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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

6 jun. 2011

La reforma de la ESO: diversificar la docencia no sabemos, pero separar a los alumnos sí

    El gobierno cede a la presión de un sector creciente del profesorado de secundaria y divide suavemente 4º curso de la ESO en tres "vías" (lo podrían haber llamado itinerarios y sería lo mismo): ciencias experimentales, humanidades y ciencias sociales, y tecnológica (el PP, por supuesto, querría ir mucho más lejos, pero todavia no gobierna). Hay que decir en favor de la medida que todos los alumnos obtendrán el mismo título de Graduado en ESO (aunque en la cara de atrás llevarán una acreditación más precisa y diferenciada) y podrán tener con él acceso a cualquier especialidad del Bachillerato o los CFGM, se corresponda o no con lo cursado (aunque, lógicamente, saldrán con una formación más o menos ajustada a ella según la vía que decidan cursar y sólo ellos deberán asumir los costes de su rectificación), así como que los PCPI tendrán mayor entidad y podrán también dar acceso al título de Graduado y a los CFGM.
    Bien, pues, que se intente ampliar las oportunidades de éxito escolar en la ESO a partir de la diversificación del currículum y que se amplíen las vías de acceso a la formación reglada post-obligatoria, así como el empeño en que todos los alumnos abandonen el sistema con, al menos, algún tipo de cualificación profesional, sea desde los PCPI o los CFGM. Bien, en suma, que se intente terminar con el alto nivel de fracaso en la ESO y con el efecto perverso de que tres de cada diez alumnos se vean privados sin más de cualquier oportunidad de continuar, siendo encima irónicamente etiquetados por "abandono".
    Si fuera obvio que esos tres de cada diez alumnos que no obtienen el título de graduado es porque no tienen  capacidad para hacerlo, les falta disposición o no tienen la actitud adecuada, las medidas serían irreprochables. Pero no puedo librarme del convencimiento de que, antes que separarlos por lo que estudian (las vías de la ESO), se debería haber diversificado la forma, el ritmo y el tiempo en que lo estudian. La escuela simplemente obliga a todos a estudiar lo mismo, de la misma manera, en el mismo tiempo y al mismo ritmo y, lógicamente, eso se traduce en resultados distintos. Muy distintos, además, probablemente demasiado, pues las diferencias de resultados académicos en y al término de la ESO son bastante mayores, por ejemplo, que las que se dan en las pruebas PISA o las evaluaciones generales de diganóstico.
    Ahora los separaremos, aunque sea moderadamente y de forma teóricamente (pero difícilmente) reversible, por lo que estudian, pero ¿no podríamos haberlos separado antes por cómo lo estudian? Perdón, olvidaba que ya lo hacemos mediante la repetición de curso: si el alumno falla en una parte del mismo podrá dedicar todo otro año a ella (de la misma manera en que ya falló) y a todo aquello que superó (mientras sus coetáneos son autorizados a olvidarlo sin consecuencia alguna). Pero no me refería a eso sino a los recursos escolares: ¿no se les podría haber dedicado más tiempo: más días al año, por ejemplo mediante días de recuperación en vacaciones, o tal vez los sábados; o más horas a la semana, tal vez en esas tardes en que los IES expulsan a los alumnos para que la mayoría de los profesores puedan tener, de hecho, un trabajo de media jornada?
    No entro en la cuestión de cómo y de dónde podrían sacarse esas horas: profesorado adicional, más horas reales del profesorado ya existente, acuerdos con otras instituciones (ayuntamientos, servicios sociales, voluntarios...). ¿No es eso lo que hace cualquier familia que valore mínimamente la educación y tenga medios para ello: buscar el apoyo de un profesor particular? ¿Por qué no lo hace la propia institución? Es verdad que costaría dinero, pero seguro que menos que los actuales niveles de repetición, fracaso y abandono. También es cierto que algún profesor tendría que trabajar más (pero no mas que la jornada por la que cobra), que algún centro debería buscar la manera de abrir más horas, que habría que entenderse con algunas otras instituciones o asociaciones, pero... ¿no valía la pena intentarlo?