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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

14 may. 2011

El "bachillerato de excelencia": preguntas y respuestas

Isabel Velloso, periodista, me pregunta sobre el bachillerato de excelencia propuesto por el gobierno de la Comunidad de Madrid, Hoy sale su artículo en el diario El Mundo. Aquí van las preguntas y respuestas completas. Ya habia hablado de esto en un post anterior.



Si no he entendido mal ¿considera acertada la propuesta de un centro de excelencia, con cuatro grupos, y no la de aulas de excelencia en los institutos?
Considero aceptable la propuesta de aulas o centros de excelencia cuando realmente hay tal, y la RAE la define como la "superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo". Si pasamos de los excelentes a los que simplemente se sitúan por encima de la media, en el nivel de notable, etc., entonces ya no es excelencia sino doble vía y, sí, segregación.
¿La creación de un centro de excelencia no es una iniciativa segregadora?
Separar a una parte de los alumnos tiene sus inconvenientes, pero someterlos a unas condiciones de enseñanza y aprendizaje muy por debajo de sus capacidades y disposiciones también: por eso hay que buscar el equilibrio, o el punto de inflexión. Si consideramos que ellos pueden ganar más que lo que ellos y los otros puede perder, hay que probar. Por eso debe quedar claro que la excelencia no es simplemente un nivel académico un poco más alto.
Los alumnos potenciales en Madrid para aspirar a ese Instituto San Mateo son unos 3.000 entre un alumnado de unos 45.500 ballicheres del primer año ¿Es la respuesta acertada para fomentar la excelencia?
La cuestión no es cuántos son, sino si efectivamente se sitúan muy por encima de donde está el grueso de sus compañeros. Probablemente de esos tres mil no tenga sentido separar más que a una minoría.
¿No debería fomentarse la excelencia desde la Primaria ? ¿No deberían adoptarse otro tipo de medidas como motivación del profesorado tanto desde el punto de vista económico como el restablecer su autoridad?
Teóricamente eso ya debería estar ocurriendo desde hace más de dos decenios, a través de la diversificación y las adaptaciones curriculares, y no ha sido así: por eso no hay que cerrarse en banda ante otras vías. Y lo que hay que fomentar desde primaria es la calidad, para todos.
Si se crean aulas en los institutos públicos de excelencia ¿qué pasará con los alumnos del montón, los de notas de cinco a siete? ¿Se corre el riesgo de perder el empuje de los excelentes y se acomoden hacia el alumnado de apoyo, diversificación o inmigración?
Insisto en que habrá "montón" si hay doble vía, no si se separa a un pequeño grupo excepcional. En cuanto al efecto de los buenos alumnos sobre los no tan buenos, la evidencia es ambigua: por un lado ganan con su influencia, que puede ser estimulante; por otro pierden con el contraste, que puede ser frustrante.
Es cierto que la propuesta de Aguirre pone en el centro del debate el olvido hacia los alumnos excelentes pero el siguiente debate ¿no será sobre el olvido del montón?

Espero y deseo que no sea así, y espero que no dependa sólo de Aguirre. El problema, hoy por hoy, no es si se discute de los excelentes o los del montón, sino si se discute sobre la calidad de la educación o sobre la jubilación anticipada, la autoridad del profesor, etc., sobre todo en los claustros y en las organizaciones profesionales.
En el caso del idioma, los centros dividen al alumnado por niveles, lo que permite impartir mejor las clases y la mejora de conocimiento de los alumnos pero cuando llegan a Bachillerato, el inglés puntúa: ¿no es injusto para los excelentes? Un 8 merecido en un nivel bajo no es igual a un 8 merecido en el nivel alto. ¿Los bachilleres excelentes que necesitan una determinada nota para poder ingresar en la carrera escogida no se verán penalizados en aulas de excelencia?
La injusticias, efectivamente, no sólo ocurren cuando no damos a un alumno, en la enseñanza obligatoria, los recursos adicionales que tal vez necesita, sino también cuando cercenamos las posibilidades de otro que no los necesita: eso es lo importante. Por lo demás, los alumnos deberían ser evaluados en todos los centros y territorios por un cirterio único, aunque esto se lleva mal con el hecho de que España sea el único país en el que durante toda la primaria y la secundaria no hay ninguna intervención de órganos externos en la evaluación, o sea, que depende exclusivamente de sus profesores.
El debate sobre la Educación surge siempre en campañas electorales y, generalmente, suele quedarse en papel mojado: centro de enseñanza en catalán, ordenadores para 5º de primaria, centros de excelencia... con lo que parece confirmarse que a ninguno de los principales partidos les interesa realmente la Educación ni, por tanto, el futuro del país.
Lamentablemente, la educación es instrumentalizada en la batalla política: todos lo hacen, pero el PP, como también a veces  los nacionalistas, se distingue por su deslealtad institucional. Estaría bien que nos ahorraran espectáculos como Educación para la Ciudadanía en inglés, los pseudodebates sobre las pantallas de ordenador y la vista, etc. Pero con el tema de la excelencia han hundido el diente en un problema real.
¿No necesitan también estos alumnos excelentes convivir con todo tipo de alumnado para el aprendizaje de la convivencia y cohesión social?
Sin duda habría de acompañarse la medida de un sobreesfuerzo compensatorio: recordarles que están recibiendo una educación pública, que contraen una deuda mayor que otros con la sociedad, propiciar que participen en actividades con otros grupos y centros, etc. Se llevaría mal ese tratamiento especial, por ejemplo, con la permanente objeción del PP a Educación para la Ciudadanía.
¿No es más razonable pagar más al profesorado de centros con toda suerte de integración, inmigración, apoyo, etc que pagar más a un profesorado con un alumnado ávido de aprender?
Hay todavía recorrido para mejorar las condiciones de trabajo, salario y reconocimiento simbólico del profesorado, pero deberían vincularse en todo caso a un mejor trabajo, sea donde sea. Y sí, creo que es más importante incentivar el trabajo con grupos en riesgo de exclusión, en la formación profesional, en la innovación, etc. Pero también cabría hacerlo con estos profesores si se les va a requerir un trabajo efectivamente mayor o más intenso.