21 abr. 2008

Ministerio de dependientes

En Democracy and Capitalism (1986), S. Bowles y H. Gintis (más conocidos por La escolarización en la América capitalista, 1976, expresión extrema de la teoría de la correspondencia) explicaban que el liberalismo dividió a la humanidad en dos: una parte a la que se presuponían capacidades plenas, las tuvieran o no, y que podría elegir en las dos grandes esferas societarias: en el estado, como votantes, y en el mercado, como compradores-vendedores; otra a la que no se le reconocía capacidad ninguna, aunque la poseyera, y a la que se colocaba en dependencia personal de los primeros. El primer grupo eran los electores (choosers); el segundo, los aprendices (learners). En el primero entraban los adultos… varones, blancos, metropolitanos, contribuyentes, etc.; en el segundo los menores, así como las mujeres, los no blancos, los pobres, los pueblos colonizados… Desde la segunda mitad del XIX, la historia ha consistido el paso de algunos subgrupos del segundo grupo al primero, y no ya aprendiendo sino con sangre, dolor y lágrimas (en una ocasión pude hacer notar a Gintis que, para el liberalismo clásico, los menores seguro que aprenden, las mujeres seguro que no y, los pueblos coloniales, unos sí y otros no; en cuanto a los menores, el concepto ha cambiado al adelantarse la mayoría de edad, hasta de coincidir hoy con la del acceso a la Universidad).

Pues bien, no sé aún qué consecuencias tendrá, pero no puedo dejar de señalar que, al separar Educación de Universidades e Investigación y unirlo con Familia y Servicios Sociales lo que se ha hecho ha sido crear un ministerio de los dependientes: la infancia, el alumnado, los viejos, los discapacitados y los pobres de solemnidad, de todos ellos a la vez se va a ocupar el nuevo Departamento (Deportes terminará con Cultura, ya lo verán). Los otros dieciséis se dedicarán a los asuntos de los adultos. Las mujeres, según su situación, caerán bajo éstos, bajo aquél o bajo el de tránsito (Igualdad).