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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

23 dic. 2012

La tontería nacional


¿Quién necesita PISA para saber lo mal que va el sistema educativo? ¿Para qué PIRLS, TIMMS, la EGD y demás? La lotería nacional ya nos dice todo lo que hay que saber sobre la educación, al menos sobre sus resultados, y el diagnóstico es terrible.
Los españoles somos ignorantes matemáticos. Si no, a nadie se le ocurriría comprar lotería. Puesto que el Estado reparte en premios sólo el 70% de lo recaudado, el valor esperado de cada euro invertido es de 70 céntimos. O sea, que, por 10 €, compras 7; por €20, 14: por 100€, 70 y así sucesivamente. Cuanto más juegas, más tonto. Como dijo alguien, un impuesto sobre la estupidez. A partir de 2014, lo que me parece muy bien, se pagará el 20% del premio en impuestos, de modo que con cada euro se comprarán ya 50 céntimos. Y todavía queda quien dice que no necesitamos una educación económica y financiera. Cero en matemáticas y estadística.
Los españoles somos analfabetos mediáticos. El día del sorteo de Navidad no parece haber otra noticia que el gordo, particularmente en radio y TV, donde el formato es más limitado y el tiempo más escaso. Aquí, como diría McLuhan, el medio es el masaje, un masaje cerebral consistente hacer visible sólo lo excepcional. La verdadera noticia debería ser, no que algo menos que uno de cada mil jugadores ha ganado algo, sino que algo más que novecientos noventa y nueve lo han perdido todo (todo lo que pusieron). Para dar la misma cobertura a los que lo han perdido todo que a los que han ganado algo (sin contar con que no se cubre a los que han ganado algo sino a los que han ganado el máximo) harían falta más de dos semanas ininterrumpidas de emisión. Sería mucho más instructivo, aunque tal vez no muy divertido (¿o sí?). Cero en comprensión lectora y audiovisual.
Los españoles somos insolidarios y envidiosos. En realidad, la inmensa mayoría de la gente entiende que los premios de la lotería suman menos que los precios y que las probabilidades de ganar, y más aún de ganar algo sustancial, son muy escasas. Pero ¿y si le tocara al pariente, al compañero de trabajo, al vecino? ¿Te imaginas que el premo caiga en el trabajo, en el bar, en la escalera o a tu cuñado y tú explicando que no jugaste porque era improbable, que el premiado anuncie sus viajes y sus compras y tú explicando el riesgo eludido? Lo dice el refrán: mal de muchos, consuelo de tontos, y  podría añadirse: bien de pocos, envidia del resto. Jugamos a la lotería, a sabiendas de su irracionalidad, por temor a una suerte de Freudenschade. Cero en ética y convivencia.