16 jul. 2011

¿Qué tal una tercera desamortización?

Como era de esperar, ya empieza a salir a la luz que la Iglesia no sólo se ha apropiado unilateralmente, sin derecho y sin control, terrenos e inmuebles más o menos afectos al culto religioso, sino también otros simplemente de uso privado y, lo que es peor, bienes de posesión y uso públicos. No sólo templos, etc. sino también campos y solares y, lo que es peor, escuelas.
No tenia ni idea de que la Iglesia pudiera hacer legalmente tal cosa. Hace unos días, comentando en Eskup (El País) la primera noticia sobre esas alucinantes inmatriculaciones pretendía expresar mi asombro comparándolo con el hipotético disparate de que el magisterio pretendiera apropiarse de las escuelas o las antiguas "casas del maestro". Pues bien, una vez más, la realidad supera a la ficción y la Iglesia a la razón: es ésta, la Iglesia, la que se está apropiando de escuelas y casas del maestro, es decir, de inmuebles y terrenos que ni siquiera tuvieron jamás un uso relacionado con el culto.
El gobierno debería proceder, de inmediato, a investigar y catalogar todos los bienes de la Iglesia y en particular los que se ha apropiado por esta y otras vías ilegales o sospechosas (por ejemplo, testamentos in articulo mortis y otras formas de extorsión).
En todo caso, me permito recordar lo que ya he propuesto alguna vez: expropiar los colegios de la Iglesia, una tercera desamortiación. Una manera de hacerlo sería convertirlos en propiedad del Estado y entregar su gestión a sociedades cooperativas o laborales formadas por los mismos profesores, directivos y otro personal que trabaja en ellos. El problema no está en que sean privados, ni en que entre su personal haya creyentes o practicantes, sino en su uso confesional y en el inmenso poder de esa burocracia cuyo reino no es de este mundo, pero que lo somete a rapiña en cuanto tiene la menor ocasión.