26 abr. 2012

Del equilibrio entre docencia e investigación


Mi anterior entrada sobre la reforma del art. 68 de la LOU para modular la carga docente de los profesores según sus méritos investigadores ha provocado varios comentarios de lectores, colegas y amigos. Los agradezco todos, y los hay de muy diverso tipo, pero me interesan más los que se oponen a una medida así o desconfían de ella. Comprendo, desde luego, esa desconfianza cuando la medida forma parte de un paquete que recorta drásticamente los recursos para la enseñanza y, en mi opinión, oculta una agenda  antiigualitaria y privatizadora. Pero, aun así, creo que esa medida es adecuada y que, por sí misma, sólo puede traer más justicia para los profesores y más calidad para la universidad. Naturalmente, eso no quiere decir que, combinada con las otras medidas, vaya a hacerlo; quiere decir que, permaneciendo el resto de cosas igual, lo hará o lo haría. Voy a empezar por una breve historia para sociólogos sobre el reparto de la carga de trabajo, luego explicaré por qué creo que no hay una disyuntiva entre calidad investigadora y calidad docente y finalmente argumentaré por qué creo que evaluar y recompensar la investigación es más importante que hacer lo propio con la docencia, aunque también deba hacerse. Pero en esta entrada me limitaré al primer punto.
En 1973, Michael D. Young y Peter Willmott publicaron un libro de gran impacto, más por su título que por el número de gente que lo leyó: The symmetrical family (La familia simétrica). Su tesis era que, en la familia tradicional, el hombre trabajaba fuera y la mujer dentro; en la familia moderna, por el contrario, los dos trabajaban dentro y fuera, pasando así de 1+1 a 2+2 trabajos... bueno, en realidad se habían quedado en 1+2: las mujeres trabajaban ya fuera, con lo que tenían dos empleos, pero los maridos todavía no lo hacían dentro, de modo que seguían con sólo uno, pero algún día llegaría ese otro reparto más justo. En la universidad sucede lo mismo. Todo el mundo tiene, por así decirlo, dos empleos, o dos medios empleos: uno como docente y otro como investigador. Pero eso es sólo la teoría, porque en la práctica, unos tienen dos y otros sólo tienen uno, y no hace falta decir cuál es: sólo la docencia; algunos se consuelan pensando que, con el tiempo, llegará en momento -en otra generación- en que todos hagan lo que tienen que hacer, las dos cosas. La teoría del investigador-mal-docente me la séde memoria, porque se la he oído a todos los que no investigan, que la repiten por razones obvias, y a algunos que sí, que lo hace por exceso de ingenuidad, pero sobre eso volveré otro día.
Ahora imaginen que volvemos a la división tradicional del trabajo en pareja, con o sin sexo: alguien trabaja fuera y sólo fuera y alguien trabaja dentro y sólo dentro, sea quien sea en cada caso. Famulus lo hace fuera y Operarius lo hace dentro. Si cada un hace una cosa y la carga de trabajo es equivalente, podemos considerarlo un reparto justo -siempre que ambos estén de acuerdo con el papel que les ha tocado. Pero si los dos trabajan fuera, por igual, y dentro sólo lo hace Famulus, o si los dos lo trabajan dentro, de nuevo por igual, y fuera sólo lo hace Operarius, entonces es evidente que se discrimina y explota a uno de ellos, al que tiene dos empleos mientras que el otro sólo tiene uno. Si Famulus no trabajase fuera pero pretendiera repartir por igual las tareas dentro, o si Operarius exigiera que al otro trabajar fuera pero se negara a mover un dedo dentro, no lo encontraríamos muy razonable.
Esto es exactamente lo que sucede en la Universidad. Teóricamente todo el mundo enseña e investiga y, en la práctica, todo el mundo enseña pero no todo el mundo investiga. Imaginen que Magíster enseña e investiga, pero Indagator solamente investiga: la situación sería desigual, asimétrica, injusta, discriminatoria y explotadora. Y, al revés, si Indagador enseña e investiga pero Magister solamente enseña, es de suponer que también y por los mismos motivos. Pues la cuestión es que la primera situación es imposible, pero la segunda no. En la Universidad no se puede dejar de enseñar -ni siquiera en la UNED-, pero sí que se puede no investigar. Si alguien deseara dedicarse sólo a investigar, sin enseñar, tendría que irse al CSIC u otro organismo equivalente. Pero si decide no investigar no tiene que irse a ningún sitio, pues basta con que deje de hacerlo. Puede que le miren mal, puede que se pierda algún pequeño complemento económico, puede que sufra su autoestima... pero si quiere (no) hacerlo, (no) lo hará. Y no falta quien así lo decide, por los motivos que sea. Es más raro en las disciplinas tradicionalmente vinculadas a las Facultades y más común en las que proceden de las antiguas Escuelas Universitarias; más raro en las disciplinas enfocadas a la ciencias (naturales, experimentales, sociales o humanas) en el sentido más restrictivo y no tanto en las vinculadas a las profesiones (derecho, medicina...), pero es. Es una práctica que va desapareciendo pero que, sin lugar a dudas, no ha desaparecido. 
En general, los últimos decenios han sido de refuerzo de la investigación: más resultados, mejores indicadores, mayor relevancia en los procesos de selección, etc. Sin embargo, cuando nos acercamos a la pequeña política universitaria encontramos movimientos en sentido contrario: descarga docente a las categorías que no tienen obligación de investigar, inaplicación de los incentivos a la investigación, convocatorias de proyectos de investigación escasamente competitivas y poco exigentes para investigadores de poco nivel, servicios de publicaciones universitarios que editan a fondo perdido lo que a nadie interesa leer, paripés como asignar un ISBN a tesis editadas en un mínimo número de CDs para que el autor las pueda contar como una publicación, etc., etc.
Pero lo lógico y lo justo es que la carga total de trabajo sea igual, la que corresponde a cualquier trabajo a tiempo completo: si no investigas o investigas poco, deberás enseñar más; si investigas mucho, o investigas más, podrás enseñar menos; y, si investigas lo normal, habrás de enseñar lo normal. Eso es lo que determina, en sì y por sí, la reforma del art. 68 dela LOU.
Otro día más.

