26 feb. 2018

Dos entrevistas recientes




LA VOZ DE GALICIA, 25/2/18
Entrevista de Sara Carrera
Fotografía de Benito Ordóñez

«La escuela pública es mejor en equidad y la privada, en selección y control del profesorado»
Mariano Fernández Enguita, catedrático de la Autónoma de Madrid y referencia nacional en educación, aboga por una mejor formación de docentes y más flexibilidad en las aulas

Mariano Fernández Enguita es catedrático de Sociología en la Complutense, docente del máster de profesores e investigador. Sus posiciones son a veces muy contestadas, porque parece no tener pelos en la lengua. Defensor de la escuela pública, no esconde sus defectos y exige cierta autocrítica y, sobre todo, más compromiso y calidad en el profesorado. Se ha revelado como un duro crítico de la situación de Cataluña, y señala a la situación de la escuela catalana para explicar parte de lo que está pasando.

Diga dos cosas en las que la enseñanza pública sea mejor que la privada, y viceversa.

La pública es mejor en equidad, porque va siempre pegada al territorio, y es mejor en un aspecto de la laicidad, porque se ha independizado de la religión (no siempre lo es en otro aspecto de esta, pues no se ha inmunizado contra la ideología política ni contra la política partidista, como muestra con toda evidencia el proceso reciente en Cataluña). La privada es mejor en que la selección y el control del profesorado no se reducen a humo al día siguiente del acceso (de la oposición) y en que las direcciones dirigen, lo cual permite que haya proyectos de centro reales.



En una escuela de una zona desfavorecida, ¿qué haría primero: educación infantil gratuita, reforzar el servicio de orientación, más profesores de apoyo, maestros que dominen el inglés, un equipo directivo motivado, docentes excepcionales...?

Marcel Mauss explicó hace ya un siglo que la pobreza es un hecho social total. Importa poco por dónde se empiece, pero importa mucho abordarla en todas sus facetas, porque lo contrario está abocado al fracaso. Desde una perspectiva escolar yo pondría el énfasis en asegurar las necesidades más básicas del alumnado (alimentación, higiene, seguridad, custodia, ocio…), destinar educadores de calidad (no los últimos del escalafón) y articular un proyecto educativo y social coherente entre la escuela y el poder local.

El debate «concertada sí o no», ¿cree que es una excusa para no afrontar la competencia?

Más que ser una excusa son unas orejeras. Todo profesor se sabe la frase Conócete a tí mismo, pero no todos se detienen en su sentido más profundo. El funcionario o interino que se desgañita con «la defensa de la enseñanza pública» debería preguntarse si defiende algo más que sus intereses laborales; incluso si, en el mejor de los casos, no estará haciendo lo adecuado por los motivos inadecuados. Si yo diseñara un mundo ideal, la escuela sería pública, a la vez que equitativa, excelente, innovadora... Pero nací, crecí y vivo en un mundo ya diseñado, o simplemente producto de la evolución, más que de un diseño inteligente, y ni la escuela pública es tan buena y equitativa como pretende ni la escuela privada es tan clasista e ideológica como algunos dicen (en sentido contrario, ni la escuela privada es mero resultado de la libre elección ni la pública es el totalitarismo descafeinado). Tenemos lo que tenemos y creo que lo sensato es pactar un escenario de servicio público compartido (en términos de equidad y calidad), coexistencia pacífica y competencia abierta y constructiva. Llevamos cuatro decenios con parecida distribución del alumnado; si dentro de uno o dos más ha habido alguna modificación sustancial de las proporciones, será el momento de volver a hablar

Es defensor de la jornada partida. ¿Tiene las de perder?
Sin duda. La lenta pero firme extensión de la jornada matinal e intensiva (continua) ha sido, es y será, todavía por algún tiempo, la peor muestra de la enseñanza de talla única, de la imposición del interés corporativo sobre el público, del desprecio por los datos y conclusiones de la ciencia y de cuán ficticia es la comunidad escolar. Dicho esto, yo no he defendido la jornada partida por sí misma sino una jornada variada y distendida, en particular para los alumnos con más dificultades, y elegida por cada familia en función de sus posibilidades y necesidades y las de sus hijos, no por la mitad más uno del colectivo ni por la influencia decisiva del profesorado, como viene sucediendo. Pero hoy, con lo que sabemos sobre el potencial educativo del trabajo autónomo, la tecnología digital, el aprendizaje colaborativo y los grupos flexibles (además de sobre los ritmos vitales), cabe abordar ya la flexibilización radical del horario del alumnado, a la vez que ampliar al máximo el de la escuela como institución comunitaria.

