciones, por lo que concederle un sabático es tirar el dinero, sobrecargar de trabajo innecesariamente a los otros y desnaturalizar el instrumento. Es, como dice el refrán, echar margaritas a los cerdos (es una metáfora, no ad personam, pero vale: pasará ese año como ya pasa las tardes, sin nacer nada útil para la universidad).
Lo razonable habría sido, primero, plantear requisitos relacionados con la investigación dado que se trata de un permiso que se presume dedicado a la investigación. No parece razonable, por ejemplo, que se beneficie de un sabático quien no ha sido capaz de obtener un sexenio de investigación positivamente evaluado en un cuarto de siglo (yo exigiría más, pero al menos eso). Lógico y justo sería también que el sabático se asegurase como un derecho efectivo donde quiera que los departamentos reuniesen ciertas condiciones de capacidad docente (donde un permiso no supusiera una sobrecarga excesiva para los demás) y, donde no (que serían pocos casos), que la universidad aportar el apoyo necesario, como lo hace para sus ex cargos. Incomprensible me parece, en fin, que no se requiera al solicitante y luego beneficiario de un sabático, al menos, un proyecto a la hora de solicitarlo y una memoria de actividades al terminarlo.
De hecho, el efecto de los sabáticos por antigüedad (más los que llegan por cargo) es yugular los sabáticos por méritos, pues resulta cuando menos difícil, y no muy bueno para la convivencia dentro de un departamento en nuestras universidades, sugerir que en esto debería primar el mérito sobre la igualdad de la antigüedad. Lo que la UCM hace así es racanear los sabáticos a quienes investigan y regalar años de vacaciones a quienes no lo hacen. Y enviar el mensaje habitual por encima de toda retórica: da lo mismo hacerlo bien que hacerlo mal, o hacerlo que no hacerlo. Y, de paso, tirar un poco más de recursos: los dedicados a esas vacaciones injustificadas que se cuelan entre los sabáticos justificados, como Ulises entre los carneros de Polifemo.