Mi foto

Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

3 mar. 2015

Mobile Orbis Pictus


    "Llegará un día en que el profesor diga a los alumnos al inicio de la clase: 'Encended los móviles', en lugar de decirles que los apaguen." Eso anticipa Mariano Jabonero, según cita Susana Pérez de Pablos en un artículo del pasado 23/2 en El País. Ojo a la fuente: Mariano es Director de Educación de la Fundación Santillana (sí, la de ediciones Santillana, los libros de texto, etc.); Susana es hoy la jefe de sección de ciencia y tecnología en ese diario y fue mucho tiempo la principal encargada de cubrir el ámbito de la educación; el diario, como todos saben, es todavía el buque insignia del grupo PRISA, a su vez propietario del Grupo Santillana. Léanlo bien: una periodista nada despistada del principal grupo de comunicación se hace eco de la declaración de un experto y directivo de la fundación de lujo del mayor editor de libros de texto... para decir que viene el móvil. Para esa gente y esas empresas la tecnología no es ninguna broma: El País, como otro muchos medios, ha visto descender radicalmente difusión y publicidad, sus dos fuentes de ingresos, por la competencia indirecta de la red, y cualquiera podría pensar que los editores de libros de texto podrían estar temblando ante un riesgo parecido (lo que no es el caso, pero dejo este interesante asunto para otra ocasión).

    No cunda el pánico: no todo el mundo está de acuerdo. Unos días después, en la sección de opinión del mismo medio se publicaba una carta, El móvil en el aula, no, de una lectora-corresponsal ya habitual que ha dado en abrazar todas las causas conservadoras del profesorado, lo que es su derecho. No son los últimos mohicanos, sino la expresión de un estado de opinión aún mayoritario, creo yo, aunque ya nada unánime. Todavía a finales del pasado año la prohibición del móvil en el aula se pretendía legislar en Galicia, se legislaba en Castilla-La Mancha, se proponía por el Consejo Escolar en Girona o se aplicaba en todos los institutos de Oviedo, una lista solo anecdótica. No crean que es la piel de toro, aunque aquí aguantamos más: en 2009 el alcalde de Nueva York, Bloomberg, reprochaba a los alumnos que "a la escuela se viene a aprender, no a jugar a los juegos y enviar sms", si bien es cierto que en las mismas fechas el Secretario (ministro) de Educación, Duncan, hablaba de "buscar maneras de utilizar los móviles para enseñar" –tienta añadir que el primero era repúblicano y el segundo no..., pero era independiente y antes había sido repúblicano y demócrata, .

    Ronroneando este asunto me ha venido a la cabeza nada menos que el Orbis Sensualis Pictus (El mundo visible en imágenes), o simplemente Orbis Pictus, de Comenio (Comenius, Komensky, Komenskeho). El Orbis Pictus es considerado el primer libro de texto. Su primera edición fue en 1658 en Alemania, pero en 1659 ya tenía traducción inglesa y pronto fue el libro más utilizado en toda Europa (alguna vez he escrito ya que el globofóbico sector de la educación es uno de los primeros ejemplos de globalización avant la lettre). Entonces había pocos libros, menos todavía libros escolares. También Comenio (que no por casualidad da nombre al programa europeo de cooperación en la enseñanza preuniversitaria) puede ser considerado el fundador visible de la escuela entonces moderna, hoy tradicional.
    Piénsese en lo disruptivo del Orbis Pictus en aquel momento. Para empezar, un libro, cuando la mayoría de las escuelas no contaban con tal cosa (la resistencia de Sócrates a la escritura tuvo su eco en los albores de la imprenta, cuando más de uno se preguntaba qué harían los mortales ante tal profusión de libros). Pero, además, un libro ilustrado, es decir, lleno de dibujos para acercarse a la sensibilidad de los niños. En la jerga de hoy se podría haber dicho que era un artilugio multimedia, incluidos los más modernos media: texto impreso e ilustraciones igualmente impresas.
    No resisto señalar otros aspectos. El texto de consistía casi todo en frases brevísimas, casi unos sms de la época. La primera edición fue bilingüe, en la lengua nacional, alemana, y en la lingua franca, por entonces el latín (¿se imaginan esto en Cataluña, con un ataque de histeria en el Departament, o en Madrid, con la indignación de tantos profesores); la edición inglesa también fue bilingüe, en inglés y en latín, porque el primero sólo era una lengua local. Pero Comenio era Komenskeho, o sea checo, y en 1666 se hizo la primera edición checa... ¡que fue una edición cuatrilingüe!, en checo, húngaro, alemán y latín (¿se imaginan eso en Les Illes?). ¡Qué tiempos aquellos en que todas las lenguas parecían pocas incluso en primaria, en que en lugar se la inmersión se trataba de sacar la cabeza del charco!).
    Pero bueno, tampoco nos pongamos sentimentales. Orbis Pictus fue, después de todo, un libro de texto. Genial para su tiempo pero claro anuncio de lo que luego vendría. El libro de texto es al libro... lo que la música militar es a la música, que diría Groucho Marx. En serio: el libro de texto es al libro lo que un microtelevisor (de esos que antes se vendían  en los bazares indios y las tiendas de los aeropuertos) es a un teléfono inteligente. La hostilidad de tantos docentes al móvil no es distinta de la que sentirían hacia la biblioteca si, como este, cupiera en el bolsillo del alumno. En sentido opuesto, el móvil se puede usar como un mero televisor, igual que una biblioteca se puede limitar a manuales.
    La cuestión es si se intenta cerrar el panorama del alumno, sea con lecciones magistrales, con libros de texto o con aplicaciones cerradas, o si se opta por introducirlo, acompañarlo y guiarlo en un mundo abierto.
Disclosure: Sí, en mi clase se pueden encender los móviles. No son mi opción favorita, pues prefiero tabletas y, mejor aún, portátiles por las dimensiones de la pantalla y, sobre todo, del teclado, pero en todo caso pueden y deben, en todo momento (es la universidad, cierto) encender y conectar algún dispositivo, preferentemente el suyo. Buena parte de lo que hacemos discurre a través de plataformas que cuentan incluso con sus propias aplicaciones para móviles (como Classroom, YouTube. Calendar) o son más o menos adaptativas (responsive, como Wikispaces, Moderator, Kidblog, Vialogues, Genius), aunque algunas no lo son en absoluto (como PRAZE, TeamMates). Comenio, con seguridad, no se habría conformado con menos.