5 mar. 2014

¿De verdad es esta letanía lo que nos une?

    Leo el manifiesto La educación que nos une... y no me lo puedo creer. Menos aún que el montaje Operación Palace sobre el 23-F. Diría incluso que está escrito con parecida intención, mostrar que necesitamos tomarnos el asunto más en serio mediante el recurso de revelar un presunto complot... pero sin ninguna gracia.
    “Contra Franco vivíamos mejor” era una de las boutades favoritas de Manolo Vázquez Montalbán. Por supuesto que nadie decente ha podido vivir mejor contra Franco que sin él, pero era su manera de señalar lo fácil que resultaba definir la propia posición como mera oposición; era cuando, como él solía añadir, “las ideologías estaban limpias como la patena”... y, podríamos añadir, el cerebro relajado.
    Algo parecido está pasando con Wert, su política y la LOMCE. Hay que reconocerle al ministro el mérito de haber devuelto la educación al debate público. Se quejaban muchos de que no se discutía sobre educación, no se le prestaba atención, etc., pero los recortes, la ley, la marea verde, etc. han hecho que deje de ser así, si alguna vez lo fue, aunque el ministro se haya inmolado en el proceso. La otra cara de este nuevo protagonismo es la simplificación del debate. El diálogo público sobre educación nunca fue mucho ni muy sofisticado, pero yo diría que entre la aprobación de la LOE y el fallido empeño del pacto de Estado se alcanzó un nivel algo más elevado. No me refiero a los resultados de la investigación, ni a la práctica profesional, ni a encuentros minoritarios, sino al debate que llegaba a la opinión pública en general y en que se veían implicados los grandes actores colectivos. Es una afirmación aventurada, que no podría demostrar de forma incontrovertida, pero es lo que infiero, por ejemplo, de que buena parte de la opinión conservadora tradicional apoyase la aprobación y aplicación de la LOE (todos los partidos menos el PP y hasta la FERE) o de que la administración socialista asumiera después objetivos que tradicionalmente no habían sido suyos, como la diversificación del último curso de la ESO, las evaluaciones externas o el reforzamiento de las direcciones de centro. Había cierta disposición a apearse de los dogmas.
    Pero en esto llegaron los recortes, Wert y la LOMCE y todo cambió. Hay muchos motivos para oponerse a los tres, pero no se me ocurre ninguno que justifique algo tan simplificador y maniqueo, y que aporte tan poco, como el citado manifiesto. Pura propaganda de guerra en la que el oponente, considerado el enemigo, es representado como un espantapájaros mientras que el autor de la representación se dibuja a sí mismo como un dechado de virtudes. Yo pensaba que para dividir el mundo en blanco y negro, para reducirlo a una lucha entre el bien y el mal, teníamos ya a la Iglesia, y que la educación tenía por objeto lo contrario, enseñar a la gente a pensar en vez de a creer; que servía para apartarla, como decían los ilustrados, de la superstición. Pero parece que no es así y que justo ahora que un nuevo papa sorprende a los católicos con inesperados matices sobre la pobreza, el pecado, el divorcio, la homosexualidad, etc., nada menos que nueve sesudas organizaciones que formaban la plataforma Stop ley Wert se descuelgan con un manifiesto para niños.
    ¿Cómo va a haber un debate razonable sobre la escuela si cada vez recurrimos más a simplificaciones? ¿Cómo se puede reclamar un pacto de Estado si los llamados a hacerlo son vistos como demonios y ángeles? ¿Cómo va a haber leyes duraderas si cada vez que una se aprueba no hay otra bandera que derogarla? ¿Cómo va a mejorar la consideración de la profesión con un maniqueísmo que no le perdonaríamos a un adolescente? ¿Cómo va a haber diálogo alguno si comenzamos por caricaturizar la posición del otro y sublimar la propia?
    Consta el Manifiesto de seis puntos que no tienen desperdicio. No es que aporten nada, que no lo hacen ni por asomo, sino que desvelan lo bajo que está cayendo el debate también en el presunto lado de los buenos. Los iré tratando, uno por uno, en próximas entradas.