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Sociólogo, catedrático en la Universidad Complutense. Buena parte de mi investigación ha estado dedicada a la educación, en particular a las desigualdades escolares, la organización de los centros, la participación social, la profesión docente y la política educativa.
También he trabajado y trabajo sobre desigualdades sociales, sociología de las organizaciones, sociología económica. Ahora me interesan especialmente las redes, la internet y, en general, lo que llamo, para que rime, sociedad o era global, informacional y transformacional (SEGIT).

20 mar. 2011

Ni contigo ni sin ti: ni capillas en las instituciones públicas, ni ofensas a los creyentes

Con ocasión del ofensivo show en la capilla de Somosaguas están circulando dos documentos contrapuestos que, sin embargo, son perfectamente compatibles o deberían serlo. De un lado, la Declaración de Somosaguas, que condena lo sucedido y reclama a las autoridades, empezando por las universitarias, medidas disciplinarias y judiciales contra los autores. Del otro, el Manifiesto por la Universidad Laica, que critica la presencia de capillas y otros símbolos religiosos en la Universidad, denuncia el convenio de la UCM con el Arzbispado y advierte contra una campaña ultraconservadora.
Yo he firmado los dos, porque suscribo los principales argumentos de ambos.
Del primero, la defensa de la libertad de culto y del derecho de los creyentes a no ver sus creencias ofendidas o ultrajadas por quienes no lo son. Considero que no cabe esperar el respeto de tales derechos si, llegado el momento, no se toman medidas contra quienes los vulneran, y creo que la propia UCM debería adelantarse a cualquier actuación judicial con las medidas administraivas a su alcance, que podrían incluir la expulsión de la Universidad, definitiva o temporal, de los autores. Además, comparto algo más que me parece implícito, y es cierto hartazgo de esa extendida actitud de que cualquier medio es bueno si consideras que tu causa es justa.
Del segundo, la convicción de que la presencia de capillas en los edificios universitarios, particularmente en los centros docentes, es inadecuada. Porque se trata de una confesión privada en el espacio de una institución pública, porque no hay necesidad real por parte de los creyentes, porque rinde culto a meras creencias en la institución del conocimiento, etc. También comparto el rechazo hacia el circo mediático que ya ha puesto en marcha la insufrible jauría de tertulianos y opinadores apocalípticos, especialmente dispuestos a difamar a la UCM mientras no tenga un gobierno de su gusto .
Hay cosas que no me gustan en ambos, pero son cosas menores. Del primero, la posible confusión entre la libertad general de culto y el ejercicio del mismo dentro de una institución universitaria. Del segundo, el tibio distanciamiento respecto de lo ocurrido en la capilla como una mera cuestión de "formas" y "preferencias".
Pero lo que importa es que se puede y se debe defender, a la vez, la eliminación de espacios y símbolos confesionales en las instituciones públicas y el respeto estricto a las creencias ajenas, incluidos los espacios que las encarnan mientras así sea. Por eso creo que hay que ver esos dos documentos como plataformas entre las cuales y desde las cuales es posible el entendimiento, útiles para encontrar una posición común, no como armas de confrontación que simplemente evitan las aristas que pudieran inquietar a terceros.