28 nov. 2013

Entre todos la mataron y ella sola se murió


   Ya hay LOMCE, y el PP se quita así la espina de la LOCE, muerta al nacer. Resuelto el fuero, llega el huevo: sectarización de la enseñanza, con menos demopedia y más catequesis; segregación, con centros diferenciados por sexo o de rancia excelencia; recaída en los fundamentos, con más latín y menos estadística; puntilla a los consejos, o a lo que de ellos habían dejado los claustros; la astuta receta de menos becas, más filtros, más tasas y cero créditos; evaluaciones y reválidas inciertas, que veremos si agravan o alivian la escabechina actual; y, sobre todo, la vieja idea de que no todos valen para estudiar, luego adelantemos la vía laboral a los quince años y que asome a los catorce.
   Junto a ello, recortes brutales que se ceban por inercia pero sin piedad en programas compensatorios, ayudas complementarias y servicios auxiliares que para muchos son requisito de la inclusión. Recortes que no son ni deben confundirse con la LOMCE, pero forman una única ofensiva contra el mayor generador de expectativas y demandas de igualdad (no tanto de igualdad en sí) de nuestra sociedad, su sistema escolar.
   Frente a ello se conjuran hoy la izquierda, los nacionalistas y, por supuesto, los profesores: en cuanto puedan, derogarán la ley. Todos más que indignados, como si los expulsaran del paraíso o como si ellos no tuvieran nada que ver con lo que había, más bien un purgatorio: aquel en que ya fracasaban tres, abandonaban cuatro y se aburrían diez de cada diez alumnos, se vegetaba en PISA y se subutilizaban edificios, instalaciones, equipos y redes.
   La querencia por la educación de la izquierda aumentó algo los recursos pero no aseguró que sus beneficiarios últimos fueran los alumnos, sin hablar de despilfarros como la jornada matinal o las jubilaciones anticipadas, regalos para su caladero de votos. Los nacionalistas no tienen otro mantra que el celo por defender sus competencias, sólo comparable al celo con que las niegan a municipios y centros, donde deberían residir. Y en la feliz marea verde desfilan quienes dedican su mejor esfuerzo a mejorar e innovar una escuela que pierde el tren de la historia, pero también la masa, enfadada hoy por los recortes, que ayer reclamaba y hoy asume la segregación del alumnado.

   Vivimos nuestro thatcherismo educativo, vía Wert, alma gemela de Aguirre. Veremos si después (no hay mal que diez años dure) volvemos a lo de antes o vamos a algo mejor. Blair reanimó la educación con muchos recursos y algunas reformas, pero sin deshacer otras con las que la izquierda nunca se había atrevido, en particular sobre autonomía de los centros, reforzamiento de las direcciones, selección e incentivación del profesorado y evaluación del sistema.