15 may. 2011

15M - Una movilización distinta y abierta

No sé contar manifestantes ni me voy a tomar el trabajo de hacerlo, pero puedo atestiguar que hoy, en Madrid, la calle Alcalá estaba llena desde la Cibeles, glorieta incluida, hasta casi la Puerta del Sol, a treinta o cuarenta metros de la cual se hallaba el camión de cabeza cuando me fui. Hace tiempo que dejé de ir regularmente a la manifestación del 1º de Mayo pero lo he hecho, recientemente, un par de veces y no había tanta gente, desde luego no había más. Espero que lo sindicatos y los partidos de izquierda, al menos, tomen nota de ello. A mí, ciertamente, me ha impresionado (en Twitter: @enguita he colgado unas cuantas fotografías, todas con el hash #15mani).
No sé decir qué es lo que proponían los manifestantes, ni yo mismo. Desde luego, no quieren seguir como están: sin empleo, sin seguridad, sin oportunidades y, aparentemente, sin futuro. No aceptan verse así mientras leen sobre los astronómicos beneficios, bonus, pensiones y demás de los altos ejecutivos de bancos y corporaciones. No pueden entender, o entienden perfectamente, que los mismos estados que rescatan a la banca restrinjan la oferta de empleo público cuando más se necesita.
No quiero decir con esto que tengan la solución, ni que la crisis sea fácilmente evitable. Ni de lejos suscribo las banalidades que oigo, en la manifestación o fuera de ella, sobre la "revolución islandesa", la "lucha de los griegos y portugueses", etc. Creo que la crisis de la deuda es real, que no se puede dejar caer a la banca, que el sector púbilco debe tener un balance más saneado, que el mercado de trabajo debe ser más flexible, etc. Creo que el mercado es la base menos mala posible para la economía y que el capitalismo es inevitable en una sociedad industrial. Pero de ahí a entregar la economía y la sociedad a un puñado de banqueros, inversores y especuladores hay un largo trecho, el que media entre un Estado activo, representativo y consciente de los intereses de la ciudadanía y un Estado inhibido, cohibido o, peor, sumiso o al servicio del capital, o entre un mercado regulado y compensado cuando haga falta y un mercado salvaje y autodestructivo.
Seguramente sería difícil poner de acuerdo en algo a quienes han acudido hoy a la manifestación. Seguramente estaban entre ellos los que se apuntan a un bombardeo sin saber por qué. Pero su malestar está más que justificado, su indignación y sus ganas de cambiar esta situación afloran con claridad y dependerá de su capacidad de autoorganización y de la respuesta del sistema político (parlamento, gobierno, partidos, sindicatos...) que es impulso vaya en una dirección u otra.
De momento, el éxito de las manifestaciones muestra no sólo el descontento generalizado o la disposición a la protesta, sino también la capacidad de movilización y organización de las redes sociales. Sin duda estamos asistiendo a una transformación del escenario político. Veremos qué nos trae el futuro próximo.