5 ago. 2014

La ratio amor/odio en la política española

El barómetro del CIS de julio (estudio 3033) ha dado lugar a titulares de prensa sobre la mayoría electoral del PP, el ascenso de Podemos y ERC, la atonía del resto de la izquierda o la preocupación por el paro, pero a mí me ha llamado la atención otra cosa, las respuestas a la pregunta 10. Esta inquiere sobre la probabilidad de que alguien vote a un partido u otro, y le pide que la exprese en una escala que va de 0 ("con toda seguridad, no le votaría nunca" a 10 "con toda seguridad, le votaría siempre). En medio, claro está, todos los grados de proximidad o lejanía, de 1 a 9, pero a mí sólo me interesan hoy (un día es un día) los extremos, los de siempre o nunca.
La tabla adjunta recoge los resultados y unos índices construidos a partir de ellos. Las tres primeras columnas, nunca, siempre y no sabe, están directamente tomadas de la página 8 del avance de resultados proporcionado por el CIS ("Frecuencias de preguntas"). Las tres siguientes son sencillos índices construidos a partir de ellas: el cociente entre los que nunca votarían a un partido o coalición y los que siempre lo harían (N/S), el inverso (S/N) y la diferencia porcentual entre el total de los entrevistados y los que se pronuncian tan categóricamente para cada marca electoral (100-S-N).



Nunca Siempre NS N/S S/N 100-(N+S)
PP 59.3 4.3 4.4 14 0.07 36.4
PSOE 41.9 3.3 4.5 13 0.08 54.8
IU/ICV 45.2 1.8 5.7 25 0.04 53.0
UPyD 52.4 0.5 11.3 105 0.01 47.1
CiU (Cat) 49.6 2.3 1.5 22 0.05 48.1
ERC (Cat) 48.6 6.1 2.8 8 0.13 45.3
PNV 42.4 3.4 6.8 12 0.08 54.2
Amaiur 54.0 2.7 8.7 20 0.05 43.3
BNG 45.8 2.0 7.2 23 0.04 52.2
CC 46.4 0.9 7.1 52 0.02 52.7
Compromís-Equo 39.1 2.2 17.3 18 0.06 58.7
FAC 55.0 - 23.3 - - 45.0
Geroa Bai 56.2 - 3.1 - - 43.8
UPN 71.9 - 3.1 - - 28.1

Lo primero que salta a la vista es cuánto odio y cuán poco amor. Hablar de amor y odio puede parecer excesivo, pero no lo es tanto. Yo creo que, en política, si te preguntan a quién votarías o podrías votar en la forma de la pregunta 10, los límites de la prudencia están entre el 1 y el , que ya es bastante. Asegurar que votarás a un partido diga lo que diga (right or wrong: ¡con razón o sin ella, es mi partido! -cuando hace ya decenios oí decir eso, encendido, al máximo dirigente del grupo político en que yo militaba, comprendí finalmente que tenía que irme), es amor, porque el amor es ciego; y  lo contrario es el mejor síntoma de que el odio ciega tus ojos.
La sola contemplación de la columna "Nunca" ya es para echarse a correr. El partido que gobierna, y con mayoría absoluta, es el que nunca votarían 6 de cada diez encuestados. Ya sé lo de la abstención, la ley d'Hont, el desgaste de estar en el gobierno, lo expresivo de castigar en una encuesta a quien se llevó tu voto, etc., ¡pero vaya! Los demás, difícil o escasamente bajan de del cincuenta por ciento de rechazo y ninguno del cuarenta, excepto Compromís-Equo, lo que sin duda se debe al desconocimiento (como indica su elevado índice en la tercera columna).
Otra curiosidad es lo difícil que resulta en España ser centrista, cualquier cosa que sea eso. Lo muestra el bajo nivel de amor que, a pesar de su reciente ascenso electoral, suscita UPyD, el más bajo de todos, en combinación con el elevado nivel de odio que recoge, que es el segundo más alto entre los partidos nacionales, por detrás sólo del PP en el gobierno. Como suele decirse, es difícil contentar a todos, pero es muy fácil enfadar a la mayoría. 
Pero hay otros dos partidos de ámbito autonómico con notables niveles de odio (y desdeñables niveles de amor, por eso no se registran): son los renegados del PP en Navarra y en Asturias. Es probable que estos grupos, lo mismo que UPyD, no hayan podido evitar sumar al odio añejo que ya sufrían como parte de aquellos de los que se desgajaron (UPyD del PSOE y UPN y FAC del PP) y el odio reciente de sus ex camaradas despechados.
Sobresale también el hecho de que todos y cada uno de los partidos o coaliciones secesionistas o filosecesionistas acumulen el rechazo de la mitad o más de sus potenciales votantes (como el lector ya habrá adivinado, para cada partido se encuestó sólo a los electores de su territorio de actuación). Muy cerquita del cincuenta por ciento se sitúan tanto CiU com ERC y sensiblemente por encima lo hacen Amaiur y Geroa Bai (no así el PNV, que recibe un odio relativamente bajo dentro del conjunto, si bien es cierto que ahora no enreda mucho, quizá a la espera). En términos puramente especulativos, por ejemplo, la respuesta a esta pregunta no declara imposible que la mitad de los electores catalanes que odia a CiU fuese la misma que ama a ERC, y viceversa, pero por los valores intermedios, otras preguntas sobre el voto y los cruces con esta misma sabemos bien que no es el caso. Lo que sí es caso es que los partidos que tan alegremente parecen verse hoy en la vía de la secesión suscitan un amplio rechazo.
Pero mi tema hoy no es ese, sino el fuerte peso del odio y la desproporción entre amor y odio. Las columnas cuarta y quinta nos hablan al derecho y al revés de esta desproporción para cada partido: desde una ratio de 8 entre enemigos y amigos hasta una de 105. La primera, por cierto, para ERC y la última para UPyD, lo cual nos habla respectivamente del componente ideológico del independentismo (right or wrong!) y de la insoportable levedad del centrismo. La última columna, en fin, la diferencia entre el total y los alineados para siempre, o sea, los no alineados (¿habría que decir los no alienados?), puede considerarse como el espacio en que cada partido puede intentar ganar votos –o, seguramente, más bien recuperarlos.
No se tome nadie esto muy en serio, que no era más que una disquisición fácil, salvo en lo más obvio: un país de indignados.