5 sept. 2020

A los bares les preocupa más estar abiertos que a los colegios

 Entrevista con Olga Rgz Sanmartín para El Mundo, 17/8/20 (realizada 2/7/20)

El sociólogo Mariano Fernández Enguita, director del Instituto Nacional de la Administración Pública (INAP) y uno de los asesores educativos de Pedro Sánchez para la era postcovid, es la persona que más vueltas le ha dado en España al concepto del aula tradicional. Su nueva forma de concebir la escuela (sin espacios ni tiempos rígidos) se ha convertido en una posibilidad real con el coronavirus. Es poco complaciente con el establishment del que ahora forma parte y dice que, en la crisis educativa de la Covid-19, el Gobierno "ha pasado la pelota" a las comunidades para "evitar el conflicto" con los profesores. Él habría dejado abiertos los colegios durante la pandemia para que los docentes se organizaran mejor y también es partidario de adelantar el comienzo de curso, en contra del criterio de los sindicatos. Defiende a la escuela concertada y considera que el PSOE y Unidas Podemos no tenían "motivos" para no dar ayudas a estos centros.

¿Cómo se han comportado los colegios en estos meses sin clases presenciales?

Ha sido una prueba de esfuerzo para la escuela, como las de los bancos, y no la hemos pasado muy bien. La respuesta ha sido muy desigual por comunidades, centros y profesores. La mayoría de docentes no ha sabido qué hacer y los sindicatos han mostrado resistencias. Hubo un deseo muy claro de cerrar por entero al principio; luego se extendió la idea de que lo digital no era tan importante; después se dijo que lo que había que hacer era preparar bien septiembre, cuando apenas comenzaba junio; y, cuando el Gobierno y las CCAA han querido volver, los centros se han echado para atrás. Ha habido reacciones de difícil explicación.


Todo el mundo contaba con que a finales de mayo o principios de junio los centros educativos iban a retomar su actividad presencial. Abrieron los bares, pero no las escuelas.

No es que a la gente le preocupe más los bares que los colegios, es que a los bares les preocupa más abrir. Se tiende a subestimar el riesgo en la hostelería y a sobreestimarlo en la escuela porque los ingresos de la hostelería dependen de que se abra y los de los profesores no. Hay una presentación de los intereses como si fueran verdades objetivas.


¿Habría mantenido la escuela abierta durante la pandemia?

Se deberían haber cerrado antes los centros para la mayoría de alumnos, pero tendrían que haberse mantenido abiertos para que el profesorado pudiera planificar y organizar la atención en línea y de forma personalizada para el alumnado. En el INAP, donde se imparten másteres y cursos selectivos para funcionarios en prácticas, se cerró el acceso a los estudiantes el 10 de marzo, pero me hubiera gustado hacerlo ya antes porque se veía venir. Se veía que la curva tenía una forma exponencial e iba a crecer y crecer. Antes de que supiéramos cómo, sabíamos algo sobre cuánto: sobró virología improvisada y faltaron matemáticas básicas.


El Gobierno y las CCAA habían acordado abrir los centros en verano para alumnos con necesidades...

Se han aprobado varias cosas que no se han cumplido masivamente, como los planes de reapertura. Yo hubiera abierto parcialmente a lo largo del verano.


¿Qué más cosas se hicieron mal?

Al Gobierno y a las CCAA les cogió muy desprevenidos. Faltó desde el inicio un informe de situación, una radiografía de qué estaba pasando y una mayor clarificación de lo que se podía hacer. Y faltó un clima que propiciara tomar iniciativas. Lo que hace falta es no dejarse llevar ni por intereses ni por querer evitar el conflicto. Se ha visto que nadie quiere conflictos ni con los profesores ni con las CCAA.


¿Y los bandazos del Gobierno?

La dificultad del Ministerio es que tiene que defender algo que considere practicable. No le sirve de nada defender algo que luego las CCAA no van a asumir. La tendencia ha sido rebajar las propuestas iniciales para acercarse más al modelo tradicional, y no forzar. Las autoridades han visto como buena noticia que la distancia pueda ser de 1,5 metros y no de dos. Pero lo bueno sería que un centro se permitiera 2,5 metros.


¿Qué metros pondría?

Yo, en la duda, aplico los dos metros.


¿Qué hicieron bien las administraciones educativas?

Poner recursos en red. Y después, de manera desigual según las CCAA, tratar de movilizar dispositivos y plataformas.


Celaá llevó las clases a la televisión...

Para utilizar materiales masivamente hace falta mucho trabajo de comisariado para elegir bien los contenidos. China, muy centralizada y con una cultura autoritaria, puede permitírselo a gran escala. En un país como España se puede hacer a escala de centro o de zona. Pero no hace falta poner a cada profesor a trasladar a un entorno en línea toda la docencia que antes daba en el aula. En vez de que cada uno grabe el mismo vídeo, se pueden formar equipos donde cada uno tenga una tarea. Al juntar a tres, cuatro o cinco profesores por curso, área o etapa, o tras un proyecto, el que no tiene competencias digitales a lo mejor es un gran organizador logístico. Aquí esto se ha hecho poco. Trasplantar fuera del aula la organización que había dentro era la peor de las ideas.


