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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

10 abr. 2012

Público prefiere la pública, pero el público se va a la privada


No permitas que la realidad cuestione tus creencias, ni que se oponga a tus deseos. Esta parece ser la máxima inspiradora del diario Público y de tantos entusiastas seguidores, por ejemplo tuiteros, que hace unos días (el 4/4/12) hicieron circular el título de un artículo del diario: “La educación pública es la mejor, según la mayoría de los españoles” (http://goo.gl/YOSrY), basado en los datos del Barómetro de marzo del CIS (http://goo.gl/e2gII). Habría que empezar por preguntar qué entiende el diario por mayoría, cuando a renglón seguido, decía el subtítulo: “Según el CIS, el 35,8% de los encuestados la prefiere frente a la privada y la concertada y la señala como primera opción para sus hijos.” A continuación, el artículo comenzaba explicando que pese a recortes y ataques mediáticos “la mayoría de los españoles piensa que es la que mejor funciona, frente a la privada y la concertada. Además, la señalan como su opción favorita para la educación de sus hijos.” Pero lo que las cifras dicen no es eso sino que el 35,8% piensa que la pública funciona mejor, el 24,5% que la privada y el 14,3 que la concertada. Por lo tanto, aunque la pública recoge más adhesiones, éstas a) se limitan al 35,8%, que no es ninguna mayoría, ni absoluta ni simple, y se quedan por detrás de la suma de la privada de pago y la privada concertada, 24,5 y 14,3% respectivamente (38,8% en total). Me temo, además, que quienes tan alegremente celebran con estos datos que la pública quede por delante de la privada de pago, sin contar la concertada, sean los mismos que habitualmente meten la concertada y la de pago en el mismo y único cajón de sastre de la privada a secas.
Pero sigamos. Preguntados sobre “a qué tipo de centro llevarían a sus hijos si pudieran”, responden que lo harían a la pública el 54,2% en Educación Infantil, el 54,1% en Primaria y el 51,8% en Secundaria. Aquí sí cabe cierta alegría, porque ahora sí que es una mayoría, aunque exigua (frente al 37,8, el 39,6 y el 41,5%, respectivamente, del conjunto de la privada), pero debería durar poco. La primera cuestión es por qué este 52-54% preferiría llevar a sus hijos a la pública cuando sólo el 35,8% piensa que es mejor. Un motivo prosaico puede ser la gratuidad; otro, la laicidad (nótese que la concertada, en su mayoría religiosa, recibe la peor puntuación), si es que creen que eso no es parte de su “funcionamiento”; otro más que, a la hora de la verdad, es lo que una mayoría más amplia ha hecho, está haciendo o va a hacer. Otro, en fin, pensará algún lector, que en realidad no pueden elegir, pero la pregunta dice “si pudiera...”, y es mejor suponer que los entrevistados entienden las preguntas y saben lo que responden, tanto en este caso como en los otros.
Pero con un pasito más en la misma dirección llegamos a otra cuestión, en realidad la más importante. En la escuela pública está hoy matriculado el 50,7% del alumnado en primer ciclo de E. Infantil y el 68,5% del segundo. En un cálculo rápido (datos MEC, Estadística de la Educación. Enseñanzas no Universitarias. Alumnado matriculado. Curso 2010-2011. Datos Avance, disponibles en http://goo.gl/ktOij), esto arroja una media ponderada (ya que el alumnado de segundo ciclo más que triplica al de primero) del 64,4%. La pregunta es: ¿dónde está el 13,7% de diferencia? Si pasamos a E. Primaria, hoy está matriculado el 67,5%: ¿dónde está el 13,4% que falta? En cuanto a la E. Secundaria, están  en el sector público el 65,9% de los alumnos de ESO, 75,8% de Bachillerato y 77,3% de FP (ambos niveles más PCPI), lo que se traduce en una media ponderada del 70,4%: ¿dónde está el 18,6% restante? En otras palabras, hay un notable porcentaje que acude a la escuela pública pero preferiría no hacerlo: entre el 13 y el 19%. De hecho es probable que sea superior incluso, pues llevar a los hijos a una escuela distinta de la que prefieres (y más distinta aún de la que consideras que funciona mejor) probablemente sea el tipo de cosa que a uno no le gusta admitir, ni siquiera en una encuesta. Igual que existe un voto avergonzado u oculto que no asoma en las encuestas pero aflora en las elecciones (por ejemplo una parte del voto socialista en las últimas elecciones andaluzas), seguramente hay unas preferencias ocultas, tal vez por avergonzadas, que no se dejan ver en el Barómetro del CIS.
(Cuestión distinta es la Universidad. Por no dejarla en el tintero digamos que sería la elección del 64,3% de los entrevistados, lo que supone una mayoría más amplia. Pero el problema, de nuevo, es que las universidades públicas acogen en realidad al 83,6% del estudiantado, de manera que faltan también unos cuantos, esta vez el 19,3%.)
¿Está claro mi argumento o habrá quien vea el enésimo ataque a la escuela pública? El artículo de Público, que no tenía firma, es una mezcla de lo que Disraeli llamaba mentiras estadísticas (qué es mayoría y qué no), visión parcial de la realidad (no contrastar las preferencias declaradas -la encuesta- con las preferencias reales -la matrícula-) e ideología (digan lo que digan los datos, ¡viva la pública!). Las entusiasmadas reacciones tuiteras y en otras redes sociales son una muestra de la mayor debilidad de éstas (aunque ello sólo ensombrezca en parte sus puntos fuertes): que mucha gente está en ellas para oír sólo lo que quiere oír (o leer), para que le regalen los oídos (o la vista). Pero lo que hay que aprender de los datos del Barómetro es precisamente que las cosas no va tan bien dentro de la Escuela Pública (o estatal). Si no empezamos por ver, reconocer y entender el problema, mal podremos encontrar o siquiera buscar alguna solución.