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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

2 oct. 2005

Insiste, que algo queda.

En el último barómetro de opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas se preguntaba: “En su opinión, ¿cómo valora Ud. la labor que desarrollan los profesores de los colegios e institutos: muy bien, bien, regular, mal o muy mal? […] ¿Y cómo cree que la valora la sociedad?” Las valoraciones de los encuestados se distribuían así: 10.9% muy bien, 53.0% bien, 25.8% regular, 3.7% mal y 0.7% muy mal. Esas eran sus valoraciones, pero a la última parte de la pregunta, lo que ellos creen que la sociedad cree, la respuesta era otra. En la misma secuencia de porcentajes: 1.7, 19.1, 37.5, 23.3 y 5.8. Evidentemente, mucho más negativa. Si sumamos las dos respuestas positivas, el 63.9% cree que los profesores lo hacen bien o muy bien, pero también creen que sólo piensa así el 20.8% de la sociedad. Una encuesta que se contradice a sí misma.

¿Quién tiene razón? Obviamente la encuesta, no los encuestados. La muestra, impecable, es más que suficiente: 2425 cuestionarios válidos (detalles técnicos en www.cis.es). Los encuestados son la sociedad (una muestra representativa de ella) y cada uno de ellos es un fidedigno portavoz de su propia opinion, pero a la hora de estimar lo que piensan los demás parecen muy poco fiables, pues su estimación de las valoraciones positivas se sitúa por debajo de un tercio de la cifra real. Dada la universal inclinación a juntarnos con quien nos da la razón, sería más comprensible el error contrario: que una muestra mayoritariamente satisfecha sobreestimara la satisfacción general. Pero lo que hay es lo que hay: una opinión real mayoritariamente positiva y una visión de la misma como mayoritariamente negativa, es decir, errada.

¿Cómo explicarlo? Muy sencillo: algo o alguien ha contaminado la opinión pública. Alguien está dando tanto, tanto la tabarra que ha convencido a la mayoría de que las cosas son al contrario que la evidencia indica. Ese alguien tiene que ser, realmente, un plomo. Quién sera…