4 comentarios:

  1. Carmen Jaulín09:34

    Sr Fernández Enguita, de mucho interés su entrada por la reflexión y el campo dialógico que ofrece. Tal y como lo veo el “68”no es efectivo porque polariza, en lugar de estimular la docencia y la investigación de manera simultánea, como si no tuviéramos suficiente carga con un contexto de reformas que ha dividido a la comunidad universitaria entre los que están a favor de cambios estructurales, los que no porque cualquier pasado siempre fue mejor, y los que ven oportunidades con la oportuna adecuación de recursos. ¡Más peleas pá qué! Si optamos por esta última como zona de equilibrio y planteamos qué variables definen la profesionalización del profesor universitario, traducido en transferencias para la sociedad, y por qué no para el mercado, las posibles destacadas tendrían que cubrir los dos objetivos: enseñar e investigar. Pero cuando preguntamos cómo hay que hacerlo, la respuesta tiene que adecuarse a una comunidad de intereses posesivos. No es lo mismo una Universidad con criterios de departamentalización centralizada de recursos como pueda ser la Carlos III, a una universidad con absoluta descentralización como la Complutense (Véase número de departamentos por facultades). No es lo mismo una materia de consolidación del conocimiento como pueda ser la filosofía a una materia para crear yacimientos de producción y empleo como pueda ser la ingeniería. Sin embargo si podría ser efectivo para todo tipo de conocimientos y de facultades, y la propuesta es tan sencilla como clásica, que se resumiría en el doble objetivo de hacer de la investigación una cultura docente; y viceversa. Es decir, que lo que conocemos como transferencia de conocimiento por fin llegase al aula y la investigación cambiara el currículum; así como la actividad del aula tuviera proyección en la investigación….Pero ese avance curricular tanto en la profesionalización docente como en la innovación de contenidos no se va a dar porque los intereses corporativistas de los departamentos están por delante y el profesor universitario sólo vive para la acreditación, aunque eso exija una práctica fraudulenta continua…La Universidad Española ha crecido en la redistribución Sálvese Quien Pueda… Sinceramente, creo que podemos darle una vuelta al engaño sistemático de carrera universitaria que padecemos….y que estamos a tiempo…ojalá! Wert vea la insuficiencia del 68 Att: Carmen Jaulín

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  2. Anónimo12:36

    Menos mal que el ejemplo para comparar docencia e investigación es el de trabajar dentro y fuera de casa. Dentro, enseñar (tareas de reproducción)fuera, investigar(tareas de producción) Lo que no se ve, no existe. Y la CNEAI, la prueba de la pureza de sangre. Qué bien se ve todo con las credenciales en la mano y la gloria de los que trabajan para que otros tengan meritos. en fin...El ejemplo de los tres cerditos sería quizá más propio para justificar la medida que usted aplaude. Solo puede quedar uno, el trabajador, los demás que se los coma el lobo. Por favor, menos demagogia.

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  4. Reconozco que el argumento de la explotación esta bien traido pero en ultimo término, es irrelevante.

    Que una medida pueda ser la solucion para una explotacion no la hace positiva, si genera problemas adicionales o mayores.

    Insisto: la medida es buena para los investigadores, mala para los que no investigan y mala para los alumnos.

    Si no hubiera otras soluciones, entenderia la medida, pero hay otras soluciones: por ejemplo, forzar la investigación para que todos investigasen y asi no habria explotacion y los alumnos recibirian clases de gente a la ultima. La propuesta por Wert le gusta por que le beneficia, no por que sea la mejor opción. Parece que lo que les suceda a los alumnos, a usted no le importa. No me parece correcto, que le voy a hacer.

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