Si hubiera sido usted el que tomaba las decisiones, ¿qué más cosas tendría en mente?

Lo que urgía era equipar a las familias. Se tardó en utilizar los medios de los centros, cuando se podría incluso haber desmontado los ordenadores de las aulas de Informática y llevarlos a casa de algunos alumnos. De cara a los próximos meses, la escuela debería abrir el 1 de septiembre [hay regiones que comienzan en torno al 15], aunque sólo fuera para admitir al 10% del alumnado, y las universidades deberían organizar cursos de acogida para alumnos de Bachillerato que no lleguen con suficiente nivel. Por otro lado, deberían planearse simulacros de rebrote, como se hace en Japón con los terremotos. Además, puede haber un sector de familias con padres con estudios y una vivienda amplia que necesitan poco la escuela, mientras que debemos aligerar la carga escolar para atender a los que más lo necesitan. La mayoría de alumnos puede sobrevivir yendo al colegio algunos días o acudiendo para hacer actividades no lectivas. Yo hablo de una enseñanza trimodal, con alumnos trabajando en línea, de manera autónoma o en equipo, dentro del propio centro (además de presencialmente en su aula y en línea en su casa) con la supervisión de adultos que no tienen por qué ser sólo profesores.


Planteó que esos alumnos podían estar en espacios alternativos, como bibliotecas o gimnasios, y Celaá hizo suya la idea.

Si somos capaces de utilizar al máximo el espacio y ampliar el tiempo diversificando los horarios de entrada y salida o estableciendo turnos, si rompemos el molde de que los alumnos tienen que estar en el aula de 9 a 14, hay más margen. Los centros están infrautilizados a lo largo del día.


¿Qué le parecen los grupos burbuja que ha copiado el Gobierno a Noruega?

Es verdad que, si segmentas, divides el riesgo, pero no sé qué eficacia y viabilidad puede tener eso. No se pueden llenar los colegios de alambradas y, además, los alumnos se relacionan fuera.


Celaá ha dejado que las CCAA pongan las ratios que quieran...

Les ha pasado la pelota.


¿Es buena idea bajar las ratios?

No lleva a ningún lado. Cuesta un dineral, cuando es mucho más efectivo juntar dos grupos de 25 alumnos con dos profesores que reducir dos o tres alumnos por grupo. La batalla de las ratios es simplemente una racionalización de un interés: queremos ser más porque queremos menos alumnos, menos horas, más vacaciones... Yo no tocaría las ratios; yo redistribuiría espacios y tiempos y pondría, en esta crisis, más personal de apoyo.


¿A qué alumnos pondría mascarillas? Grupos de padres denuncian que las medidas de seguridad que impiden que los niños se toquen rompen la esencia de la escuela.

 La escuela es una institución en la que el primer deber es el cuidado. Una vez conseguido eso, nos preocupamos por la educación. Si hay que elegir entre llevar a un hijo a un colegio poco instructivo pero seguro y un colegio muy instructivo pero poco seguro, lo llevaríamos al primero. No creo que estemos todavía en condiciones de decir si los niños son más o menos contagiadores.


¿Qué escuela nos espera en septiembre?

La que está agazapada y al acecho es la escuela de siempre. Pero los alumnos no necesariamente han echado de menos el colegio. Y esto va a tener efectos; también en la universidad, donde se va a reconsiderar el grado de presencialidad regimentada.


¿Cómo va a impactar el Covid en el aprendizaje de los alumnos?

En el aprendizaje escolar tradicional, negativamente. Quizá la próxima prueba PISA salga peor. Pero es una espléndida oportunidad para movilizar el interés de los alumnos y aprender de otro modo. El virus ha sido un gran innovador. Nos pone a prueba porque no valen las rutinas de siempre. Ha desmontado el aula huevera y el horario parrilla y ha hecho posible el trabajo en equipo y la colaboración de los profesores entre sí y con las familias. En cierto sentido, nos ha liberado.


¿Había que incluir a la concertada en las ayudas del Gobierno contra la Covid?

Sí, porque el criterio ha de ser el de las necesidades de los alumnos, las familias y los centros. No era el momento, ni el lugar, ni había motivos para solventar ese debate ni para volver sobre esa fractura ideológica.


¿La concertada ha respondido mejor que la pública a la educación online?

Ha estado más preparada para transitar con relativa facilidad al entorno digital porque ya estaba en él. Tiene más capacidad de tener un proyecto e integrar en él al profesorado. Además, cuando dice que entra en el entorno digital, entra de verdad, mientras que en un colegio público hay que tener un proyecto singular o una dirección muy entregada, porque el profesorado tiene mucha autonomía y puede seguir con su libro de texto en papel por más que la otra mitad esté digitalizada. Además, los centros concertados funcionan como redes. El ejemplo más claro es los jesuitas: una orden religiosa es una red. Se da la paradoja de que lo más antiguo ha resultado estar en mejores condiciones para dar el salto a lo más moderno.





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