10 jun. 2011

La irresistible ascensión del Profesor Titular de Escuela Universitaria

    Hubo un tiempo en que en España, como en muchos otros países, enseñanzas como las de Magisterio, ATS (entonces Enfermería), Trabajo Social (entonces Asistente Social), las diversas Ingenierías Técnicas (entonces Peritos), la Arquitectura Técnica (entonces Aparejadores) y otras estaban fuera de la Universidad. La Ley General de Educación de 1970 las incluyó en la Universidad y les cambió pomposa e innecesariamente el nombre -lo más espectacular fue el caso de las Escuelas de Magisterio, que pasaron a denominarse Escuelas Universitarias para la Formación del Profesorado de Educación General Básica, con el correspondiente cambio también para sus títulos y sus egresados, aunque esto, por suerte, se revertiría después.
Posteriormente se tomó en distintas universidades (no todas) otra medida, la de fundir muchas de estas Escuelas con las Facultades o secciones de éstas asociadas a ellas: Empresariales con Económicas, Trabajo Social con Sociología, Magisterio con Pedagogía, etc. No sé si en su momento pudo resultar esto atractivo para las Facultades, pero seguramente fue un mal cálculo, pues lo que sucedió en más de un caso fue que las Escuelas, más numerosas en su composición, impusieron su ley a las Facultades a través de esa democracia corporativa que es propia de la Universidad. Se pretendía acercar las Escuelas a las Facultades, pero lo que se logró fue más bien lo contrario.
    Con ello empezó una larga batalla: la de los cuerpos de profesores de Escuela (Catedráticos de Escuela Universitaria y Profesores Titulares de Escuela Universitaria) por ser homologados con sus homónimos de las Facultades (Catedráticos de Universidad y Profesores Titulares de Universidad). La pretensión de los CEU de ser homologados a los CU duró poco, pero sí que lo fueron a los TU. La medida tenía sentido, pues los requisitos de acceso a ambos cuerpos se fueron aproximando hasta ser homologados por la LOU en 2007. Sin embargo, no eran realmente lo mismo, pues en el clima escasamente investigador de las Escuelas los criterios de hecho aplicados por los tribunales eran distintos, y la parte más veterana del cuerpo no había pasado por nada parecido. Todavía hoy diversas plataformas y asociaciones reclaman para los PTEU el acceso directo a la condición PTU con el solo requisito de obtener el grado de doctor (sin pasar por la oposición, el concurso, la acreditación correspondientes) y, por supuesto, la homologación salarial; pero lo primero no se ha conseguido porque las sucesivas leyes orgánicas sobre la Universidad han mantenido los requisitos de acceso a los cuerpos de TU o CU y, lo segundo, tampoco, porque no lo permiten las tablas retributivas de la Administración del Estado
     Lo que sí han conseguido ya en buena parte de las Universidades, porque en la práctica depende sólo de éstas, es que su carga de trabajo docente se equipare a la de los TU y CU. De acuerdo con la ley, la carga docente máxima de un TU o CU es de 8 horas semanales, lo que supone una carga anual de 240 horas o 24 créditos), mientras que la de un PTEU es de 12 horas semanales, anualmente 360 horas o 36 créditos. Sin embargo, los PTEU han conseguido en muchas de ellas que su carga se reduzca a 240 horas o 24 créditos. El argumento del colectivo y de los sindicatos que lo defienden es simple: repartir la carga de trabajo de forma igualitaria. En León, por ejemplo, donde esta reducción de horas es discrecional, CCOO se preguntaba hace poco: ¿Sólo dan clase ciertos profesores universitarios? Pero la pregunta es otra: ¿Sólo investigan ciertos profesores universitarios? (a pesar de que todos ellos tienen un trabajo a igual tiempo completo). La cuestión es que la Universidad es enseñanza e investigación, y esto se refleja en que un profesor universitario debe ser evaluado, a lo largo de su carrera, por ambas cosas (en la práctica más por la segunda, porque la diferenciación ahí es