Le gustaría la religión como actividad extraescolar ¿De oferta obligatoria? ¿Quién pagaría a esos profesores?

Me gustaría que la religión no existiera, pero ahí está, es esencial para mucha gente, hay que convivir con los creyentes y yo no tengo cuentas pendientes con ella. La enseñanza debe ser laica, basada en lo compartido, si bien el legado religioso es parte integrante de la cultura. Y la laicidad implica que la religión debe quedar fuera de la relación de autoridad que vertebra la escuela: fuera, por tanto, de la enseñanza y de la actuación del docente. Dicho eso, a la escuela encomendamos también, o incluso primero, buena parte del cuidado y la custodia de la infancia, así como facilitar actividades de interés particular para alumnos y familias. No debería haber problema en que el espacio escolar acogiera actividades de información y formación religiosa dentro de la ley, al margen de la enseñanza y a cargo de los interesados; resulta difícil defender que se pueda alojar un taller de papiroflexia o de manga pero no la instrucción religiosa, aunque solo sea por lo que significa para las familias y para que los menores no tengan que cruzar varias calles hasta la parroquia. Además, tratar la religión como asunto exclusivamente privado es una respuesta de ayer y un problema hoy. El cristianismo lo ha terminado aceptando al cabo de muchos siglos, no siempre de buena gana, pero el islam, ya muy presente en Europa, es y va a seguir siendo, hasta donde alcanza la vista, una religión política, y me parece mucho mejor que se desenvuelva en un espacio de cierta transparencia, como es la escuela, que no, o no solo, en comunidades cerradas o semiclandestinas.

El conselleiro de Educación de Galicia sueña con un sistema de acceso parecido a Medicina: en tantos años se necesitarán X profesores, así que habrá X plazas de universidad. ¿Qué le parece?
Es razonable: tenemos profesores para educar a los alumnos, no al revés, por lo que la oferta debe ajustarse a las necesidades. Sin embargo, no va a ser tan simple, porque de poco serviría ajustar cuantitativamente una oferta que está cualitativamente obsoleta. Hay que repensar la escuela, no solo recalcularla. El modelo que asocia un enseñante a un aula (o una asignaturaaula) y un grupo es un lastre, pero no salimos de él, siempre discutiendo sobre las ratios. Marx dijo una vez que «la tradición de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos». No se refería a la enseñanza, pero se aplica al dedillo.

Se quiere subir la nota de corte para el grado. ¿Qué nota sería la «mínima» aceptable? ¿o es mejor exigir un mínimo en Lengua y Matemáticas, como proponía Madrid?
Cuanto más alta, mejor, pero lo esencial es que el proceso selectivo tenga en cuenta otros aspectos como el nivel de compromiso, la vocación social o la iniciativa individual, ya en el mismo acceso a los estudios, y la capacidad de trabajo en equipo, liderazgo ante el alumnado, resolución de problemas... Todo eso se necesita en el primer acceso al empleo (las prácticas, la inducción, el llamado mir…) así como que el proceso formativo sea eficaz, es decir, que deje marca en el estudiante y sea el principio de un exitoso desarrollo profesional.

Propone incentivar al profesor de la pública. ¿Cómo? ¿Con dinero? ¿Mandándolo a cursos? ¿Encargándole que forme a otros profesores?

Creo que el profesorado está falto de retroalimentación, es decir, de información sistemática sobre el progreso (o no) de sus alumnos y de acompañamiento por parte de sus colegas, así como de reconocimiento profesional y social, lo cual pasa por dar a conocer y alentar el buen trabajo individual y de equipo. No creo en el pago por resultados, pero tampoco en un reconocimiento abstracto ligado a la categoría administrativa: eso hay que ganárselo.

