23 jun. 2013

La cultura de los jóvenes, víctima de la transición

La transición política española, que cada vez menos gente califica ya de modélica, tuvo un efecto en el que pocos han reparado: estrechar las inquietudes culturales de los jóvenes españoles a través de la institución escolar. Esta es la hipótesis que sostienen, y en apoyo de la cual aportan una evidencia muy sólida, Robert M. Fishman y Omar Lizardo, autores de “How macro-historical change shapes cultural taste: legacies of democratization in Spain and Portugal”, publicado en el numero 2 de este año de la American Sociological Review. La tesis de Fishman y Lizardo es que la revolución portuguesa trajo consigo un fuerte cuestionamiento de la autoridad y las instituciones, empezando por la escuela, mientras que la transición consensuada española puso especial empeño en mantenerlas intactas, en particular la escuela heredada de la dictadura. Lo que los autores miden es la amplitud y variedad de los gustos artísticos de portugueses y españoles, concretamente sus preferencias musicales, y el resultado es que, entre los nacidos y crecidos en la democracia, los primeros son mucho más omnívoros, diversos y tolerantes que los segundos. Este resultado se antoja sorprendente, dado que el nivel económico y educativo de los jóvenes españoles es más alto y que, en el caso de las generaciones escolarizadas antes de la democracia, las diferencias son de orden inverso. Además, las diferencias entre los dos grupos de jóvenes ibéricos son espectacularmente superiores a las que se encuentran en otros pares de países tomados como contraste (Dinamarca y Suecia, Alemania y Austria, Italia y Grecia, Holanda y Bélgica, Irlanda y Reino Unido). Más aún, los gustos de los jóvenes españoles que han superado la enseñanza secundaria no se distinguen de los que sólo terminaron la primaria. Para explicarlo en términos más próximos que los de las ya lejanas transiciones a la democracia, los autores aducen el menor peso aquí de la educación cultural en general y musical en particular, las prácticas pedagógicas más tradicionales, la menor frecuencia de actividades extramurales, las restricciones burocráticas y corporativas, una cultura profesional menos innovadora, etc. Para ello se basan tanto en una revisión de la literatura sobre el sistma educativo español como en algunos datos de encuestas europeas (TALIS) y una colección de entrevistas a profesores y autoridades.