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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

1 abr. 2014

La doctora y la jornada

    Aunque con cierta desgana, por lo reiterativo, sigo la investigación sobre los horarios escolares (que es poca) y la actualidad sobre la jornada escolar en España (que es mucha). Google News me avisa cuando hay noticias y, hace un par de semanas, me hizo llegar esto, publicado por el diario digital Información, de Alicante: “La influencia del azúcar en sangre para estudiar. Una doctora en Bioquímica y Biología Molecular apunta ventajas físicas para los niños con jornada continua”. Como es mi obligación, fui a ver la noticia, a ver si me dirigía a la fuente, pero... mal comienzo. Una noticia anónima (sin periodista que la firme) de 16/3/14 relata que “la representante de la Plataforma de Familias de la Comunidad por la Jornada Continua se presenta con un estudio bajo el brazo, obra de la doctora en Bioquímica y Biología Molecular, Elisa Herrero.” Lo demás es una breve serie de banalidades de la representante al amparo de lo que se revela como irresponsabilidad del periodista y del periódico, que ni firman, ni verifican, ni, ni, ni.
    Lo que a mí me interesa son la doctora y su estudio, así que copio su nombre, añado “jornada continua”, googleo... y lo que encuentro es la página y el blog del AMPA “Ruiseñor”, del CEIP Alhambra de Madrid: ahí está el texto. En la página viene encabezado por una entradilla que comienza “Análisis de las ventajas...”. En el blog, lo mismo, pero antes incluso un título, “Estudio de la doctora...”. La firma, en ambos: “Elisa Herrero, Dra. Bioquímica y Biología Molecular.”. Olvidemos por un momento los títulos de la doctora y vayamos a su estudio: ¡oh decepción, no hay tal. Seré más preciso: 1º, la doctora no ha hecho ningún estudio al respecto; 2º, la doctora no cita ningún estudio ni propio ni ajeno; 3º, la doctora ni siquiera ha leído ningún estudio que tenga que ver con el asunto.
    Ni corta ni perezosa, sin embargo, la doctora afirma que “el rendimiento intelectual es mayor durante la jornada de mañana que en las horas posteriores a la comida por razonas fisiológicas obvias que influyen en el nivel de concentración. En las primeras horas del día el aumento del azúcar en la sangre y del calor corporal favorecen la concentración y estimulan la capacidad de deducción. Después de comer los carbohidratos ejercen un efecto calmante sobre el cerebro, haciendo que el nivel de atención disminuya.” Este es el núcleo de la aportación de la doctora como tal, aparentemente desde la biología molecular y la bioquímica (¡guau!). El resto es simplemente la mezcla de unos pocos argumentos de sentido común y muchas banalidades que solemos encontrar en las defensas incondicionales de la jornada intensiva. Pero yo no he ido a su blog a leer lo de siempre, que ya me aburre, sino lo que pudiera aportar, en un sentido y otro, la biología, y eso es lo que quiero comentar, salvo un par de cuestiones formales que abordaré al final.
    Y lo que me impresiona realmente es que pocas veces había leído tanta simplificación junta. Para empezar, la doctora no pasa de suponer que con más azúcar habrá más capacidad intelectual, pero la investigación, que ella desconoce y no se toma el trabajo de examinar, hace tiempo que dejó de suponer eso y lo contrario y que pasó directamente a observar y medir los niveles de atención y fatiga a lo largo del día (no voy a repetir lo que ya he expuesto prolijamente aquí y aquí) para encontrar justamente lo opuesto, pues no sólo de glucosa vive el hombre. Para continuar, el nivel de glucosa en sangre no es más alto por las mañanas: sube fuertemente respecto de la noche, eso sí (por el desayuno), pero se mantiene a lo largo del día e incluso sube moderadamente en media, y, sobre todo, sube después de cada comida adicional (lo que se denomina un nivel o una subida postprandial) para volver a caer hasta la siguiente. Si el nivel intelectual dependiese sola o principalmente del azúcar, lo ideal sería estudiar después de las comidas y cuanto más copiosas mejor, si extrapolamos lo que dice la doctora. Lo único que se desprende de aquí es otra conclusión que conocen bien los nutricionistas y que se lleva mal con la jornada intensiva: que, para mantener el nivel de glucosa, es mejor hacer más ingestas y menos voluminosas que menos ingestas y más cuantiosas (mejor comer menos cantidad más veces que más cantidad menos veces, por ejemplo, tener un buen recreo en el que comer un buen bocadillo, y sobre todo no pasar largos periodos entre comida y comida, como los de la jornada intensiva en primaria o, peor aún, la de secundaria). Para terminar, el peor momento para el nivel de glucosa es casi invariablemente el final de la mañana (la hora de las hipoglucemias), justamente el periodo de relajamiento y de almuerzo con jornada partida que pasa a ser lectivo con jornada intensiva.
