13 jul. 2011

¿Es legítimo que la Iglesia católica se apropie de bienes comunales no registrados?

No solo ilegítimo sino indecente, inaceptable, inexplicable. La apropiación de los lugares de culto, generalmente construidos y siempre mantenidos con dinero público o de las comunidades locales, o bien de origen incunable sin títulos a favor de la Iglesia, es como si el magisterio se apropiase de escuelas, viejas casas de maestros, huertos aledaños... Dos siglos después de las desamortizaciones, la Iglesia impone una reamortización, y con plena libertad para enajenar esos bienes en el mercado, como han hecho con edificios y solares de colegios recibidos como donaciones afectas. Ese expolio económico, esa usurpación política por la que actúa como autoridad administrativa en beneficio propio, son parte de un mar de privilegios: exenciones fiscales, capillas en instituciones públicas, la cuarta parte de la enseñanza obligatoria, imposición de la catequesis como asignatura, donaciones ingentes de dinero público. Y, si alguien pensaba que todo esto la pacificará y reconciliará con el poder civil, que espere al 18A para oir a Ratzinger y su coro despotricar contra la democracia y el liberalismo.