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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

22 nov. 2011

Aprendizaje difuso


Es un hecho incontrovertible en la sociedad del aprendizaje que éste ya no se limita a los tiempos y los espacios escolares, ni siquiera en lo fundamental, sino que tiene lugar antes y después de la educación formal (tanto si pensamos en el horario como si en el calendario), dentro y fuera de los espacios destinados a ello, como objetivo principal o como un objetivo más y entre otros de la actividad, a propósito o como efecto secundario, de manera distinguible o sin que nos demos cuenta. Esto es particularmente cierto en todo lo que se relaciona con el uso, sea en el trabajo o en el ocio, de los nuevos medios, las tecnologías de la información y la comunicación y las redes sociales.
Ello ha dado lugar a variados intentos de conceptualizar este nuevo tipo de aprendizaje. Coinciden todos ellos en hablar de aprendizaje, y no de educación, instrucción, enseñanza, etc. porque se trata, claramente, de un proceso más centrado en la persona que aprende y en el que el docente, profesor, mentor o lo que sea desempeña un papel más accidental. Y coinciden también en intentar señalar la ruptura y superación de los viejos límites. Conceptos como los de educación permanente o aprendizaje a lo largo de la vida, éstos ya viejos, incidían en la ruptura de los límites temporales. El concepto de aprendizaje ubicuo, que debemos a Nicholas Burbules, apunta a la ruptura de los límites espaciales y situacionales, a la movilidad. El concepto de aprendizaje invisible, popularizado por Cristóbal Cobo y John Moravec, se fija más en la informalidad y la confusión del proceso de aprender con otras actividades.
Me gusta más el concepto de aprendizaje difuso, que sugiero como más comprehensivo que los citados. En la tradición sociológica (Parsons) y en particular en el análisis del proceso de modernización, el concepto de difuso (o difusividad, difuseness) se opone al de específico (o especificidad, specificity). Las instituciones tradicionales como la familia y la comunidad, y lo que queda de ellas, entrañan patrones y orientaciones de la conducta difusos en cuanto que se interesan por todo y se ocupan de todo, a diferencia de las instituciones modernas, como la escuela, la fábrica, los tribunales, los hospitales, etc. que se ocupan de manera específica de aspectos determinados y limitados como puedan ser la educación, la producción, la justicia, la salud respectivamente. La escolarización es, en ese sentido, un proceso de especificación de la educación. La escuela, los maestros, la educación obligatoria, el horario escolar, el currículum, etc. son la institución, la profesión, el tiempo, el horario, el contenido específicos de la educación. Lo que sucede al llegar la sociedad de la información y del conocimiento (y del aprendizaje) es que esta especificación ya no se puede mantener y ya no se mantiene, y el aprendizaje se desborda por encima de los limites espaciales, temporales, instrumentales y funcionales. Al desbordar los límites espaciales se torna ubicuo; al desbordar los temporales, permanente; al desbordar los instrumentales, invisible; y al desbordar los funcionales, difuso.
Pero creo que el concepto de aprendizaje difuso tiene algunas ventajas. La primera es que va al corazón del asunto: aprendemos cuando queremos aprender, pero también cuando no queremos, o cuando no es ése nuestro principal propósito, cuando simplemente trabajamos, consumimos a buscamos respuestas adaptativas a un entorno cambiante. Pero también engloba el concepto de ubicuidad, pues difuso quiere decir extendido, difundido o, como se dice ahora en el mundo de las redes, distribuido. Engloba el de invisibilidad, pues difuso es lo borroso, lo que no se distingue con claridad, lo que se confunde con alguna otra cosa porque no se pueden fijar sus límites o su contorno. Y engloba el de permanencia y continuidad, pues la difusividad (la palabra, propiamente, sólo se usa en química) puede extenderse también al tiempo. Difuso es también, en fin, aquello que resulta un poco confuso, borroso, y no cabe duda de que este riesgo acompaña a las magníficas oportunidades de la sociedad de la información y el conocimiento.