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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

2 nov. 2012

Sobre Castilla y León y su alto nivel escolar


Hace ya un par se semanas me envió Saray Marqués, del periódico Escuela, tres preguntas sobre el alto nivel educativo de Castilla y León. Face una semana salió algo de lo que respondí, dentro de un artículo más amplio, en  el reportaje “Castilla y León, un oasis forjado por sus circunstancias“. Reproduzco a continuación mi respuesta completa.

1. ¿Qué factores influyen en la buena posición de Castilla y León (en PISA, en fracaso escolar o en abandono escolar temprano) con respecto a otras comunidades? ¿Es una buena posición tradicional, ya de antes de transferirse las competencias, y sus raíces están más en sus circunstancias (grado de alfabetismo de las familias, escaso número de alumnos por profesor, etc.) o también influyen las políticas de la Administración (gasto por alumno, ratios, otras)? Dicho de otra forma: ¿es una buena situación que a Castilla y León le viene dada -vive de rentas- o se está trabajando para lograr esta preponderancia?
CyL tiene una larga tradición de estudio y escolarización, como otras regiones interiores y minifundistas de otros países (v.g. en Italia), que la ha llevado históricamente a suministrar masivamente clerks (clérigos y funcionarios) a la iglesia y al estado e inmigrantes a Madrid (urbe administrativa por excelencia). Pero también hay, quizá por eso mismo pero no sólo, una trayectoria reciente consistente en tomarse muy en serio la educación. CyL lleva muchos años gobernada por el PP, pero jamás se ha embarcado en las aventuras de Madrid ni en las frivolidades de la Comunidad Valenciana.

2. ¿Se puede considerar que dentro del sistema educativo español hay ‘oasis’ (como el País Vasco o la misma Castilla y León) que destacan en un panorama bastante gris y, con resultados similares a países de la OCDE punteros, suben la media?
Efectivamente, las disparidades entre regiones españolas son tan amplias como entre países en los distintos indicadores educativos. Un  reciente informe europeo, Mind the gap, señalaba cómo España presenta a la vez regiones con las mayores tasas de egresados bajo mínimos (sin graduación secundaria alguna) y con la máxima cualificación (educación superior). En algunos de los indicadores empleados España mostraba la mayor disparidad interregional.

3. El ministro Wert habla de cómo la transferencia de las competencias ha fomentado las diferencias entre comunidades (en gasto por alumno, ratios, resultados en PISA, fracaso escolar y abandono escolar temprano) -http://www.educacion.gob.es/dctm/ministerio/horizontales/prensa/discursos/2012/03/20120305-comparecencia-ministro-senado.pdf?documentId=0901e72b8125b5c0-. ¿Está de acuerdo con el ministro o cree que, volviendo un poco a la primera pregunta, estas diferencias son históricas?
Wert tiene parte, pero sólo parte de razón en eso. Naturalmente, si la educación se transfiere a las CCAA es de esperar que eso genere diferencias cualitativas (tipo de educación, contenido) y, en ciertos casos, cuantitativas (nivel, indicadores). Pero no pasaría nada si tales diferencias fueran simplemente mejoras en algunas comunidades respecto de un nivel mínimo y compartido razonable. Por ejemplo, si todas las regiones cumpliesen el objetivo europeo del 85% de titulados post-obligatorios y algunas destacasen fuertemente por la proporción de titulados superiores. El problema es que arrastramos por doquier tasas intolerables de fracaso y de abandono, y eso no depende de la descentralización sino de algunas perversiones de la ordenación del sistema y de una cultura profesional (y social) apegada a la idea de la inevitabilidad del suspenso y la repetición, en vez de a emplear medios diversos y variables para que todos alcancen los objetivos comunes.