Hay quien dice que la formación continua tiene que ser obligatoria y en julio. ¿Usted también lo cree?
En julio y en las tardes, si me apura. El profesor tienen un calendario y un horario laborales, por contrato, muy parecidos a los de cualquier otro trabajador. La diferencia es que se le presume un alto nivel de cualificación y de compromiso, así como una gran diversidad de situaciones, y por ello se deja que cada quien determine, de manera autónoma o como parte de un proyecto de equipo, de centro, etcétera. como lo emplea para sus específicas necesidades de formación, además de para otras funciones no lectivas o simplemente no programadas. En los tiempos que corren es impensable estancarse en la formación inicial, y considerar julio, las tardes o la mitad no lectiva del año como el merecido descanso de una profesión de riesgo; sería algo indecente, un insulto a la sociedad.

¿Considera que los docentes son un colectivo lector, que está al tanto de las novedades e investigaciones de su profesión?

Creo que hay de todo, incluso que los docentes proporcionan un núcleo fuerte del público lector, sobre todo los profesores de secundaria; pero si es posible que haya una preocupante proporción del profesorado, en particular del magisterio, que lee poco o nada. Es una consecuencia del escaso nivel de exigencia en el acceso y de una visión practicista de la profesión: el librillo en vez de los libros. Es, sobre todo, un fracaso de las facultades de Educación, que no ofrecen y, por tanto, no instalan en el profesorado una visión científica y reflexiva de su propia profesión.

Aboga por eliminar los programas de «reenganche» del alumnado de secundaria en riesgo de fracaso. Prefiere el modelo que denomina «comprehensividad excepcionable», que supondría que ellos decidirían si siguen o no. ¿No es arriesgado? ¿No necesitamos una mayor coordinación colegio-servicios sociales poder hacer algo así?

El mejor servicio social para detectar los problemas de un alumno es el profesor. Yo parto de creer perfectamente posible que la generalidad de los adolescentes superen la enseñanza obligatoria con éxito. Pero siempre hay quien no lo hace porque no puede, porque se resiste o porque se lo hemos hecho imposible. En el modelo Logse, lo que se hacía era ignorar a esta presunta minoría… aunque llegase a alcanzar a tres de cada diez alumnos (la cifra de fracaso hace un decenio). En el modelo Lomce, lo que se hace es permitir o incluso pedir al profesorado que aparte de antemano las cabras de las ovejas, como en la Biblia. En el modelo que yo propongo, la comprehensividad excepcionable, el profesorado tendría como norte la tarea y la obligación de lograr que todos los alumnos terminasen con éxito la enseñanza general, pero los alumnos y sus familias (no los profesores ni otros profesionales) tendrían, en última instancia, el derecho a obtener una excepción, o una exención, encaminada a una formación más práctica, ya dentro del periodo obligatorio, en vez de pudrirse en él para abandonar el sistema sin una credencial con algún valor en el mercado de trabajo.

¿No le parece que la FP básica permite a un estudiante «reconducirse» y no le cierra puertas porque puede pasar a ciclo medio?
La FP básica es el intento de la Lomce de diferenciar a un tercio del alumnado, así como la Garantía Social, los PCPI y otros fueron los intentos de la Logse de ignorar las proporciones del fenómeno. Me parece bien la FPB si la piden un alumno y una familia, oídos cuantos profesionales se quiera, que han decidido que es lo mejor para aquél.


EL MUNDO, 10/1/18
Entrevista de Luis Alemany
Fotografía de Javi Martínez

"El dinero no es el problema de la educación en España"
Zaragoza, 1952. Catedrático de Sociología en la Universidad Complutense. Tiene tanta autoridad en educación que le da igual meterse en líos: "Los profesores están a la defensiva. Por eso la hipersensibilidad en Cataluña".


¿A qué colegio fue?

A un colegio nacional de los de antaño. Público, masculino, lleno de profesores que habían jurado el Alzamiento Nacional... No tengo un recuerdo ni muy negativo ni muy positivo. Profesores medio malos recuerdo bastantes; simpáticos, algunos.

¿Había afectos con los profesores?

Pocos. Era una época autoritaria.

¿Es razonable esperar ese afecto de los profesores para nuestros hijos?
Es razonable esperar confianza.

