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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

26 abr. 2012

Del equilibrio entre docencia e investigación


Mi anterior entrada sobre la reforma del art. 68 de la LOU para modular la carga docente de los profesores según sus méritos investigadores ha provocado varios comentarios de lectores, colegas y amigos. Los agradezco todos, y los hay de muy diverso tipo, pero me interesan más los que se oponen a una medida así o desconfían de ella. Comprendo, desde luego, esa desconfianza cuando la medida forma parte de un paquete que recorta drásticamente los recursos para la enseñanza y, en mi opinión, oculta una agenda  antiigualitaria y privatizadora. Pero, aun así, creo que esa medida es adecuada y que, por sí misma, sólo puede traer más justicia para los profesores y más calidad para la universidad. Naturalmente, eso no quiere decir que, combinada con las otras medidas, vaya a hacerlo; quiere decir que, permaneciendo el resto de cosas igual, lo hará o lo haría. Voy a empezar por una breve historia para sociólogos sobre el reparto de la carga de trabajo, luego explicaré por qué creo que no hay una disyuntiva entre calidad investigadora y calidad docente y finalmente argumentaré por qué creo que evaluar y recompensar la investigación es más importante que hacer lo propio con la docencia, aunque también deba hacerse. Pero en esta entrada me limitaré al primer punto.
En 1973, Michael D. Young y Peter Willmott publicaron un libro de gran impacto, más por su título que por el número de gente que lo leyó: The symmetrical family (La familia simétrica). Su tesis era que, en la familia tradicional, el hombre trabajaba fuera y la mujer dentro; en la familia moderna, por el contrario, los dos trabajaban dentro y fuera, pasando así de 1+1 a 2+2 trabajos... bueno, en realidad se habían quedado en 1+2: las mujeres trabajaban ya fuera, con lo que tenían dos empleos, pero los maridos todavía no lo hacían dentro, de modo que seguían con sólo uno, pero algún día llegaría ese otro reparto más justo. En la universidad sucede lo mismo. Todo el mundo tiene, por así decirlo, dos empleos, o dos medios empleos: uno como docente y otro como investigador. Pero eso es sólo la teoría, porque en la práctica, unos tienen dos y otros sólo tienen uno, y no hace falta decir cuál es: sólo la docencia; algunos se consuelan pensando que, con el tiempo, llegará en momento -en otra generación- en que todos hagan lo que tienen que hacer, las dos cosas. La teoría del investigador-mal-docente me la séde memoria, porque se la he oído a todos los que no investigan, que la repiten por razones obvias, y a algunos que sí, que lo hace por exceso de ingenuidad, pero sobre eso volveré otro día.
Ahora imaginen que volvemos a la división tradicional del trabajo en pareja, con o sin sexo: alguien trabaja fuera y sólo fuera y alguien trabaja dentro y sólo dentro, sea quien sea en cada caso. Famulus lo hace fuera y Operarius lo hace dentro. Si cada un hace una cosa y la carga de trabajo es equivalente, podemos considerarlo un reparto justo -siempre que ambos estén de acuerdo con el papel que les ha tocado. Pero si los dos trabajan fuera, por igual, y dentro sólo lo hace Famulus, o si los dos lo trabajan dentro, de nuevo por igual, y fuera sólo lo hace Operarius, entonces es evidente que se discrimina y explota a uno de ellos, al que tiene dos empleos mientras que el otro sólo tiene uno. Si Famulus no trabajase fuera pero pretendiera repartir por igual las tareas dentro, o si Operarius exigiera que al otro trabajar fuera pero se negara a mover un dedo dentro, no lo encontraríamos muy razonable.
Esto es exactamente lo que sucede en la Universidad. Teóricamente todo el mundo enseña e investiga y, en la práctica, todo el mundo enseña pero no todo el mundo investiga. Imaginen que Magíster enseña e investiga, pero Indagator solamente investiga: la situación sería desigual, asimétrica, injusta, discriminatoria y explotadora. Y, al revés, si Indagador enseña e investiga pero Magister solamente enseña, es de suponer que también y por los mismos motivos. Pues la cuestión es que la primera situación es imposible, pero la segunda no. En la Universidad no se puede dejar de enseñar -ni siquiera en la UNED-, pero sí que se puede no investigar. Si alguien deseara dedicarse sólo a investigar, sin enseñar, tendría que irse al CSIC u otro organismo equivalente. Pero si decide no investigar no tiene que irse a ningún sitio, pues basta con que deje de hacerlo. Puede que le miren mal, puede que se pierda algún pequeño complemento económico, puede que sufra su autoestima... pero si quiere (no) hacerlo, (no) lo hará. Y no falta quien así lo decide, por los motivos que sea. Es más raro en las disciplinas tradicionalmente vinculadas a las Facultades y más común en las que proceden de las antiguas Escuelas Universitarias; más raro en las disciplinas enfocadas a la ciencias (naturales, experimentales, sociales o humanas) en el sentido más restrictivo y no tanto en las vinculadas a las profesiones (derecho, medicina...), pero es. Es una práctica que va desapareciendo pero que, sin lugar a dudas, no ha desaparecido. 
En general, los últimos decenios han sido de refuerzo de la investigación: más resultados, mejores indicadores, mayor relevancia en los procesos de selección, etc. Sin embargo, cuando nos acercamos a la pequeña política universitaria encontramos movimientos en sentido contrario: descarga docente a las categorías que no tienen obligación de investigar, inaplicación de los incentivos a la investigación, convocatorias de proyectos de investigación escasamente competitivas y poco exigentes para investigadores de poco nivel, servicios de publicaciones universitarios que editan a fondo perdido lo que a nadie interesa leer, paripés como asignar un ISBN a tesis editadas en un mínimo número de CDs para que el autor las pueda contar como una publicación, etc., etc.
Pero lo lógico y lo justo es que la carga total de trabajo sea igual, la que corresponde a cualquier trabajo a tiempo completo: si no investigas o investigas poco, deberás enseñar más; si investigas mucho, o investigas más, podrás enseñar menos; y, si investigas lo normal, habrás de enseñar lo normal. Eso es lo que determina, en sì y por sí, la reforma del art. 68 dela LOU.
Otro día más.