12 feb. 2004

¡Maruja!

No hay mucho que sacar de la insulsa sarta de incoherencias y banalidades pretendidamente agudas, sutiles e irónicas que la periodista Maruja Torres escribe en su columna ¡Mariano!, en El País de 12/2, excepto que no le gusta ni política ni personalmente el Sr. Rajoy (razonable lo primero pero prescindible lo segundo) y que se hace mucha gracia a sí misma afirmando que los camareros siempre se llaman Mariano, que siempre hay un mariano, etc. Yo también me llamo Mariano, cosa que ni pedí, ni me molesta, ni me afecta. Puede uno llamarse así porque su padre quiso perpetuar su nombre —como yo—, por haber nacido en ese día del santoral cuando era usual aplicarlo o por cualquier otro motivo. Supongo que la explicación más sencilla es que hay muchos Mariano en una generación porque ya los hubo en la anterior, y que, en el fondo, en un país de tradición católica, los Mariano reflejan entre los varones lo mismo que las Mª José y Mª Jesús entre las mujeres: cierta devoción cruzada. Pero lo que todavía me cuesta comprender es el recurrente y tedioso uso humorístico del nombre (en contraste, por cierto, con lo eufónico que siempre les parece a los extranjeros). Supongo que en parte se explica por su tipicidad regional (el Mariano aragonés —como yo—, el Jordi catalán, el Pachi vasco…), pero es que la cosa va mucho más allá, pues no cabe duda de que hay cierta obsesión entre los humoristas y sus émulos con el nombre: algunos con mucha gracia (como el reportero de Ja en El Jueves), otros no tanta (como los dos de Forges, algo mejor el que acompaña Concha y soporífero el sobrio) y otros deleznables (como un tal Mariano-Mariano que anda por ahí), por citar sólo tres fuentes. En un tiempo pensé que el motivo podía ser aquél patético fascista llamado Mariano Sánchez Covisa, pero no creo que nadie se acuerde ya de él y ahora temo, más bien, que tras tanta insistencia sólo late la vieja idea de que existen nombres que denotan origen popular y, por tanto, poca clase (camarero, ya se sabe), simpleza (bonachonería, dice la Torres), etc., entre los cuales estaría el de Mariano, a diferencia, supongo, de cualquier Pedro José, Juan Luis, Luis María o, por qué no, José Antonio. En fin: me parece que ya vale de chabacanerías sobre marianos camareros y similares. Esto debería entenderlo mejor que nadie una maruja, incluso en esos días en que parece tarea imposible llenar una columna.