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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

15 nov. 2008

La reina es rousseauniana

Me asombra tanto asombro en torno a las opiniones de la reina. Si creemos en el poder de la educación, ¿que cabía esperar? ¿Imagina alguien que se puede nacer infanta, vivir con la realeza, estudiar en un internado suizo (digo), llegar a reina y ser de izquierdas? Las reinas y los taxistas tienen que ser de derechas, como los metalúrgicos y los maestros tienen que ser de izquierdas, aunque nada de ello tenga mucho mérito. Es verdad que le ha faltado prudencia. Si a lo de “que a eso [el matrimonio homosexual] no lo llamen matrimonio” hubiera añadido: “pero eso es sólo mi opinión y el parlamento es soberano”, o algo parecido, habría resultado intachable. De hecho, ya es casi intachable que haya esperado hasta ahora para decirlo.

"Se ha de enseñar religión en los colegios, al menos hasta cierta edad: los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida". ¡Para que luego digan que la sociedad no se preocupa de la educación! Esto, que sonará tan tremendo a tantos, es justo lo que pensaba Rousseau, quien reprochaba a los materialistas su ateísmo porque estaba convencido de que que la religión era el único freno para los poderosos y educó a su imaginario Émile en la religión natural porque sólo una vez adulto debería poder elegir una confesión o ninguna y no lo quería amoral hasta entonces. Mi generación se educó así: moralizada por el miedo a ese omnipresente ojo, en medio de un triángulo, que lo mismo interrogaba a Caín o increpaba a Saulo que podía ver todo lo que hacíamos, incluso lo más oculto, para sólo después conquistar penosamente la autonomía individual, una moral laica.

Deberíamos admitir que la institución escolar no ha sabido poner otra cosa en su lugar. De poco sirve que te expliquen un par de horas a la semana cómo ser buen ciudadano si tu profesor no se preocupa a todas horas de enseñarte a ser buena persona. Y no digamos si tu Consejero se empeña en explicártelo en inglés, con el propósito manifiesto de que no entiendas nada.