21 abr. 2011

From lost to the river. El difícil futuro del inglés en España

Datos recientes de Eurostat, oficina estadística de la UE, indican nuestra escasa inclinación a traspasar las fronteras culturales. El informe Cultural Statistics in the Spotlight indica que 19 de cada 100 europeos ven a menudo programas de televisión o películas en una lengua extranjera, pero en España se reducen a 9. En cuanto a la prensa, la leen en lengua extranjera 9 de cada 100 europeos, pero en España son 5. Libros, en fin, los leen en lengua original 7 de 100 europeos, pero apenas 3 españoles.
Esto parece dar la razón al fallecido Jesús de Polanco, quien, al recibir no recuerdo qué premio hispano como editor en los Estados Unidos, dijo algo como que un español es alguien que se pasa la vida intentando aprender inglés... sin conseguirlo. Conseguirlo o no, desde luego, es cuestión de cada cual, pero las políticas culturales y educativas pueden facilitarlo, obstaculizarlo o resultar absolutamente irrelevantes. Se me ocurren algunas propuestas:
  1. Distribuir y emitir más televisión y películas en lengua original, particularmente en inglés, y con subtítulos en castellano (y en las lenguas autonómicas, of course) y en inglés, a elegir.
  2. Olvidar la fallida tarea de Sisifo de que los maestros españoles aprendan inglés y contratar anglohablantes, entre los cuales se puede incluir a gibraltareños, malteses, indios, etc. Los maestros especialistas en lengua inglesa podrían pasar fácilmente a ser maestros ordinarios, en beneficio de todos.
  3. Presionar más con la exigencia del inglés en la Universidad. Incluso si la escuela no lo enseña adecuadamente, creo que hay que considerarlo como la mecanografía o la informática: si quieres estuiar en la Universidad y entrar por la puerta grande en el mercado de trabajo, no esperes a que te lo den todo y búscate la vida.
No me hago muchas ilusiones. Todos los años, a principio de curso, les hago a mis alumnos una pregunta: "¿Quiénes son capaces de manejar textos en inglés?" Típicamente se levantan media docena de manos. A continuación les pregunto: "Los demás, ¿sois de francés, de alemán o de qué?" Estupor generalizado. Después lo aclaro: "Todos habéis estudiado un idioma en primaria y secundaria y éste es el momento de usarlo y perfeccionarlo, de manea que tenéis que elegir: inglés, francés, etc." Entonces, la inmensa mayoría reconoce que ha estudiado inglés y resulta patente tanto que no se sienten capacitados para utilizarlo como que no está entre sus urgencias perfeccionarlo.
En la Facultad de Educación de la U. Complutense, la Junta decidió recientemente crear dos grupos de magisterio bilingües, con la intención de que esos maestros puedan serlo luego en colegios bilingües. Hubo que oir de todo: que si nos estábamos plegando a la lengua del imperio, que si era una moda pasajera, que si terminaríamos no hablando castellano, que si cualquier profesor tenía derecho a elegir por categoría, dedicación y antigüedad dar clase en uno de esos grupos bilingües (ya que se prevén menos numerosos y conllevarán incentivos para sus profesores) aunque no supiera inglés... Se aprobó por un solo voto de diferencia.
Si pensásemos, sea en la Facultad o en las escuelas, en las necesidades de los alumnos en vez de en las conveniencias de los profesores...