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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

30 jun. 2012

Retorno al pasado: vuelve el examen de ingreso


El Ministerio de Wert anuncia la instauración de tres pruebas de reválida al cabo de cada etapa de la enseñanza: primaria, secundaria y secundaria superior. La conveniencia de pruebas nacionales viene siendo discutida hace tiempo al menos por dos razones: primera, porque resulta una anomalía que los alumnos sean evaluados a lo largo de toda la enseñanza reglada no universitaria tan solo por sus profesores de aula, sin la intervención de ninguna autoridad ni agencia externas; segundo, porque, a través de las pruebas objetivas de competencias (PISA y Evaluación General de Diagnóstico) han surgido numerosas pistas de que esa evaluación no siempre se corrresponde bien con el nivel de aprendizaje de los alumnos, de manera que colectivos de alumnos con desig terminanuales niveles de competencias arrojando similares tasas de éxito y fracaso académicos, o viceversa.
Pero, dicho esto, hay que distinguir netamente entre la implantación de una prueba al final de la secundaria inferior (ESO) o superior (bachillerato, ciclos formativos) y su implantación al cabo de la educación primaria. Tras la secundaria puede servir como mecanismo de validación y homogeneización de unas calificaciones escolares, sean individuales o en equipo, que se antojan demasiado erráticas y hasta arbitrarias (no porque los profesores no hagan a conciencia su trabajo, sino sencillamente porque no hay instrumentos para que apliquen un baremo común).
Tras la primaria, sin embargo, resulta difícilmente comprensible y absolutamente inaceptable. Téngase en cuenta que no estamos hablando de una prueba de diagnóstico, que ya estaba llegando por otras vías, sino de una prueba selectiva. Las propuesta del Ministerio, aun con toda la confusión que la acompaña, se dirige con claridad a separar a los alumnos a esa edad: quienes no superen la prueba sin antes haber repetido curso repetirán entonces, y quienes ya lo hayen hecho (repetir) pasarán a la ESO pero marcado claramente en su expediente que no han pasado la prueba. Ahora el Ministerio habla de reforzar su educación en la ESO, pero podemos apostar a que no tardarán en llegar los grupos de nivel, las diversificaciones a menos, los itinerarios de iniciación profesional (ahora que ya se anticipan a tercero, podrñian completarse con preitinerarios -perdón: diversificaciones, adaptaciones...- en segundo y en primero., porque esa es la inercia del sistema y lo será más en tiempo de recortes. Pues, si se tratara de reforzar, ¿no sería más lógico detectar los problemas y poner los refuerzos desde los primeros cursos de la esuela primaria?
En definitiva, el Ministerio nos quiere devolver al viejo examen de ingreso por el que todavía pasó mi generarción, cuando entre los 9 y los 11 años se decidía en una prueba única si el examinado podría acceder o no al bachillerato de entonces (bachillerato elemental, de 10 a 14 años), y que fue liquidado por la Ley de 1970. Se entiende ahora mejor la filia alemana de Wert, el secreto de cuya admiración no era el sistema dual sino la segregación de los alumnos a los doce años de edad. El sistema dual no saldrá adelante, porque para eso hace falta otro empresariado, pero la segregación temprana sí, porque para eso se basta Wert. ¿Y quién será segregado? Adivínenlo: la mayoría de los gitanos, una buena porción y inmigrantes y una proporción sustancial de cualesquiera otros.
Esto nos devuelve al modelo del franquismo antes de la Ley General de Educación y al modelo europeo de la inmediata posguerra, que apenas ha perdurado en una parte (sólo una parte) de Alemania: el examen 11+ británico, la selección en 6º francesa, etc., o sea, todo lo que ya parecía olvidado. Excepto para el PP, que nos dijo que quería revertir los errores de la LOGSE pero en realidad quería decir también los de la LGE.