20 may. 2011

¿Actúan correctamente los poderes públicos contra las protestas del 15-M?

Posts en Eskup, El País, 18-5-2011

¿Poderes? Del ejecutivo, la policía lo hace de forma exquisita, presente pero prudente. Del legislativo iremos viendo cuánto y cómo han escuchado y anotado los partidos, de los que nadie pretende reacciones relámpago. El judicial, las JE, metieron ayer la pata hasta el fondo, pues las concentraciones no deben ser prohibidas. Una campaña electoral no precisa reducirse a la difusión unilateral de mensajes estereotipados por los candidatos. Lo que DRY y 15M quieren y han puesto en práctica es un ágora en la que se expresen también los electores, como corresponde a la era comunicacional en la que entramos, que es la de internet y ya no la de la tv. No interfieren campaña alguna ni intimidan a nadie sino todo lo contrario: dan voz a quienes no podían ser oídos, cuando algunos partidos huían de las ya escasas preguntas y los medios lo asumían. No se manifiestan ni lo harán en Génova ni en Ferraz, ni ante las Cortes, ni ante Moncloa (como propuso Aguirre), sino en el centro de las ciudades, en Sol, km. 0, escaparate del año nuevo y de mucha historia reciente, convertido en símbolo de la ciudadanía que quieren.
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En las primeras elecciones democráticas (municipales y generales) fue una fórmula habitual que la sociedad civil convocara a los partidos a escuchar sus demandas y presentar y discutir sus propuestas: se hicieron incontables actos sobre política municipal, derechos de las mujeres, universidad, etc., etc., promovidos por asociaciones de cada sector y a los que acudían los candidatos. Eso fue producto de la combinación de un alto grado de movilización social, el de la transición, y una cierta sensibilidad política de los partidos que comenzaban su andadura legal. Con el tiempo, la sociedad civil se ha desmovilizado y los partidos se han burocratizado, desemboando en la invisibilidad de la primera, el monólogo de los segundos y la incomunicación entre ambos. De repente, una combinación de profundo descontento, conciencia de ese divorcio, redes e internet ha estallado en una movilización y un diálogo distintos: horizontales, no jerárquicos, libres del corsé de tener que ser coherentes con teoría o programa ninguno.
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No se me ocurre en qué han podido pensar las Juntas Electorales para prohibir estas concentraciones. Lo mismo les cabe verlas como una forma de presión a los partidos, y prohibirlas, que considerarlas unos actos electorales más, y permitirlas, o podrían haber simplemente pensado que todo lo que no está prohibido, está permitido. Lo que creo es que les han cogido con el paso cambiado porque, simplemente, no estaban en el guión -y quizá también porque los jueces no suelen ser grandes innovadores. Porque no estaba previsto que fuesen los electores quienes hablaran a los candidatos, en vez de asistir al habitual espectáculo de bustos parlantes diciendo a lo suyos lo que quieren oír y esperando enviar píldoras publicitarias a los otros en sincronía con el horario de la señal televisiva. No tenemos ni necesitamos una alternativa al sistema parlamentario (aunque es my mejorable), pero la democracia es más democrática cuando los ciudadanos pueden hacerse ver y oír por sí mismos, cuando en vez de una emisión enlatada y un unilateral se transforma en un ágora viva y plural.