24 may. 2014

PISA y los gremios

     Ya saben que en las dos últimas semanas ha habido cierto revuelo, en el ámbito del mundillo universitario y profesional dedicado a pensar y hablar sobre la educación, en torno a la publicación en The Guardian, por un grupo de académicos, de una carta abierta a Andreas Schleicher, rostro visible de las pruebas PISA, en que se denuncian reales y supuestos problemas y peligros de estas para la educación.
     Ya hablé de esto en este blog (PISA y sus descontentos: matar al mensajero)  y lo he hecho en más ocasiones sobre la necesidad y la resistencia a las evaluaciones (por ejemplo en 1, 2, 3, 4, 5...), pero hoy me ha llamado la atención lo que leo en las dos páginas que dedica al asunto el periódico semanal Escuela. Hay un largo reportaje de Saray Marqués, detallado y bien documentado (excepto porque los primeros firmantes en The Guardian fueron 83, no "más de un centenar", pero no dudo que conseguirán cientos y miles de apoyos), mas lo que quiero comentar es la división de opiniones entre los expertos y académicos a los que se pregunta en el artículo y en un encuadre aparte: dos economistas, dos sociólogos y dos más un pedagogos.


     Los economistas son, en este caso, el director del INEE y una asociada de FEDEA que no tienen duda alguna sobre las bondades de PISA pero que tampoco le señalan ningún defecto. La segunda está convencida de que todas las pruebas habidas han mejorado la educación, aunque no dice cómo ni por qué, y lo peor es que habla no ya de PISA, sino de la prueba CDI de Madrid. Aparte de su incondicionalidad, creo que el primero también se excede un poco cuando, llevado por la polémica o el entusiasmo, caricaturiza el debate sobre la repetición, asegura que las investigaciones cualitativas no han servido para nada o da a entender que sólo ahora se empiezan a hacer diseños de investigación experimentales (los que llevamos más años en esto ya nos saturamos hace tiempo de leer investigacioncitas con "grupo experimental" y "grupo de control" que tampoco sirvieron de mucho, aunque no las hicieran sobre todo economistas -que también- sino, mira por dónde, pedagogos y psicólogos).
     En el otro extremo se sitúan los pedagogos. La primera de ellas reduce, cómo no, PISA a "la lógica del mercado" (esa que tanto odia todo funcionario a la hora de trabajar, aunque la adore a la hora de comprar) y le reprocha querer producir sólo "capital humano". La segunda señala con mucha razón importantes aspectos que PISA no mide, pero aun así ignora algunos otros que sí mide (no sólo de lengua, matemáticas y ciencias vive la OCDE), no le reconoce aportación alguna y soslaya que hay otras evaluaciones nacionales e internacionales que sí miden otras cosas (aunque, a diferencia de PISA, sin duda por no tener detrás a la OCDE sino a la IEA y otros organismos, pudieron ser perfectamente ignoradas). Hay un tercer pedagogo interrogado, pero este se limita a señalar que la carta anti-PISA da voz a al malestar de muchos docentes (no todos, pero correcto) y no entra en el fondo (por eso dije 2+1).
     En medio se pregunta también a dos sociólogos: Julio Carabaña y José S. Martínez García (declaración de intereses, disclosure o como quieran decirlo: son mis amigos, los considero los mejores especialistas en PISA y soy sociólogo como ellos; además, para decirlo todo junto, publico una entrada más o menos mensual en el Blog del INEE: p.e. 1, 2, 3). El caso es que ambos ven aspectos positivos y problemas en PISA: ni en broma lo rechazan ni prescindirían de PISA y otras pruebas internacionales, pero discuten algunos aspectos técnicos y cuestionan ciertos usos que se hacen de los resultados. (En la próxima XVII Conferencia de Sociología de la Educación, por cierto, 7-9/7 en Bilbao, habrá un taller sobre análisis de los datos base de PISA en el que ambos participan y donde se aprenderán y discutirán aspectos mucho más sofisticados que los que cabía tratar en Escuela o aquí.) Qué quieren que les diga: me quedo con esta posición más matizada.
     Quizá sea sólo que prefiero los matices a los extremos, que soy centrista, que ni chicha ni limonada o que, como sé que decía un colega de Salamanca cuando los alumnos que compartíamos le preguntaban si yo era de izquierdas o de derechas, que depende de cómo me levante. Pero creo que así es. En el ámbito de la psicología política, Tetlock y otros han sugerido estudiar (y medir, ¡ay!) la complejidad integrativa de los discursos políticos, y creo que mucho de lo que se dice pro y contra PISA es más político que científico. Sin llegar a sugerir un CI discursivo, Tetlock y cª diferencian entre los discursos llenos de absolutamente, según toda la evidencia, siempre, indiscutiblemente, etc. de los trufados de normalmente, casi, quizás, no obstante, etc. Sé que los tiempos que corren no están para tibiezas y que es mucha la gente que necesita cargarse de razón, sea cual sea, pero creo que pedagogos y economistas deberían relativizar un poco sus posiciones. Es más, sé que otros lo hacen, incluso los de hoy en otras ocasiones, lo que me lleva a que quizá deba también la prensa buscar menos contrastes.

     Los pedagogos podrían empezar a reconocer que las cosas no han ido muy bien hasta la fecha (claro que siempre queda echar la culpa a los psicólogos y viceversa) y que en PISA, PIAAC, TALIS, ESSIE, PIRLS, TIMMS, EGD y lo que venga hay mucho valor añadido y mucho más que se podrá añadir mejorando los datos y los análisis. En cuanto a los economistas, bienvenidos al tajo (yo leo con mucho interés a FEDEA, Nada es gratis, etc., y en la mencionada XVII CSE, a propuesta mía, uno de ellos da la conferencia inaugural), pero, dado el estado en que se encuentra el ámbito que les es más específico, la economía real, y lo poco que han ayudado a prevenirlo, arreglarlo o siquiera entenderlo, no creo que estén en condiciones de tirar ni la primera piedra ni la última, y sí que harían bien en dar un repaso más detenido a lo que ya se ha hecho antes de su desembarco.