Los padres de antes tenían una relación casi de temor con el colegio de sus hijos. Hoy somos como clientes exigentes y desconfiados.
Ese es un problema de todas las instituciones. Pregúntele a la Guardia Civil, cada vez que salen alguien les dice que les va a denunciar al Tribunal de Derechos Humanos... Ocurre también que la formación de los maestros, hace 50 años, era mayor que la de los padres y por eso tenían autoridad sobre ellos. Eso ya no ocurre.

¿Está bien que los padres presionemos?
Sí. Lo que pasa es que la escuela es una institución muy poco transparente y por eso aparecen conflictos, porque no se explican bien las decisiones que se toman.

Habla de los profesores como un colectivo hipersensible y corporativista.
Es un colectivo a la defensiva, entre otras cosas, porque los claustros son claustrofóbicos: son ambientes cerrados en los que la gente siempre dice lo mismo, escucha lo mismo... Se maximizan los problemas que vienen de fuera. Por eso la hipersensibilidad. En Cataluña lo estamos viendo ahora.

En Cataluña, las familias defienden su escuela como algo personal. Podemos estar en desacuerdo, pero hay algo admirable en eso.
Yo no veo a las familias defender la escuela catalana, veo a la FAPAC [Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Catalunya]. No sé cuántas familias serían tan incondicionales si les preguntasen en casa. En las encuestas, entre el 60 y el 80 y tantos por ciento quiere un mix de catalán y castellano, en un grado u otro. De ahí pasamos a 80 familias que lo reclamaron aunque la Generalitat diga que son ocho. O sea, que hay una espiral de silencio que no me parece tan admirable.

Esa idea de que muchos profesores catalanes son nacionalistas, ¿es demostrable?
La ha medido SCC, acumulando los datos del CIS de varios años. El porcentaje de voto nacionalista entre profesores es el doble.



¿Por qué?
Primero, porque aquel que hable catalán como lengua materna lo tiene más fácil para entrar en la escuela catalana. Segundo, porque el nacionalismo ha privilegiado a la escuela catalana durante 30, 40 años. Y puede que la profesión predisponga, tengo mis dudas. El maestro habla del territorio, de la cultura propia... Pero también se supone que es una persona ilustrada que apunta al humanismo.

Si hubiese un 25% de clases en castellano, ¿el idioma catalán se volvería marginal?
Ni en broma. Pero es que, además, lo del porcentaje da igual, lo que importa es transmitir el mensaje de que el castellano «no es nuestra lengua»... Eso entre tantos otros mensajes. El otro día leía un texto de un autor que es muy sensato en cualquier otro tema decir que la escuela catalana se esfuerza por la integración pero el Estado Español la sabotea porque destina una cantidad ínfima del PIB a educación... Bueno, pues no hay ningún fundamento para decir una cosa ni la otra. Resulta que el gasto por alumno en Cataluña es uno de los más bajos de España.

¿La educación en España es pobre? Pobre en recursos, quiero decir.
No. Ni es pobre ni el dinero es su problema. Si comparamos con otros países, el gasto por alumno es relativamente alto, aunque que ha bajado con los recortes de estos años.

Hablo con amigos profesores y me dicen que los problemas de indisciplina, falta de respeto y actitudes desafiantes se han vuelto muy extraños en comparación con lo que ocurría hace ocho, nueve años.
Es la primera vez que lo oigo... Soy escéptico. Me parece más probable que lo que varíe sea la alarma entre la profesión. En Sociología Criminal es un lugar común que la percepción espontánea de la frecuencia de delitos y peligrosidad (por barrios o por temporadas) no suele corresponder a la realidad. En el sistema educativo hubo unos años en que el tema fue obsesivo, sobre todo cuando el sindicato ANPE salió con los absolutamente infumables informes de Iñaki Piñuel sobre acoso y violencia escolar y con su bastante demagógico defensor del profesor.

La última pregunta. La vieja promesa de "estudiad mucho y prosperaréis a través del conocimiento..." ¿ha caducado?
Está más vigente que nunca: aunque veamos licenciados de camareros y millonarios que dejaron la carrera, es en adelante cuando la educación más va a marcar la diferencia entre éxito y fracaso.