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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

6 may. 2012

Diversificación ¿para integrar o para segregar?

De acuerdo con la nota de prensa de Efe del pasado día 3, el ministro Wert rechazaba el excesivo grado de elección entre optativas por parte de los alumnos de ESO, cuya finalidad sería sólo hacerles todo “más fácil y más grato”. Por otra parte, sin embargo, anunciaba “una diversificación de caminos” hacia el bachillerato o la formación profesional en el cuarto curso de la etapa y lo justificaba, no se lo pierdan, porque “la elección temprana podría servir de motivación [...] a estudiantes que hoy no la tienen.” En definitiva, el ministro viene a decir que la elección de materias, efectivamente, es un elemento de motivación, pero que no permitirá elegir gratis. Quien quiera apartarse del canon académico lo hará al precio de la orientación forzosa hacia la enseñanza profesional, y quien quiera acceder a enseñanzas académicas habrá de pagar el precio de no poner jamás un pie fuera de ellas. Que los alumnos tienen intereses y motivaciones distintos es algo bien sabido. Podemos estar seguros de que, si les preguntásemos no a los quince o dieciséis sino a los trece, los once o los nueve años ya se dividirían, en la proporción que fuese, por sus expectativas profesionales (trabajos más o menos cualificados, manuales o intelectuales...) y sus horizontes escolares (permanencia o abandono, ramas académicas o profesionales, antes o después). Pero todas las reformas educativas de los últimos cincuenta años se han basado en la idea de que nadie debería ver determinado prematuramente su futuro de forma irreversible o difícilmente reversible. Para evitarlo se prolongó el tronco común hata el término de la enseñanza obligatoria, pero, dado que los adolescentes proceden de distinto orígenes (sociales, culturales), siempre se ha sabido que había que diversificar para que todos pudieran llegar a un mismo punto de destino: el éxito en la enseñanza obligatoria y común. No es sólo que a todos los gusten más unas cosas que otras, sino que el hecho de que una institución te diga lo que hacer con lo mejor de tu tiempo más la mitad de los días del año, a una edad en la que ya podrías trabajar, reproducirte y hasta ir a la guerra resulta, cuando menos, discutible y, sin duda, doloroso. Quien debería explicarse es quien piense que podemos tener a todos los alumnos haciendo lo mismo durante diez años o que, si no lo hacen de buen grado, merecen oportunidades desiguales en la vida. Motivar mediante caminos distintos para llegar a un mismo objetivo es lo contrario de apoyarse en esa motivación diversa para dividir en caminos inconexos. Aristóteles ya explicaba que tratar de manera igual situaciones desiguales no podía conducir a la igualdad. La opcionalidad, la diversificación, la flexibilidad, la discriminación positiva son sólo los instrumentos que la política educativa ha querido utilizar para asegurar la igualdad en la enseñanza básica. Cuestión distinta es la de hasta dónde han podido, sabido y querido hacerlo la institución escolar y la profesión docente. Ahora el ministro dice lo que el PP ya había anunciado mucho tiempo atrás, que quiere separar antes a los alumnos, pero no deja de ser curioso que una misma cosa, la relación entre elección y motivación, se use para cargar contra la escuela comprehensiva y para defender la escuela segregada.