    Pero lo impresionante, quiero insistir en ello, es leer a la doctora presentar como un estudio científico lo que no es más que una opinión floja y sin ningún fundamento. Su “estudio” simplemente no existe fuera de su blog (lo más que podía llevar la representante "bajo el brazo" era esto impreso en un par de folios impresos). Los “estudios realizados en centros escolares con jornada única” que no cita, tampoco. Se aventura a decir que el presunto aumento del rendimiento escolar con jornada única “está ratificado por los centros a los que he mandado mi estudio”: ¿qué estudio, si ni lo ha publicado ni lo ha hecho?; ¿cómo lo han ratificado y qué colegios?; ¿tal vez como lo que aduce antes, el “dato suministrado por la dirección del colegio C.P. [sic] Giner de los Ríos de Mérida?; ¿dónde está ese dato?; incluso si la citada dirección del citado colegio viniese a jurar que las notas han subido de un año para otro con la implantación de la jornada intensiva (lo que no fue el caso en general: véanse las estadísticas de fracaso escolar) ¿qué valor demostrativo tendrían las notas dadas por unos maestros ávidos de jornada continua y felices al fin por conseguirla? Lo que más me impresiona es que la doctora lo considera un “dato también constatado” en mi informe La hora de la escuela (no “en”, como escribe). Pues yo, que lo redacté de principio a fin, diría más bien lo contrario. Aunque estoy muy lejos de ser tan unilateral y creyente como la doctora pero en sentido contrario, mis conclusiones básicas son que: a) a igualdad de otras condiciones, la jornada partida y discontinua es mejor para la mayoría que la intensiva y continua; b) la mayoría de las cosas que se dicen a favor de la jornada intensiva son puros argumentos oportunistas, sin otro fundamento que el interés de quien lo defiende; y c) no hay una jornada ideal para todos, sino que cada familia debería poder elegir la que su experiencia le dictase para cada uno de sus hijos en cada etapa de su escolaridad, algo perfectamente factible por más que truenen quienes prefieren la continua ya, para todos, para siempre y por encima de cualquier consideración.
   España no es México en ese aspecto: aquí no es costumbre acompañar un nombre con el título de Doctor, Ingeniero o Licenciado. ¿Por qué, entonces, esa insistencia en la coletilla: Doctora en Bioquímica y Biología Molecular? Sencillamente porque a eso se reducen las pretensiones de veracidad del argumento. La doctora, cierto, lo es y en esa área: Biología y Biología Molecular (es un área, y por tanto una tesis, no dos, si alguien tiene la duda). Lo es desde 1985 con una tesis sobre Efecto de las sales de litio sobre el transporte y metabolismo de L-triptófano en cerebro de rata, interesante tema que nada tiene que ver con lo que tratamos. Interesante también porque la doctora no ha vuelto a hacer investigación en los siguientes treinta años (como muestra una sencilla búsqueda en dos repositorios básicos, Google Scholar y Dialnet), ni en general ni mucho menos sobre nada relacionado con la jornada continua.
    En honor a la doctora hay que decir que, en realidad, la única referencia bibliográfica en su texto no es a su propio trabajo, inexistente, sino al de otra autora: una referencia imprecisa (yo no se la admitiría así a un estudiante) a Coks Feenstra, una psicóloga dedicada a la divulgación pero no a la investigación (véase), quien, siempre según ella, habría escrito en algún sitio: “Por la tarde. Es bueno que se haga ejercicio al aire libre”, etc. Genial: eso es lo que se llama evidencia científica. La referencia, en realidad, parece  indirectamente de un texto anterior: el proyecto de jornada continua del Colegio Santo Ángel de Oviedo, de 2010 (o sea, que el estudio de la doctora es en realidad un préstamo de tercera mano), donde aparece una cita igualmente apócrifa pero más sustanciosa atribuida a Feenstra: “[…] el rendimiento intelectual es mayor durante la jornada matutina que en las horas posteriores a la comida por razones fisiológicas axiomáticas. […]. En las primeras horas del día el aumento del azúcar en la sangre y del calor corporal favorecen la concentración y estimulan la capacidad de deducción. Después de comer los carbohidratos de los alimentos ejercen un efecto calmante sobre el cerebro, haciendo que el nivel de atención disminuya.”  Lo que la doctora atribuye a la psicóloga es insustancial y lo que se atribuye a sí misma es de la psicóloga, aunque siga careciendo de base. Mal argumento, en todo caso, porque los axiomas (proposiciones previas y sin demostración) son muy útiles en las ciencias formales, como las matemáticas o la lógica, pero enteramente inútiles e inaceptables en las ciencias experimentales, por ejemplo a la hora de verificar los efectos de una u otra jornada. El tópico habitual, esta vez con palabras rimbombantes, pero absolutamente fuera de lugar: hablar de “razones fisiológicas axiomáticas” es, sin más, un absurdo sin sentido, algo que sólo haría un adolescente con el ego inflado.
    En fin, puro humo para ingenuos.