6 jun. 2011

La reforma de la ESO: diversificar la docencia no sabemos, pero separar a los alumnos sí

    El gobierno cede a la presión de un sector creciente del profesorado de secundaria y divide suavemente 4º curso de la ESO en tres "vías" (lo podrían haber llamado itinerarios y sería lo mismo): ciencias experimentales, humanidades y ciencias sociales, y tecnológica (el PP, por supuesto, querría ir mucho más lejos, pero todavia no gobierna). Hay que decir en favor de la medida que todos los alumnos obtendrán el mismo título de Graduado en ESO (aunque en la cara de atrás llevarán una acreditación más precisa y diferenciada) y podrán tener con él acceso a cualquier especialidad del Bachillerato o los CFGM, se corresponda o no con lo cursado (aunque, lógicamente, saldrán con una formación más o menos ajustada a ella según la vía que decidan cursar y sólo ellos deberán asumir los costes de su rectificación), así como que los PCPI tendrán mayor entidad y podrán también dar acceso al título de Graduado y a los CFGM.
    Bien, pues, que se intente ampliar las oportunidades de éxito escolar en la ESO a partir de la diversificación del currículum y que se amplíen las vías de acceso a la formación reglada post-obligatoria, así como el empeño en que todos los alumnos abandonen el sistema con, al menos, algún tipo de cualificación profesional, sea desde los PCPI o los CFGM. Bien, en suma, que se intente terminar con el alto nivel de fracaso en la ESO y con el efecto perverso de que tres de cada diez alumnos se vean privados sin más de cualquier oportunidad de continuar, siendo encima irónicamente etiquetados por "abandono".
    Si fuera obvio que esos tres de cada diez alumnos que no obtienen el título de graduado es porque no tienen  capacidad para hacerlo, les falta disposición o no tienen la actitud adecuada, las medidas serían irreprochables. Pero no puedo librarme del convencimiento de que, antes que separarlos por lo que estudian (las vías de la ESO), se debería haber diversificado la forma, el ritmo y el tiempo en que lo estudian. La escuela simplemente obliga a todos a estudiar lo mismo, de la misma manera, en el mismo tiempo y al mismo ritmo y, lógicamente, eso se traduce en resultados distintos. Muy distintos, además, probablemente demasiado, pues las diferencias de resultados académicos en y al término de la ESO son bastante mayores, por ejemplo, que las que se dan en las pruebas PISA o las evaluaciones generales de diganóstico.
    Ahora los separaremos, aunque sea moderadamente y de forma teóricamente (pero difícilmente) reversible, por lo que estudian, pero ¿no podríamos haberlos separado antes por cómo lo estudian? Perdón, olvidaba que ya lo hacemos mediante la repetición de curso: si el alumno falla en una parte del mismo podrá dedicar todo otro año a ella (de la misma manera en que ya falló) y a todo aquello que superó (mientras sus coetáneos son autorizados a olvidarlo sin consecuencia alguna). Pero no me refería a eso sino a los recursos escolares: ¿no se les podría haber dedicado más tiempo: más días al año, por ejemplo mediante días de recuperación en vacaciones, o tal vez los sábados; o más horas a la semana, tal vez en esas tardes en que los IES expulsan a los alumnos para que la mayoría de los profesores puedan tener, de hecho, un trabajo de media jornada?
    No entro en la cuestión de cómo y de dónde podrían sacarse esas horas: profesorado adicional, más horas reales del profesorado ya existente, acuerdos con otras instituciones (ayuntamientos, servicios sociales, voluntarios...). ¿No es eso lo que hace cualquier familia que valore mínimamente la educación y tenga medios para ello: buscar el apoyo de un profesor particular? ¿Por qué no lo hace la propia institución? Es verdad que costaría dinero, pero seguro que menos que los actuales niveles de repetición, fracaso y abandono. También es cierto que algún profesor tendría que trabajar más (pero no mas que la jornada por la que cobra), que algún centro debería buscar la manera de abrir más horas, que habría que entenderse con algunas otras instituciones o asociaciones, pero... ¿no valía la pena intentarlo?

5 comentarios:

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  2. No sé porqué se ha metido en la cabeza de la mayoría de los profesores, que la misión de la escuela es seleccionar y segregar.

    De modo que el único recurso didáctico es poner exámenes y reválidas.

    Debería la gente leer a Milani, a Bartolomé Cosío, a Freinet, ...

    Conocer experiencias como Dopoescuela, Escuelas aceleradas, Comunidades de Aprendizaje, ....

    Ilustrarse de las cosas que funcionan y las que no funcionan en Educación.

    ¿Por qué el Ministerio de EDucación está regalando el discurso educativo a la derecha?

