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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

24 may. 2011

Disminuye el abandono escolar temprano, pero no hay que echar las campanas al vuelo

El pasado día 20, el Ministerio de Educación hizo pública la noticia de que el abandono escolar en España había descendido casi tres puntos desde el año anterior, del 31.2 al 28.4% (de 2009 a 2010). Los datos proceden de la EPA y en todo caso son, efectivamente, una buena noticia, pero deben ser matizados.
En primer lugar, la definición de abandono escolar (o educativo) temprano (o prematuro) no es única. El concepto de abandono que el MEC maneja en este caso comprende a los jóvenes, entre 18 y 24 años, que no continúan estudiando después de no obtener o de obtener el título de la ESO, es decir, los que quedan después de descontar los que continúan escolarizados, en cualquier nivel que sea, y los que ya han salido del sistema con un título post-obligatorio (bachillerato, CFGM, CFGS o estudios superiores, incluido CINE4) bajo el brazo. Pero el concepto de estricto de abandono se refiere a quienes abandonan el sistema sin llegar a obtener ninguno de estos títulos, aunque lo hayan intentado. Los datos de la Encuesta de Población Activa en que se basa el MEC excluyen del abandono a jóvenes de 18 a 24 años que pueden estar escolarizados todavía en la ESO o que, habiéndose incorporado al Bachillerato o a los CFGM, no los terminarán. Cuando se incluye a éstos, la cifra, lógicamente, sube y se aproxima al cuarenta por ciento. Dicho en breve, no es lo mismo fijarse en los matriculados (como hace ahora el MEC) que en los titulados (como habrá que hacer cuando se tengan las cifras de 2010).
En todo caso, el que maneja el MEC es un indicador válido: hay más alumnos que se quedan a estudiar en 2010 que hubo en 2009. ¿Disminuirán las cifras de abandono estricto -no titulados- en la misma medida que lo han hecho para este concepto suavizado -no matriculados? Probablemente no, o al menos no por ese solo motivo. Probablemente esos que se quedan son los que se habrían ido en otras circunstancias, todavía puede que lo hagan si tienen la ocasión y posiblemente tengan menos ganas de estudiar que sus compañeros, pero, de todas maneras, más matrícula sí se traducirá en más titulación, aunque cabe esperar que en un aumento menor.
Es posible que este repunte sea en buena parte efecto de la elevada tasa de desempleo juvenil, lo que quiere decir también que podría venirse abajo con una recuperación del mercado de trabajo. No hay razón para confiarse, de manera que habrá que seguir con los planes de refuerzo dedicados a combatir fracaso y abandono, y sigue pendiente la tarea de reconsiderar los mecanismos del sistema que están favoreciendo el fracaso (desde la calidad de centros y profesores hasta la repetición, la jornada, la transición a la ESO, más las desigualdades sociales) o el abandono (el bajo prestigio de la formación profesional, la orientación educativa y laboral, la falta de continuidad para los no titulados en ESO... además, claro está, del propio fracaso).
Sigue siendo, no obstante, una buena noticia, aunque le mejor llegó hace unos meses, con la disminución del fracaso en la ESO del 30.7%, tasa máxima que se alcanzó en 2007, al 26% de 2009, una reducción del 4.7%.