7 oct. 2007

Endogamia patriarcal

Un reciente trabajo de Teresa García Gómez, “La endogamia profesional en el ámbito del magisterio docente en España” (Revista Internacional de Sociología, LXV, 48, 147-171) revela aspectos interesantes sobre el gremio.  Por ejemplo, que entre maestras y maestros casados o que viven en pareja, que son el 75,9% del total, nada menos que el 39,5%, casi la mitad, tiene un cónyuge que trabajan también en la enseñanza, lo que representa un grado de endogamia más que notable.

Afirma la autora que “la movilidad profesional de ellas está principalmente en función de la carrera profesional de sus cónyuges”, más concretamente que permanecen en el mismo nivel, o incluso descienden (por ejemplo, de primaria a infantil, con perdón) para acompañarles cuando ascienden a secundaria, a la administración educativa o a un Centro de Profesores.

Como era de esperar, ellos desempeñan mucho más frecuentemente cargos directivos (en más que doble proporción, 67,7 contra 32,3%), pero tiene más interés es que esta desproporción se agudiza cuando ambos trabajan en el mismo centro (es decir, cuando más depende de ellos mismos, ya que el contexto es idéntico): entre las maestras, participan en la dirección el 0,4% de las que tienen a su compañero en el centro y el 2,0% de las que no, o sea el quíntuplo, de modo que más les vale tenerlos lejos.

Afirma también que las relaciones de pareja prevalecen habitualmente sobre las profesionales, es decir, que los cónyuges suelen votar en pareja, en general ellas en la estela de ellos, lo cual suele estar mal visto por el resto de compañeros. En contrapartida, cuando ellos son los directores ellas ejercen como directoras en la sombra, dedicadas a la micropolítica.

De éstos y otros hallazgos, el que más me ha llamado la atención es el de que la desigualdad de género se agudice, y no al contrario, cuando comparten el lugar de trabajo. ¡No está mal, para un colectivo tan dado al ritual del lailolailo.