30 jun. 2009

Psicopatología gremial

No pasa una semana sin que reciba un correo electrónico de una madre desesperada sobre la jornada continua. El contenido es siempre el mismo: los profesores deciden imponerla y pasan por encima de los cadáveres de alumnos y padres para lograrlo, lo cual se traduce en engaños, abusos, atropellos, fraudes de ley y otros despropósitos a los que los padres no pueden hacer frente, porque no saben y porque temen –mucho y, a menudo, justificadamente- las represalias sobre sus hijos. Por supuesto que no siempre es así: algunos centros, o algunos equipos directivos, manejan la cuestión con guantes de terciopelo, pero desde esos centros no escriben pidiendo socorro.

Hasta ahora se habían librado de la pandemia de la llamada jornada continua las comunidades más prósperas, País Vasco, Navarra, Cataluña y Madrid (aunque no del todo), lo que no es casual, pues una sociedad civil más consolidada pone freno a la prepotencia del funcionariado. Pero ya llega la marea negra a Cataluña, en particular a Cambrils, que parece va a convertirse en experiencia piloto. Accedo a la web de ANPE, ese sindicato cuya única razón de ser en este mundo es que el profesor trabaje menos, y encuentro el típico panegírico sin fundamento sobre la continua: aumenta el rendimiento, genera consenso y disminuye la conflictividad, según estos espíritus desinteresados. O sea, es milagrosa.

En cambio, si se acude a la web nacional hay una encuesta sobre la posible utilidad de las becas para los alumnos en riesgo de abandono escolar: 76,2% piensan que serán inútiles, 17,5% útiles y 6,3% indiferentes (14/6 a las 22:08). Quizá no sepan que las becas-escuela en que se inspiran son consideradas un éxito por doquier, desde Brasil al Canadá.

¡Qué gente! ¡Ni la más leve duda cuando se trata de sus intereses, pero todo lo que haga la Administración o digan los padres está mal! ¡Qué fatiga! ¡Y pensar que se les ha encomendado formar intelectual y moralmente a nuestros hijos!