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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

18 feb. 2009

Educar o adoctrinar... en familia

Las mayorías, y las instituciones democráticas, también se equivocan. Lo hacen, por supuesto, cuando trastornadas por el miedo o el fanatismo se lanzan a la guerra, el recorte de las libertades o la erosión de las instituciones. Pero también cuando, embebidas de entusiasmo liberal, democrático o igualitario olvidan las intersecciones y los conflictos de valores -libertad, democracia, igualdad- para proclamar uno de ellos como absoluto. El neoliberalismo doctrinario sacrifica la igualdad y supedita la democracia a la libertad (sobre todo de comercio, dicho sea). Atenas sacrificó la libertad a la democracia. El comunismo sacrificó libertad y democracia a la igualdad. La Sociedad de Naciones proclamó el derecho de los pueblos a la autodeterminación olvidando que, en medio mundo, tales pueblos ya no existían como tales y sólo podrían ser reconstruidos y reafirmados a costa de los individuos.

En nuestro ámbito, una de esas solemnes barbaridades o sandeces (o ambas a la vez) es el llamado derecho fundamental de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

¿Qué derecho es ése? Sencillamente, el que convierte a los padres en propietarios absolutos de sus hijos en contra de ellos mismos y de la sociedad sin de la cual serían menos que primates. Porque lo que se proclama no es el derecho a formar a sus hijos en unas creencias pero permitiendo y asegurando, al mismo tiempo, que aprendan que viven en una sociedad con otras y que se preparen para, al paso de su maduración, aceptarlas, cambiarlas, rechazarlas u olvidarlas. Se persigue que no conozcan otra cosa, que ignoren a la sociedad que a lo largo de la historia los ha hecho humanos y hoy les hace libres y que no puedan elegir por sí mismos. En definitiva, lavarles el cerebro en nombre de las propias creencias que, mira por dónde, casi siempre son también las de la santamadreiglesia.