13 jun. 2011

El ágora de los indignados

Aunque tengo mi propia escala de preferencias sobre la prensa, cuando cualquier diario o revista me pide una colaboración o una opinión, si tengo algo que decir y tiempo para hacerlo, acepto. Así lo he hecho varias veces también con La Razón, pero el pasado 18 de mayo me escribió Aurora García para solicitarme "un análisis sobre las manifestaciones que se están produciendo en España de jóvenes pidiendo un cambio político", con una extensión de unas 200 palabras. Se la envié en el mismo día y nunca la publicaron, ni la periodista en cuestión me dio razón de ello -no sé por qué motivo ni especularé al respecto. El texto era éste:
El ágora de los indignados
¿Quién puede sentirse atraído por la perspectiva de que el PP sacralice las políticas económicas y los mercados desregulados que han provocado esta crisis profunda? ¿Qué les importa que el PSOE defienda un Estado del Bienestar cuya cobertura no les alcanza o que les promete cuidados paliativos en vez de oportunidades? ¿A quién puede atraer que IU pida más de todo con la tranquilidad de que no va a tener que cumplir nada de lo que promete? ¿Qué interés tienen ahora los cánticos nacionalistas sobre lo bien que estarían los de dentro sin los de fuera? Un país que soporta el 21% de desempleo, y una juventud con el 45%, se han lanzado a la calle en plena campaña electoral porque el contraste entre esta situación de crisis sin perspectivas visibles de salida, ni propuestas ilusionantes, y la rutina de la campaña electoral, en la que todo es más de lo mismo, les ha resultado insoportable. La derecha está encantada con este sistema que promete riqueza para todos pero margina a una parte creciente de la población, y la izquierda está paralizada ante su aparente inevitabilidad en una economía globalizada. A ello se han unido el inesperado ejemplo de los países árabes, las capacidades y el atractivo de los servicios de redes sociales y la experiencia de comunión que proporciona toda acción colectiva. El movimiento del 15M no pretende subvertir ni ignorar la democracia, ni será una alternativa a los partidos, pero representa una movilización de la sociedad civil que no podrá ser obviada por éstos. Sol y otras plazas son la nueva ágora a tener en cuenta.