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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

30 jun. 2011

Docente: una profesión muy reconocida, digan lo que digan ellos mismos

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Dos investigaciones recientes indican, una vez más, que la sociedad adora a sus profesores, sobre todo en España. El estudio European Mindset de la Fundación BBVA, basado en una encuesta a 21.000 personas en 14 países europeos, recoge que los entrevistados otorgan a los maestros una nota de 7.0 sobre 10, en segundo lugar y muy cerca de los médicos (7.2) e inmediatamente por delante de los científicos (6.8). Además, los españoles en particular les asignan un 7.6, por encima de los médicos (7.5) y de cualquier otra profesión y por encima de la media de los catorce países investigados (doce de ellos de la UE, donde reciben un 7.0).
El estudio Ranking de confianza en las profesiones (Trust Index 2011), realizado por la consultora GfK con periodicidad anual y que se basa en una muestra similar en 20 países, recoge que nueve de cada diez españoles confían en los profesores de primaria y secundaria. De nuevo, los resultados son los más altos de toda Europa. La profesión ha subido dos puestos desde 2010, llegando a la segunda posición, por detrás sólo de los bomberos y por delante de carteros y médicos. Esta confianza, del 92% en 2011, es claramente superior a la que se da en Europa Occidental (85%), en toda Europa (86%) o en los Estados Unidos (83%).
Estos datos de compadecen mal, o muy mal, con la retórica victimista a la que nos tienen acostumbrados los sindicatos y otras organizaciones gremiales, los claustros de los centros públicos, los intelectuales orgánicos de la profesión y otros críticos inquebrantables de la falta de reconocimiento, el bajo prestigio, la incomprensión, la pérdida de status, la escasa dignificación, etc. de nuestros docentes. La realidad, claramente, es la contraria, aunque algunos vivan de negarla. ¡Nunca permitas que los datos o la realidad te estropeen una buena cantinela!