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  3. Hace quince días, en una reunión de departamento en la que se proponían soluciones para los casos de indisciplina y desmotivación de los primeros y segundos de la ESO, me opuse a la opinión mayoritaria de que se adelantara la edad de acceso a los PCPI para que los alumnos que en segundo de la ESO ya tienen claro qué es lo que quieren hacer no entorpecieran el aprendizaje de los demás, pues esto era lo que se les achacaba.
    Me pareció bastante tramposo el hecho de que dos tercios del departamento argumentara: "tienen claro que quieren hacer PCPI" cuando en realidad todos sabíamos que la formulación más exacta y ajustada a lo que estaban pensando, hipocresías aparte, hubiera sido un "no quieren hacer nada aquí" o bien "molestan demasiado".
    Al final, la cuestión subyacente era el hecho de ver a determinados alumnos como estorbos.
    Cuando les veo, me da la impresión de que pocos de esos alumnos de trece años saben qué querrán hacer más allá de la hora del recreo. Pero eso al fin y al cabo es lo de menos. PCPI, el limbo a donde van a parar todos los alumnos de las últimas filas, se convertía de nuevo en la solución para limpiar las aulas de todo elemento perturbador.
    Como cuando en mi tutoría los alumnos de 3º me propusieron como solución para sus problemas en la clase de Sociales cambiar de profesora. Pero más terrorífico por obsevar el mismo disparate sostenido por adultos: si los alumnos no rinden la solución es que traigan nuevos alumnos que sí lo hagan.
    Me preocupa que ésta sea también la idea de fondo de esta nueva organización en itinerarios; una vez separados los excelentes subdividimos a los que quedan: los buenos, los regulares y los que molestan. ¿Se trata de sacar los mejor de cada alumno o de apartar a los molestos?
    Me niego a pensar que ningún alumno (y menos de doce o trece años) sea un caso perdido. Y desde luego, un alumno disruptivo, desafiante o desmotivado no tiene por qué ser un alumno de PCPI.
    El problema es cómo abordar el caso de esos chavales que no parecen candidatos PCPI pero que necesitan una metodología diferente, una mayor atención y unos cuidados que en ocasiones nos desbordan a los docentes (particularmente ahora, con unas ratios cada vez más ajustadas y con la desaparición de los desdobles, indispensables para atender de modo específico a este alumnado).

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  4. En cuanto a las soluciones que propone, los recursos escolares, al menos en la educación pública (pues siempre ha habido clases), sufren una severa disminución por parte de las Administraciones varias. Los refuerzos y apoyos, así como el programa de Compensatoria han sido los primeros en desaparecer con los recortes presupuestarios en educación.
    Sería un error pensar que los alumnos necesitan más horas, sin más, al peso.
    Algunos alumnos con un perfil muy concreto necesitan alguien que se ocupe de ellos en el horario vespertino pues sus tutores no tienen posibilidad de hacerlo; otro caso sería el de quienes necesitan refuerzo por su desfase curricular.
    Sabemos que las clases extraescolares en la educación pública son muy necesarias, sobre todo para los alumnos con más dificultades, pero lo que se propone en Madrid es el plan Refuerza, una chapuza con la que estudiantes sin experiencia docente, subcontratados por dos duros, intenten paliar el desastre que la mala gestión de recursos está causando en los centros durante la jornada lectiva.
    Resulta sospechoso que la prioridad sea disminuir los apoyos y refuerzo en gestión directa durante el horario lectivo y subcontratar empresas privadas que vengan a dar clases por las tarde en los centros (y ya no específicamente de refuerzo, como establecía el anterior programa, el PROA, sino que la misma partida no distingue entre éstas y actividades artísticas, musicales, etc.)
    La mayor parte del profesorado no sólo está a favor de las extraescolares sino que se reclama que sean profesores interinos o titulares voluntarios quienes las impartan para asegurar la cualificación de los profesores y la buena coordinación con el restod el profesorado (pero se nos plantea que o aceptamos este plan mediocre o no habrá nada).
    Por otro lado, los recursos se sortean entre los centros, pues en aras de la sana competencia entre ellos nunca hay programas bilingües, tecnológicos ni de refuerzo para todos. Así pues, competimos, pero sin los mismos medios, para darle más emoción a la competición.
    http://soypublica.files.wordpress.com/2011/01/argumentos-contra-el-plan-refuerza.pdf

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  5. Estoy de acuerdo con Vd. en el fondo de la cuestión. De todas maneras, no sé si aumentar horas puede resultar eficaz (fácil, seguro que no). Más bien me inclino por promover una enseñanza menos general (café para todos) y, ya que se separa por itinerarios, dedicar esfuerzos a individualizar la atención a los alumnos. Quizá sea utópico, pero a los alumnos 'conflictivos' sólo se les gana si les dedicamos un mínimo de atención.

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