mayor, ya que los procesos son menos homogéneos y los resultados más heterogéneos que en la primera). Es verdad que una parte de los PTEU obtienen su título de doctores y realizan investigación, pero el proceso de acceso a las plazas de PTU, CEU y CU está tan abierto para ellos como para los demás. Pero también es verdad que otros ni obtienen el doctorado ni investigan jamás, o se doctoran pero ya no vuelven a investigar, o incluso se han doctorado a través de dudosos programas doctorales y no menos dudosos tribunales que ellos mismos se encargaron de trajinar en sus centros: en todo caso, nunca han pasado por un proceso competitivo de evaluación de la investigación (como son las acreditaciones y concursos para PTU y CU, las convocatorias de financiación de la investigación o la publicación en medios académicos de prestigio). Y el cuerpo y sus voceros no se han conformado con acceder en las mismas condiciones competitivas que los demás, ni siquiera con apoyo laboral para hacerlo (numerosas universidades, por ejemplo, concedieron y conceden descargas docentes para preparar una tesis, etc.), sino que simplemente reclaman la misma carga docente para todos: CU, PTU, CEU o PTEU, investiguen o no, sean doctores o no. Cabría argumentar, como último recurso, que los salarios de los PTEU son inferiores a los de los otros cuerpos, pero aunque parezca un gran argumento no lo es en absoluto, pues simplemente indica que la sociedad y la institución valoran más al docente-investigador que al docente a secas, y la segunda tiene que ofrecer algo para atraerlo y retenerlo en competencia con el resto de la primera. Por lo demás, por esa regla también debería reducirse la carga docente del profesor de secundaria hasta equipararla con la del PTEU, la del maestro para equipararla con la del profesor de secundaria, y así hasta el agotamiento en cualquir ámbito laboral. El resultado del proceso se resume y se entiende mejor de otra forma: los CU, los PTU, (supongamos que también) los CEU y los PTEU tienen la misma carga docente, pero cuando los primeros deben pasar a asumir su carga investigadora los últimos pueden dedicarse al ocio, al negocio o a la conciliación de vida laboral y familiar, que está mejor vista, porque la práctica de numerosas universidades ha convertido un teórico puesto de trabajo a tiempo completo en un puesto a tiempo parcial. ¡Enhorabuena! Algunos, ya lo sé, investigan, pero nadie dude que ésos acudirán a las acreditaciones, concursos, etc., cambiarán de cuerpo abandonando el suyo y harán más cierto todavía lo que afirmo.
    ¿Cómo se llega a esto? Muy sencillo: es cuestión del diferente grado de movilización de distintos colectivos. Los PTEU son muy activos en las elecciones rectorales, ante y dentro de los sindicatos, etc., y sus demandas (“igual trabajo”, “no discriminación”, bla, bla, bla...) suenan bien, sobre todo para quien no conoce lo que realmente quieren decir. Por el contrario, los otros colectivos pueden sencillamente ignorar el tema (estudiantes, PAS...) o verlo con cierto asombro, pero en todo caso no se van a movilizar con la misma intensidad, probablemente con ninguna, para contrarrestarlo, pues ni parece de su interés directo ni resultaría políticamente confortable. Esa es una regla general de la vida política y no cabía esperar otra cosa. Menos justificable es la actitud de los rectorados y los sindicatos. Los primeros, simplemente, buscan votos, y todo lo que les sume algunos sin restarles otros (como es el caso ante esta movilización asimétrica) les parecerá bien casi con seguridad. Los sindicatos, por su parte, buscan lo mismo, pues su poder proviene sobre todo de las elecciones sindicales, y segmentan a su clientela de manera pueden seguir manteniendo una retórica imprecisa sobre la igualdad mientras en realidad defienden simplemente intereses colectivos organizados, lo mismo de los débiles que de los privilegiados, pero los de aquéllos con cada menos fuerza y los de éstos con cada vez más.